Detengo la bici frente a una casa, cierro mis ojos y comienzo un pequeño sondeó, solo se escucha el trinar de las aves, en la casa no hay nadie pues los inquilinos se fueron.
¿Hace cuánto? No sabría decirlo con exactitud, el silencio es devastador, a diferencia de tiempo atrás donde diversas cacofonías inundaban cada pocos centímetros dentro y fuera de las calles.
La casa más cercana está varios kilómetros más allá y al igual que está, se encuentra sumergida en un mortuorio silencio que a cualquiera le provocaría escalofríos.
Desciendo tranquila y comienzo andar hacia el interior, no porque tenga miedo de esas cosas, sino en busca de refugió por el frío y la lluvia que se avecina, subo los dos amplios escalones cargando mi vehículo sin problema, abro la puerta y todo ahí dentro es silencio.
Doy un vistazo por toda la planta baja, la naturaleza ha hecho su parte, pues lo que antes debió ser una residencia espectacular, ahora se encuentra la mayor parte en ruinas, las escaleras están deshechas en gran parte, pero eso no me detiene así que hecho un vistazo a la planta alta.
Las habitaciones presentan moho en las paredes y techos, el piso está fracturado y tal pareciera que si pisas aquí y allá, las grietas se harán tan grandes que todo ahí colapsará.
Aun así voy en busca de suministros, con mucho cuidado, encuentro algo de ropa ya vieja y en no tan mal estado, unos jeans rotos aquí y allá, una camisa de franela que definitivamente no es mi talla, pero funciona para lo que necesitó.
Encontré unas botas azules de mezclilla con un estampado de flores en la orilla, la suela está intacta cosa asombrosa, me alegra que me queden, ya que las que traigo están muy gastadas y algo rotas.
Sigo avanzando entre las habitaciones, encontrando cosas realmente útiles como una bolsa de dormir que necesita algunas puntadas y estará lista para las noches fuera.
Algunas cosas aún empaquetadas para aseo personal lo cual agradezco inmensamente, es evidente que quienes vivían aquí acumulaban mucho, pero para mí está bien, ya que ahora me son de utilidad.
Llegó a la última habitación y abro la puerta con toda tranquilidad y me congelo al ver las paredes, el suelo y el techo con manchas negras y feas que alguna vez fueron sangré, pero con el tiempo se secó y el polvo ayudo a cambiar su aspecto original.
Miro en las direcciones que va la sangre, me preguntó que abra pasado y me decido a entrar, busco en los cajones y armario, pero no hay mucho que sirva, salgo volviendo a cerrar y bajo con cuidado.
Hago el mismo procedimiento en la planta baja y doy un grito de alivio mezclado con una absoluta felicidad al encontrar en un armario una mochila de campista en muy buen estado.
La reviso, encontrando una Victorinox en perfectas condiciones y sin óxido, yo tenía una igual cuando era chica, Luis me la obsequio cuando cumplí quince años.
Pensar en él me hizo recordar, el día en que le conté todo sobre mí, quien era, de dónde provenía y todas esas cosas.
Cómo ya dije antes...
Luis no hablaba mucho pero con los años entendí el porque de su silenció. Había sido profesor de defensa personal varios años atrás, hasta la noche en que su familia murió en un incendio.
Su esposa le había encargado algunos víveres y él que jamás le negaba nada, paso después del trabajo al súper que estaba cerca de casa, al salir con las compras escuchó a una chica pidiendo auxilio, al acercarse noto a dos tipos que querían asaltarla así que no dudo en ir en su ayuda.
Pero resultó que todo era una trampa y la mujer y los hombres eran cómplices en varios asaltos ya realizados en esa zona, lo que no esperaban es que Luis supiera defenderse bien y al final huyeron sin nada.
O al menos eso creyó Luis. Al acercarse a su hogar noto que había mucha gente fuera de su edificio así que se acercó corriendo para ver qué pasaba, un gran incendio lamía cada rincón y cada muro de aquél lugar, busco entre los vecinos que habían logrado salir y preguntó por su esposa y sus tres hijos.
Lamentablemente ellos no pudieron salir, pues el incendio había comenzado en el departamento de al lado, el vecino había estado haciendo reparaciones en las paredes y accidentalmente había derrumbado la mitad de una, la había cubierto con unas cortinas y había dicho que repararía la pared pronto.
