Desperté de golpe con evidente enfado aún latiendo en la sangre, aún podía sentir parte del dolor que me habían provocado mientras estaba transformada y sentía una furia incalculable.
Fuera quien fuera, aquella persona que me había atravesado la columna, quería arrancarle la cabeza por semejante atrevimiento.
>>¡Ellos se seguían sintiendo superiores a mí!, seguía siendo la niña mugrosa que vivía en las calles y que tenía que robar para comer, tenía que asesinar o morir.
Antes siempre me sentí inferior a los que me rodeaban, porque ellos me miraban con evidente repulsión cuando nuestros caminos por casualidad se cruzaban.
Pero cuando me di cuenta de mi potencial me dije, que había dejado atrás a aquella niña indefensa, ahora podía hacer un cambio en el mundo quizá para bien, pues esperaba que no fuera para mal.
Trataba de pensar positivo respecto a lo que yo era, pero al parecer seguía siendo motivo de miradas crueles, palabras ofensivas y actos de violencia hacia mi persona.
¿Alguna vez esas personas con las que me cruzaba en ocasiones, se detenían a pensar como me sentía?
En mi vida hubo muchas carencias, de todo tipo. Todo lo bueno que llegue a tener en algún momento, lo perdí gracias a personas malvadas, carente de sentimientos, gracias al tiempo pues la muerte jamás avisa.
Simplemente, llega cuando tiene que hacerlo y ya. Rubí Moon y Luis, fueron lo único y verdaderamente bueno que llegue a tener en la vida. Pero eso fue hace tanto tiempo, que a veces resulta difícil recordarlos con precisión.
Sus rostros están borrosos en mi mente, pero no se han ido del todo, siguen grabados en una parte de mis memorias y de mi corazón.
Nunca he tenido mucho, pero a pesar de que allá afuera todo es caos, por lo menos soy libre de ir o venir, de reír si yo quiero aunque en realidad no hay mucho de que hacerlo.
Aquí, no solo estoy encerrada y constantemente drogada, sino que también me tienen separada de la única persona que ahora me doy cuenta me puede dar respuestas y por si eso fuera poco, al parecer me quieren matar a toda costa.<<
Me quedo en un rincón de la habitación abrazando mis piernas con el rostro oculto entre ellas, traigo una bata médica que deja al descubierto mi espalda y mis nalgas.
Ya ni siquiera trato de contener mi enojo, golpee las blancas paredes y destroce todo el lugar con mis garras hasta que no quedo nada en pie.
Puedo sentir mis lágrimas brotar, rodando por mis mejillas, algunas resbalan por mi cuello y otras pierden el curso en el camino al igual que yo, y se escurren por mis piernas.
Mi cuerpo tiembla por la conmoción, de tantas emociones mezcladas, enojó, tristeza, alegría, todas ellas acompañadas siempre de dolor.
Dejo que las lágrimas broten sin importarme ya nada, de pronto me siento tan cansada, tan humillada, tan hueca, desvalorizada como persona, como mujer.
-No soy nada- susurro para mí, mientras lloró.
Escuchó el sonido de la puerta al abrirse, pero realmente no me importa quien sea. Solo espero que esa persona se mantenga lejos de mí por su propio bien.
Pues estoy más que decidida a asesinar a quien se me acerqué, en el pasado las personas que se acercaron a mí, siempre fue con el propósito de lastimarme.
Me cansé de ser la víctima, ahora estaba más que decidida a ser la victimaría, así de simple.
Escucho el clap, clap, clap, de los tacones acercarse, siento la vibración de los que acompañan a esa persona, gracias a mis pies desnudos posados en el piso de metal.
No levanto la cabeza para ver quienes son, pues la de tacones es Olivia, el de su derecha es Miguel, el otro es Rodrigo, la de más atrás es Maya y al último no lo conozco.
Pero su aroma me resulta algo familiar.
