Cuando desperté estaba en la misma habitación que él, una habitación blanca, acolchonada con rejillas de ventilación en el techo.
Me senté sobre la cama y me encontré con que él estaba parado a mitad de la habitación observando en total silenció. Lo que me hizo reír fue la camisa de fuerza que tenía puesta, ahora comprendía por qué antes no había traspasado el metal con sus garras.
Reí con ganas y lo vi poner los ojos en blanco cosa que llamo la atención y me dejó con la boca abierta, me baje de la cama y entonces sentí el frío del metal en la piel.
Note un patrón específico en el piso, entendí de dónde provenía las descargas eléctricas y bufé con fastidio. Me acerqué a él para ayudarlo a liberarse y choque de lleno contra el cristal que nos dividía.
Lleve mi mano a la cara pues semejante golpe me había dado en la nariz, lo mire hacer mueca de fastidio y levanté mi ceja quedando fascinada con la belleza de sus expresiones.
Sabía que sonreía como tonta, pero honestamente no me importó.
Escuché el cerrojo de una puerta abrirse y me gire para ver de quién se trataba, el pelirrojo de antes entro con una bandeja de comida entre las manos, me sonrió al verme cosa que hizo que él le gruñera.
-Ok, tranquilo- dijo, dirigiéndose a él mientras alzaba la bandeja.
Detrás del pelirrojo vi a los otros con las armas desenfundadas, puse los ojos en blanco y note que el hombre hizo una señal, pero Olivia hizo caso omiso.
La comida olía bien lo que me hizo recordar que ya había pasado tiempo desde que había probado bocado, el estómago me gruñó y estuve a punto de saltar sobre el hombre para arrebatarle la bandeja.
Pero me detuve pues sus amigos me apuntaban don determinación.
-Por favor ignóralos- dijo con una sonrisa amplia mostrando todos sus dientes, mientras dejaba la bandeja sobre la mesa.
-Me llamo Miguel- dijo metiendo las manos en los bolsillos de sus vaqueros desgastados
-¿Qué tal dormiste? ¿Tienes hambre?- preguntó acercándose a mí con una sonrisa en el rostro.
Él gruñe del otro lado del cristal mientras se acercaba a Miguel de forma amenazadora. Lo que hizo que el pelirrojo se detuviera en seco, levanto las manos y se las mostró.
-Mis intenciones son buenas, lo prometo- dijo en su defensa, cosa que calmó al ojigris.
-Si tus intenciones son buenas, Liberanos- dije.
-Ni lo pienses- alegó Rodrigo desde fuera.
Miguel suspiró y se rascó la cabeza -Lo siento, pero ustedes son... Algo peligrosos la verdad- dijo mirándome.
-Si los dejamos libres, podrían venir y asesinarnos, por favor entiende nos, hay muchas personas inocentes a las que debemos proteger.
-¡Muchas personas!- dije asombrada repitiendo sus palabras.
-¿Pasa algo?- preguntó extrañado.
-¿Cuántos de ustedes hay?- le interrogue.
-Cuidado, Miguel- Olivia parecía tensa y el resto estaba de la misma manera.
-Bueno...- sonrió nervioso- Suficientes- alegó y sonrió.
Lo miré con recelo y dije -Pretendes que confíe en ti, pero tú no confías en mí.
-No deseo lastimar a nadie...
-Pues esa cosa no opina lo mismo- gruñe Iván desde afuera.
-Bueno, piensa que están a mano - alegue.
- ¿A mano dices?- gritó caminando hacia nosotros con la cara roja por el cólera.
-Ustedes nos dispararon sin razón alguna y además casi me matan, el solo me estaba protegiendo, desde mi punto de vista tu hermano y su amigo son tan asesinos como nosotros- grité.
Iván se detuvo en seco y su expresión se congeló en el acto. Miguel lo hizo salir y este se marchó sin mirar atrás. Realmente no me importaba lo que estaba sintiendo.
No podía sentir su dolor, ni su frustración, su enojó, su tristeza, no los sentía, no porque no pudiera, sino porque no quería. Ellos eran ajenos a mi dolor, yo también podía imitarlos.
