>>Su gruñido hizo vibrar cada músculo de mi cuerpo, los bellos se me erizaron y mi corazón comenzó un galope descontrolado.
No era miedo, realmente no lo era, había un sentimiento oculto debajo de mi piel.
El dolor de la pierna me pareció de pronto muy lejano, podía ver el hueso de su brazo incrustado en mi carne, su otro brazo lo lanzó hacia mi pecho y lo sentí hundirse entre la carne y el hueso de mi hombro.
Él volvió a gruñir, pero está vez con más furia, volví mi vista hacia él, se quitó con rapidez de encima algunos ciegos, se lanzó contra mi atacante quien me lanzó aún costado como si yo no fuera nada.
Caí con todo mi peso, yo no grité ni siquiera un suspiró salió de mí, pero él pareció sentir el dolor del golpe. Se giró para verme mientras decapitaba a mi atacante, esa fue la primera vez que vi sorpresa en sus ojos.
Luego mire como le atravesaban el pecho entre los otros dos, grité con un grito que salió de lo más profundo de mi ser.
Aunque más bien fue un rugido potente...
Todo lo demás paso muy rápido, más de lo que hubiera querido.
El mundo se volvió de un rojo intenso, ellos eran masas rojas y palpitantes. Podía sentir un dolor en las manos, eran como salchichas explotando en el microondas y abriéndose.
Me incorporé de un salto como si mis heridas no existieran, como si el dolor fuera parte de una ilusión lejana, di un paso hacia ellos y de alguna forma ya los tenía frente a mí.
Los dos ojos rojos me miraron con algo que determiné como incredulidad, después vi las garras de él cortar los brazos de ellos como si fueran aire.
Solo que había algo diferente, pues en cada una de sus garras había sangré. El hombre y la mujer gritaron, acto seguido el clavo sus garras directo en el cráneo de cada uno, dejándolos al fin sin vida.
Sentí al resto de los bichos cerca y me giré para hacerles frente, pero por alguna razón comenzaron a alejarse del lugar, como si algo los asustará.
Respiré hondo y me volví hacia él pues no podía darme el lujo de bajar la guardia, el abdomen y el pecho me dolían, como si la que tuviera la herida fuera yo y no él.
Observe una vez más como la herida comenzaba a sanar dejando su cuerpo antes herido, intacto. Él me miró fijamente y casi puedo jurar que lo vi sonreír aunque en realidad sus labios jamás se estiraron.
Sin embargo, su mano se movió hacia mí como si quisiera tocarme pues está vez no era un ataque. Intercepte sus garras con mi mano, aunque.
Aquella no era mi mano, una garras iguales a las de él reemplazaban ahora mis dedos, cosa que me lleno de horror haciendo que yo retrocediera.
Miraba mis manos, pero no eran mías, enormes y engrosados huesos habían sustituido mis largos y delgados dedos pálidos, las garras estaban llenas de sangre y la piel colgaba de un modo repulsivo de ellas.
Él rugió y sentí una necesidad enorme de unirme a él, salí corriendo de aquel lugar a toda prisa, avanzando entre las calles en un intento de alejarme de él.
Al principio creí que me seguiría, pero no fue así, cosa que agradecí enormemente.
Cuando por fin me detuve logré ver mi silueta reflejada en el vidrio de un aparador que por fortuna aún seguía en pie.
En primera instancia creí que era él del otro lado de la calle, así que me giré para confrontarlo, pero ahí no había nadie, me quedé mirando con atención hasta que me di cuenta que era yo.
Mis ojos eran de un rojo intenso, en mis manos había garras como las de él, mis heridas ya habían sanado y mis dientes eran tan afilados como los de un tiburón. Mi piel era blanca, más de lo normal, y finas líneas negras trazaban todo mi cuerpo.
Dándole a mi rostro un aspecto aterrador.
