El señor Kazmel

—Este es una zona del pueblo donde vienen algunas parejas y tienen citas. Se llama parque del amor. —«Amo la creatividad para los nombres». Orien seguía a su guía, dio una breve mirada al sitio. Una fuente con un niño y una niña y el agua salía por... «¿Quién mierda hizo está fuente?» Alrededor había algunas rosas blancas y amarillas. También habían banquetas para sentarse. —Siempre que cruzo por aquí, me dan unas ganas de vomitar.

—A cualquiera le daría náuseas. —Orien respondió y Natalia sonrió. —¿No hay biblioteca en el pueblo?

—Sí, es una pequeña biblioteca. ¿Quieres pasar? —Orien asintió. Y ella se desvió y tomó otra ruta. —No queda lejos, en diez minutos estamos. —Natalia le dio curiosidad y le preguntó a Orien. —¿Por qué el interés sobre la biblioteca? ¿Quieres un libro de magia? Lamentablemente, en la biblioteca no hay ninguno, se consiguen en la capital del imperio.

—Qué lastima, sin embargo; tengo curiosidad sobre la botánica y algunos acontecimientos históricos.

—Oh, entiendo. Pero para entrar debemos tener una moneda de plata. —Orien se golpeó mentalmente por olvidarse de esa parte.

—No te preocupes, hoy solamente quiero saber su ubicación. —Orien si quería entrar, pero, no tenía dinero. Pasaron en medio de un bosque con árboles de tronco blanco y con rayas rojas en horizontal. —¿Qué son esos árboles?

—Son árboles almas, cuidan a los fallecidos. Solamente se encuentra en este bosque, el bosque silencioso. Nunca verás animales en esta parte, ni las aves hacen nido en estos árboles. Es un lugar sagrado para los del pueblo. —Orien inhaló el fresco olor del lugar.

—Ziri parece tener una gran historia.

—Por eso te dije que es hermoso, sus ríos y lagos son maravillosos y los árboles y flores la hacen más deslumbrante. Además, algunos dicen que en las cuevas puedes encontrar oro o un material de color azul, con lo que puedes fabricar hermosos collares y pendientes.

—¿Y porque no se hacen ricos con ese oro?

—Ellos dicen que hay oro aquí, yo jamás vi nada. Pero puede haber, quién sabe. Esta es una parte del imperio aunque, está alejada por una gran cantidad de agua.

—¿Así que estamos en una isla? —Ella asintió. Orien cuestionó mientras seguía mirando alrededor.

—¿En la costa hay barcos?

—Te refieres a las naves. Aquí hay una muy grande, con eso se hacen los transportes de los comercios.

Orien alzó su vista para observar mejor esa casa de muros de piedra blanca y plana. No era grande, pero era bonito a la vista. Tenía dos columnas al frente y su techo era de forma triangular. Tenía ventanas en frente y por los lados y dos puertas que eran la entrada principal.

—Bienvenido a la biblioteca de Ziri. —Hizo una exageración con las manos, como presentado algo gigantesco. Orien curveó su boca a un lado.

—¡Ey alto ahí, ladrona! —De la biblioteca salió una niña corriendo, vestía un vestido desgastado y unos zapatos con agujeros y su pelo corto parecido al de un niño. Debido a su desesperación por escapar acabó chocando contra Orien y este cayó débil al suelo.

—Lo siento niño pálido, me voy. —Se levantó para volver a ponerse en marcha, pero, Natalia la detuvo. —Quítese de mi camino. —Natalia la miró con seriedad dándole a entender que no se iba a apartar.

—Gracias señorita Natalia. —Agradeció el hombre mayor y observó con molestia a la niña. —Esta es la última vez que te la dejo pasar, dame ese libro.

—No. Viejo, su seguridad es mala, no me culpe por tomar los libros. —Ella contestó poniendo los ojos en blanco. —Viejo, se lo regresaré pronto, sabe que lo tomo prestado.

—Se supone que debes pagar por leerlo.

—Tiene ochenta páginas, debería darte una moneda de cobre, no plata como usted pide. Yo lo terminó en dos días, ni siquiera voy a durar una semana con el libro.

—Kristy, deja de robar los libros del señor Kazmel. —Natalia le quitó el libro y se lo entregó al hombre mayor. Kristy le sacó la lengua a Natalia.