Es ahora que me daba cuenta lo tonta que había sido todo este tiempo, buscando a otro ser humano con vida, tan solo uno, sin darme cuenta de que de humana solo me quedaba la fachada, pues yo era más como él y no como ellos.
-Lo lamento, Iván lo está pasando bastante mal justo ahora, por favor te pido qué...
-¿Entienda?- dije terminando su oración, Miguel asintió y yo me reí.
-¿Y quién me entiende a mí?- inquiero con tono amargó.
-Déjanos libres, te aseguro que si antes buscaba una sola señal de que aún quedaban personas con vida, para no estar sola. No lo haré más, nos iremos lejos.
Mi corazón se sentía triste, después de buscar por tanto tiempo, había encontrado finalmente lo que buscaba y ahora me daba cuenta de que corría más peligro con los humanos, que con esas cosas allá afuera.
-No puedo- dijo Miguel, se dio la media vuelta y se marchó.
Nos quedamos solos nuevamente, mire la comida que olía bastante bien así que probé todo, era realmente bueno, pan de trigo, huevos revueltos, tocino y sopa de verduras.
Me preguntaba de dónde habría salido todo eso, porque en estos tiempos ya no se podían encontrar muchas de las cosas con las que me habían alimentado.
Me quedé viendo la pared un buen rato después de que termine la comida, sentía los ojos muy pesados y sin querer me quedé dormida por no se cuánto tiempo.
>>>Recuerdo<<<
Su sonrisa es hipnotizante, me hace sentir mariposas revoloteando en el estómago, es alto, moreno de ojos grises, lleva el cabello ligeramente largo, hasta los hombros, son castaño claro, su nariz es afilada, sus labios gruesos.
Se ejercita a diario, la verdad no es que allá mucho que hacer en este encierro, confinados como nos encontramos, no hay realmente a dónde ir.
Siempre estamos así, viéndonos desde la distancia, él a mí y yo a él. Nos separa un muro de cristal, los hombres van de un lado y las mujeres del otro. A la hora de la comida es la única hora en que podemos vernos, pues el comedor es el único lugar donde está el cristal.
En el resto del lugar nos separan montones de concreto. Pero aquí "somos libres" por decirlo de alguna manera.
Tal vez nunca podamos estar juntos, lo que si se es su nombré, Kebec. Es realmente hermoso y me encanta.
^^^>>>Fin del recuerdo<<<^^^
-Kebec- murmuré entre abriendo los ojos, me sentía mareada, con la boca seca y la garganta rasposa.
Estaba algo desorientada, me encontraba en la cama y no recordaba haberme acostado, me incorporé un poco, pero al parecer me habían drogado y ni cuenta me había dado en que momento.
Busque por la habitación, pero en ella solo estábamos mi alma y yo, mareada y confundida me levanté torpemente de la cama, sentía las piernas pesadas, pero aun así llegué hasta lo que yo creía que era la puerta.
La golpeé con el puño cerrado -¡Hey!- grité con una voz ronca y dolida.
Golpeé de nuevo, pero la colchoneta no ayudaba mucho que digamos - Saquen me dé aquí - las piernas me fallaron y caí al suelo mientras tragaba con dificultad.
**Kebec** pensé.
Y entonces recordé porque sentía esa sensación de familiaridad con él, siempre tuve inquietudes que no lograba comprender del todo.
Ahora sabía por qué, él y yo ya nos conocíamos de antes, antes de que tuviera garras, cuando sus manos tenían dedos, cuando sonreía y hablaba, él tenía una voz gruesa, seductora.
Ya antes habíamos estado en esta situación, habíamos sido prisioneros, aunque no tenía todos los recuerdos de ese entonces.
Creó que una parte de mí había sepultado esos momentos de mi vida, la pregunta era ¿Por qué?
Volví a golpear la colchoneta -Abran está puerta- dije a modo de orden, pero mi cuerpo no respondía del todo.
La habitación daba vueltas, la cabeza me dolía y tenía mucha sed, sentía un peso horrible sobre el cuerpo y cerré los ojos por pura inercia.
-Kebec- susurré, no sabía dónde estaba, solo podía esperar a que estuviera bien.
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