Los niños se habían quedado dormidos temprano y ella había estado esperando a Luis hasta tarde como todos los días hasta quedarse dormida, el humo entro en sus pulmones y murieron de asfixia sin darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor.
Luis se culpo por no haber llegado más temprano, la culpa lo devoró poco a poco hasta el grado de llegar a la locura, a veces estaba bien y otras parecía una persona diferente, una noche me confesó en medio de su demencia, que tras la muerte de su familia había caído en depresión, una noche mientras vagaba por las frías calles de la ciudad.
Divisó a la mujer que antes había querido ayudar, la siguió hasta donde vivía y se encontró con que los dos hombres eran sus hermanos, sintió rabia y poseído por el odió que de pronto nació en él, planeó por días mientras los vigilaba.
Para un hombre como él que lo había perdido todo, que no le quedaba más nada en el mundo, no fue difícil memorizar sus rutinas, horarios, gustos y todo lo referente a ellos.
Creó y quiero pensar qué esos fueron los últimos y los momentos más lucidos de Luis, después de asesinarlos y de prender fuego al lugar, huyó sin volver la vista atrás, no hay remordimiento en sus palabras, el pensaba que con eso hizo justicia a su familia.
A su manera, él hizo justicia...
Respiro profundo y termino de revisar la mochila, me pongo de pie y voy a la cocina, esta es la parte más difícil de todas; la comida en estos tiempos resulta muy difícil de conseguir.
Los enlatados están caducos, la vida de los conservadores pudrió el contenido de las latas, todo lo empaquetado como panes dulces tienen manchas rosadas, verdes y azules en diferentes tonalidades.
Las frituras tienen un olor a rancio, a causa del aceite y el limón que se utilizaba para conservar por un cierto periodo en buen estado las chucherías.
Claro que existen excepciones, los caramelos siguen conservando su sabor y olor, las galletas que no tengan colorantes o alguna decoración aún sirven, como la galleta salada principalmente.
El café sirve lo cual agradezco inmensamente porque adoró su olor y sabor, el azúcar, por otro lado, aunque funciona sin problema en algunas ocasiones la dureza que posee es molesta.
El aceite funciona solo si es de oliva, los otros tienen un hedor espantoso, cada cosa tiene una función y a su manera algunas pueden servir mientras que otros no.
La carne no me da problema conseguirla, simplemente cazó algún animal, uso agua con sal y la pongo a secar al sol para transportarla, antes de llegar a ese punto de avance desperdiciaba demasiado.
Reviso de arriba a abajo la cocina, encuentro algo de chocolate empaquetado, sal, café, azúcar, especies secas, arándanos secos, cerezas en su jugo perfectamente selladas, algunos cuantos caramelos, pasta de trigo, una bolsa de arroz inflado, bombones.
Me alegré al encontrar una caja grande de galleta salada y dos paquetes de galleta dulce tipo María.
Empaque todo dentro de la mochila nueva y encendí la chimenea para poder hacer algo de comer, en esta ocasión no hubo necesidad de buscar fuera algo de ramas secas, ya que hay madera seca aun lado, puse agua limpia en una olla y algo de aceite en una sartén.
En estos tiempos algunas casas conservan agua limpia gracias a las cisternas, si están bien selladas no hay problema si la ingieres.
Comencé a dorar una de las pastas, luego vierto todo en el agua caliente, puse algo de especies y un cubo de sazonador que encontré hace tiempo. Los vegetales no es algo que se vea, pero en raras ocasiones algunas setas se cruzan en mi camino y son una delicia.
Me siento cerca del fuego, pongo hilo a una aguja y comienzo a remendar la bolsa de dormir, luego de terminar retiro la sopa del fuego, con las pocas brazas pongo a calentar un poco de carne seca, usando la parrilla de protección de la chimenea.
Voy al baño y me aseguro que el agua suba a la regadera así que me doy un baño rápido para después ir a comer. Uso la ropa más abrigadora que cargó, coloco más leña y atizó un poco hasta hacer crecer el fuego.
Cómo la sopa caliente y la carne, logrando entrar en calor, afuera todo es silencio y está oscuro, afortunadamente logré encontrar algunas cobijas viejas que use como cortinas para que los de allá afuera no vean el resplandor del fuego.
Me enfundó en la bolsa de dormir y me quedo dormida pronto.
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