Lo bueno o malo de tener sentidos tan desarrollados, es que te permiten saber muchas cosas, por ejemplo puedo oler el miedo de Rodrigo, el enojo de Olivia, la curiosidad tan marcada y evidente de Miguel y la felicidad de Maya.
Realmente no sé cuál es la razón de tanta felicidad en ella, pero mientras no me cause problemas estaremos bien.
El otro individuo simplemente no me transmite nada, es un libro cerrado de pasta gruesa. Aun así no logra despertar por completo mi curiosidad, así que lo dejo pasar sin importancia.
-¡Veo que te divertiste bastante!- comenta Olivia cargada de sarcasmo parándose a unos pasos de mí.
No respondo.
-Si te portas bien, quizá te deje salir- dice arrogante.
No digo nada.
-¿Acaso no es lo que querías?, ¿Salir?- pregunta acercándose un poco más.
Guardo silencio, mientras respiro profundo.
-¿Ahora eres muda?- réplica burlona.
Ignoró por completo su pregunta. Mis lágrimas están casi secas y mi piel a absorbido gran parte de ellas.
-¡Vaya!- dice con supuesta admiración -Nuestra chica está molesta- comenta de modo burlón mientras se agacha hasta donde estoy.
Mi mano va directo a su garganta clavando ligeramente la punta de mis garras en su piel, mi pierna izquierda está doblada hacia atrás, de modo que quede sobre mi rodilla, la derecha se doblo hacia adelante hasta tocar su pierna con mi rodilla.
Mi cuerpo está ligeramente sobre el de ella, mientras que ella en un impulso por alejarse de mí, se echo hacia atrás quedando con las palmas de sus manos pegadas al suelo.
-¿Nunca te enseñaron a no atacar a un animal herido?- preguntó molesta.
Puedo notar la respiración agitada de Olivia, toda ella es una masa de color amarillo, pero aun así reconozco su silueta, abro los ojos grandes al darme cuenta de que fue ella quien me atravesó por la espalda antes.
Gruñó al reconocerla, me encantaría hacerle lo mismo, pero muy seguramente ella no sobreviviría a un ataque mío.
Siento el movimiento de los otros en dirección a mí, pero realmente no me importa. Olivia saca de pronto una especie de cuchillo de su bolsillo trasero, intenta encajármelo.
-¿Y a ti nunca te enseñaron a registrar primero a tu presa?- grita furiosa atacando me.
Sé por el olor que no es un cuchillo, con mi otra mano corto el pedazo de hueso que evidentemente se esmeró en afilar, sonrió de forma maquiavélica y le clavo dos de mis garras en la pierna.
Ella grita por el dolor provocado, todos gritan al mismo tiempo su nombre mientras retuerzo mis garras dentro de su carne.
Sé que no dañe nada importante, se que no morirá, así que por ahora me doy por satisfecha con sus gritos.
Retiro mis garras y con el dorso de la otra mano que apuntaba a su cuello, la lanzó de un golpe al otro extremo de la habitación.
-Ahora sabes lo que se siente que te claven por la espalda- digo con voz ronca.
El color de Olivia cambio a un rojo intenso por la furia que siente, pero es algo que honestamente no me importa, si se tratara de la supervivencia del más fuerte, los abría asesinado a todos desde el instante en que llegue a este lugar.
Alguna vez fui la niña que no sabía defenderse, pero eso acabo tiempo atrás. Ahora, soy de las que te regresan el favor y sobre todo, el golpe.
Rodrigo es una masa furiosa de color vino, se lanza contra mí en un intento desesperado por defender a Olivia, pero no logra tocarme, puesto que de una sola patada en el abdomen, lo mando volando hasta chocar contra una pared quedando inconsciente.
Me giro a ver a los otros - Yo que ustedes, ni siquiera lo intentaría- digo mordaz -Se lo merecía - alegó señalando a Olivia que se está quejando en el suelo.
-Largo de aquí- ordenó volviendo a mi lugar en el suelo.
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