Cuando se es pequeña o pequeño, supones que los adultos a tu alrededor estarán más que dispuestos a cuidar de ti, he incluso podrías afirmar que te protegerán con sus vidas.
¡No es así! La verdad es más complicada en realidad.
Una patrulla con un hombre y una mujer dentro estaba estacionada completamente a oscuras, parecían dormir o quizá no, Rubí Moon respiró hondo, se giró a verme y me sonrió. Me ordeno que me quedara justo ahí donde estaba.
Obedecí sin reparos y la observé acercarse a los policías, tocó un par de veces la ventanilla hasta que finalmente bajaron el cristal, la miré hablar con ellos, contarles todo, incluso mostrarles los libros, ellos solo la observaron con curiosidad y luego le indicaron subir.
Rubí hecho un vistazo en mi dirección pero ya antes la había visto hacerme una seña disimulada como indicación de que debía esconderme, no entendí la razón pero obedecí por segunda vez. Cuando ella entro al auto, pude tener mejor vista de ambos adultos, sus ojos rojos miraban en diferentes direcciones, como si alguien los vigilará o algo parecido.
En esos años no lo comprendí, pero ambos policías estaban drogados.
Cuando la patrulla arrancó los seguí lo más rápido que pude, afortunadamente no conducía rápido aquel hombre y para mí sorpresa, pronto me dí cuenta que habían regresado sobre nuestros pasos, para cuando la patrulla se estacionó la directora y su esposo ya esperaban fuera del orfanato junto con algunos hombres que yo conocía.
Pablo el cocinero, Rodrigo el jardinero y Saúl uno de los guardias. Sacaron a Rubí Moon de la parte trasera de la patrulla básicamente a rastras, pues ella se resistía bastante bien.
Los ví golpearla y antes de qué la dejarán inconsciente, Rubí Moon me miró de soslayo, me gritó que me encontraría y que corriera sin mirar atrás. Los adultos buscaron en la dirección que ella miró, así que me encontraron pronto, quise acercarme para ayudar a Rubí pero al ver cómo el señor Octavio, el esposo de la directora sacaba un arma y me apuntaba, no dude en salir corriendo.
No mire ni una sola vez atrás, confiaba en que Rubí cumpliría su promesa. Solo había escuchado disparos en la televisión antes de ese día, las detonaciones suenan como cuetes en temporada de fiesta pero más secó el golpe.
Mientras corría sentí un fuerte dolor en la pierna izquierda, me quemaba horrible pero no por ello aminore el pasó, corrí y corrí, cuando las fuerzas parecían abandonarme aún así seguí corriendo hasta que caí inconsciente a media calle.
Cuando desperté una anciana estaba dormida frente a mi cama de hospital, me pregunté quién era, pero no quise despertarla además pensé que probablemente podría tratarse de un conocido de la Directora, entre en pánico eh intenté huir del hospital pero no pude, en primera porque tenía una herida de bala en la pierna.
Y segundo, el hospital estaba lleno de gente, me preguntaban tantas cosas pero yo jamás hablé con nadie, solo podía pensar en Rubí Moon, pasado unos días me dieron el alta y fuí a vivir con la anciana hasta que finalmente una noche mientras todo estaba en silencio y calma en aquella pequeña casa, logré escapar.
Volví a buscar Rubí Moon, logré escabullirme entre los muros de aquél lugar que alguna vez llame hogar, una de las niñas me dijo que se la habían llevado, no sabían nada de ella. Les conté todo lo que había leído en aquellos libros, todo lo que Rubí Moon y yo habíamos encontrado.
Les pedí que huyeran conmigo y para cuando me di cuenta, me tenían rodeada, ellos estaban afuera, las niñas adentro intentando detenerme, me gritaban que yo tenía la culpa de lo que le había pasado a Rubí Moon, no se que fue lo que les dijeron, pero de algo estaba segura y es que debía salir de ese lugar.
En mi corazón la esperanza que se había mantenido latente de volver a Rubí Moon, murió esa noche. Huí una vez más, entre los tejados y las bardas para salir de ahí como fuera posible, me dispararon un par de veces, pero Dios o algo me protegió de no morir.