Realmente no podía creer lo que veía, perlas negras comenzaron a salir de mis ojos y escurrir por mis mejillas. Podría haber seguido corriendo, pero nunca escaparía de mí.
Además allá afuera en el mundo, no parecía haber una sola persona con vida que fuera capaz de decirme que rayos pasaba conmigo.
¿Que era yo? Lo ignoraba por completo, lo que si tenía más que claro justo ahora, era el hecho de que él y yo, de alguna manera estábamos unidos, pues tanto uno como el otro, era capaz de sentir el dolor del otro.
Me arrodille en ese lugar, lloré como jamás en mi vida lo había hecho. Mientras lloraba y pasaba el tiempo, comencé a calmarme poco a poco. Deje de sentir esa incómoda sensación de angustia, dolor, rabia y frustración.
Las manos comenzaron a dolerme de tal manera que quería gritar hasta quedarme afónica, parecía que me estaban rompiendo los huesos y es que, literalmente estos estaban volviendo a la normalidad.
Las garras se redujeron poco a poco de tamaño, comenzaron ha adelgazar y empezaron a dividirse en pequeños fragmentos hasta quedar únicamente mis falanges.
La carne y los tendones, nervios, venas, todo, comenzaron a recubrir los huesos expuestos hasta que finalmente la piel recubrió todo y tenía devuelta mis dos manos, cada una con sus cinco dedos.
El dolor mezclado con el horror me invadieron por completo. No sabía cómo había pasado todo aquello pero de verdad esperaba que no volviera a ocurrir. Cuando mire mi figura una ves más, las líneas negras habían desaparecido, mis ojos habían vuelto hacer café claro, mis dientes se veían normales.
Me quedé recostada ahí, en media acera hasta quedarme dormida a causa del agotamiento.<<
Esa fue la primera vez que me transforme, el día que entendí que de alguna manera él y yo somos iguales, justo por esa razón tengo una idea rondando en mi cabeza que realmente no sé cómo comprobar.
Y por esa razón también me mantengo lejos de él, pues ambos sufrimos cuando somos heridos y creó que si uno muriera, el otro también lo haría.
Aunque esa, es otra teoría...
Coloco la bicicleta cerca de un árbol, puedo sentir a los otros frente a mí corriendo en mi dirección, él está no muy lejos de aqui, de muy mal humor por mi pronta partida.
Cierro los ojos, respiró profundo por la nariz, suelto todo el aire por la boca y siento el incómodo dolor que me provoca el sentir mi piel y mi carne retrayendo se para que las garras se formen.
Mis ojos cambian de color lo sé porque al abrirlos de nuevo, todo es rojo, mis colmillos han brotado en pequeños y perfectos triángulos desiguales, las venas resaltan sobre mi piel la sangre negra que corre por ellas.
Mi oído se volvió más sensible ya que puedo escuchar hasta el más leve sonido producido por el agua corriendo a varios metros de dónde estoy. Mi piel se volvió fría y dura, en mi estado actual un paso mío, son cientos de ellos, pues mi velocidad también aumenta.
Mi poder de sanación está en su máximo ya que me regeneró con rapidez, incluso si cortaran un pedazo de mi, enseguida comenzaría a brotar otro pedazo reemplazando el mutilado.
Puedo sentirlos en mi mente, aunque no es como si pudiera escucharlos o leerlos, no, nada de eso.
Me agazapó en mi lugar, sin moverme en espera de mis presas, siento una urgencia por matar que me provoca escalofríos y me excita al mismo tiempo.
Pronto veo aparecer a diez ciegos y tres ojos rojos que me miran y gritan en señal de guerra, sonrió mostrando mis dientes afilados y me lanzó a su encuentro, sintiendo una absoluta felicidad por el asesinato que voy a cometer.
Lo sé, suena cruel, despiadado, inhumano, todo lo que yo representó, sin embargo, estoy bien con eso, pues se que ellos sienten lo mismo que yo, está en nuestra naturaleza, para eso fuimos diseñados.
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