Pronto me ví vagando por las calles y créanme cuando les digo que no es fácil para una niña sobrevivir en un mundo sin reglas, dónde la ley la haces tú mismo, dónde tú eres juez y eres arma, dónde vives o mueres, matas o te matan, un mundo podrido donde la misma sociedad te marca como basura.
Dónde el hambre y el frío son el pan de cada día, al principio dormía donde me agarrara la noche, tenía sed y hambre casi todo el tiempo, una noche mientras dormía en una banca un hombre sucio se acercó a mí, me desperté al sentir que alguien me tocaba, supe lo que pasaría pero aún así intenté dar pelea.
¿Alguna vez han tenido nueve años y han intentado pelear contra un hombre adulto con el propósito de defender tu cuerpo?
¿No?....
Yo tuve que hacerlo esa noche, aún recuerdo con claridad como golpeó mi rostro, como me giró poniéndome boca abajo mientras yo gritaba y luchaba por quitarlo de encima mío, recuerdo cuando me bajo los pantalones y las pantaletas mientras yo lloraba y suplicaba, recuerdo sentir su miembro duró y caliente en mi entrada.
Y cuando me decía a mí misma, "aguanta" "tienes que resistir" "mañana será un mejor día"
Escuché un golpe secó y dejé de sentir el asqueroso aliento a alcohol sobre mi nuca, al verme libre de la fuerza que aplicaba sobre mí aquel hombre me gire aún lado intentando cubrirme torpemente y caí de nalgas sobre el pavimento al tropezar con mi propia ropa.
Ante mi había una figura alta, sucia, como el hombre de antes pero con un leño entre las manos, su nombre era Luis.
Desde esa noche estuve con Luis, él me protegió como lo hacía antes Rubí Moon, me llevo con él y me dió un techo de cartón, pero al final de cuentas un lugar donde dormír, me enseñó a defenderme, básicamente me enseñó a sobrevivir en aquel mundo de porquería.
Aquella noche prometí volverme más fuerte y debo admitir que peleando con los puños, era muy buena. Siendo muy sincera con ustedes, asesine por primera vez cuando tenía trece años.
Eran cuando mucho dos o tres años mayor que yo, intentaba encontrar comida para Luis y para mí, después de que me diera algunos tips, la verdad no era tan difícil.
Buscar en la basura no fallaba, pero lo mejor era pedir "apoyo forzoso" en los mercados, robaba algo de comida o en ocasiones si se presentaba la oportunidad, alguna cartera de mujer o una billetera.
Claro que siempre me aseguraba de que fuera gente que no estuviera tan fregada como yo, digamos que era mi propio Robin Hood y por supuesto, yo también era el pueblo.
Ellos eran dos, me vieron tomar una cartera y algo de comida, pero ellos no querían eso. Buscaban diversión y estaban más que dispuestos a hacerme todo el daño posible.
Ambos me miraron, de la misma forma que una serpiente ve una deliciosa presa, sonrieron y se acercaron, jamás esperaron que supiera combate cuerpo a cuerpo.
Y es qué ¿Quién creería que una niña de la calle sabe semejantes técnicas de defensa personal?
Supongo que esa mañana al despertar, ninguno de los tres estábamos seguros de que podríamos ir a dormir después de ocultarse el sol.
Mucho menos imaginamos que yo lo haría con las manos llenas de sangre, por decirlo de alguna forma. Pues todo lo que use para asesinarlos fue mi cuerpo.
Luis solía decirme "Tu arma más poderosa, es tu propio cuerpo" nunca antes había entendido a qué se refería, hasta aquel día.
Claro que me sentí muy mal, pero eso no cambió la cosas, ellos estaban muertos y yo seguía viviendo un día más.
La policía no investigó la muerte de dos chicos de la calle, ¿Por qué lo harían?, después de todo a la sociedad no le importan, ni les hacen falta.
Le conté todo a Luis, me dijo que estaba bien y no le dio más importancia al tema, ese fue el día que le conté toda la verdad sobre mí, pues entre que él no hacía muchas preguntas y yo tenía miedo de volver al orfanato.
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