—No entiendo porque se mete en asuntos de los demás. —Miró a Orien quien seguía limpiándose la ropa. —¿No es ese el niño débil del pueblo? —Natalia volteó los ojos con incredulidad.

—Esta isla está llena de inválidos Kristy. Todos somos débiles.

—Pero él más, escuché que duró tres días inconsciente. Pensaron que ya se había muerto. —Orien observó a la chica con algo de rabia, ese tono que usaba era engreído y eso molestó a Orien bastante. Sin embargo, no le dijo nada.

—Ya vete, por eso no le agradas a los demás. —Natalia la tomó del hombro y la encaminó. Kristy hizo una expresión herida, pero, se retiró corriendo. —Esa chica… —El señor Kazmel agradeció nuevamente a Natalia y luego preguntó.

—¿Venían a la biblioteca? Hoy pueden echar un vistazo.

—¿No sé paga antes de entrar? —Orien miró al hombre y él niega sonriendo.

—La entrada es libre, pero, para llevarte un libro debes alquilarlo y si quieres leerlo dentro también. —Orien vio a Natalia, quien desvía la mirada. —No hagan mucho ruido, hay un señor que siempre viene a leer.

Ellos entraron siguiendo al hombre. Dentro Orien podía ver mucho mejor la estructura de la biblioteca. El techo tenía más metros de altura que casas normales. También había dibujos en el techo y cuadros en la pared de los pasillos. Lleno de libros y una mesa tipo escritorio que parecía ser el recibidor. Su curiosidad no se contuvo, y Orien comenzó a darle un vistazo a los libros, claramente sin tocar el material. Leía los títulos que aparecían en el lomo de los libros.

«Guerra de dioses y demonios» Eso captó la atención de Orien por mucho tiempo, quién se quedó plasmado unos minutos observando.

—Tenemos que irnos. —Orien brincó debido a la sorpresa. Natalia se rió bajo. —No puedo creer que te asustaras.

—Natalie ¿Podrías no aparecerte nuevamente de esta forma? Casi me muero nuevamente. —Susurró lo último.

—¿Qué has dicho? —Orien volvió por los pasillos y salió de la biblioteca. Detrás venía Natalia. —También, deja de llamarme Natalie.

—Sí, Natalie. —Orien sonrió y Natalia arrugó las cejas.

—Me rindo. Sigamos, quiero mostrarte a algunos de los que viven en el pueblo.

Orien le siguió y llegaron después de minutos a una parte, dónde había casas más cercanas, más bien pegadas unas al lado de la otra. La casa de Orien era la que estaba más alejada, aunque no era tanto; solamente no vivían tan pegados como los demás.

—Hola Araam. —Orien alzó la vista para ver al chico alto. Su pelo era castaño y vestía ropas parecidas a los que llevaban la mayoría del pueblo, sus ojos eran esmeralda y llevaba un collar un una piedra blanca que le pareció interesante a Orien.

—Natalia, gusto verte. ¿Es el hijo de los Nadali? —Natalia asintió. —Tiempo sin verte por aquí. ¿Te encuentras mejor?

—¿Araam, cierto? Gracias por tu preocupación. Mi salud está mejor. —El chico se rió bastante fuerte.

—Suenas educado, parece que ese colapso mejoró tu actitud. —Orien no entendía lo que quería decir Araam. —Toma, es mi regalo por haberte recuperado. No te vuelvas a pelear con los otros niños, puedes hacerte daño.

—No te preocupes Araam, por eso estoy con él. Orien es un buen niño, los demás niños son los que merecen lecciones de educación. —Orien miró las manzanas que le entregaba el chico alto, tres rojas y una amarilla. —Nos vemos pronto. Vamos.

—¿Qué es esta manzana? —Era la primera vez que veía una manzana de ese color. —¿No ha madurado?

—Es una manzana amarilla y está madura. Sirve para dar vitalidad, te lo puedes comer. —Orien asintió.

El resto de la tarde Orien conoció a nuevos rostros. Ancianos, adultos jóvenes y niños. Este último le resultó algo fastidioso a Orien. Solamente se llevó bien con una niña llamada Noa, tenía la edad de Orien y su apariencia era bastante atrayente: pelo rojizo, ojos violetas y vestida con un vestido rojo. Su actitud era muy activa y también sonreía a cada segundo.

A la hora de regresar el sol ya estaba yéndose a dormir. Natalia llevó de vuelta a Orien a casa.

—Hijo ¿Cómo te fue? —Su madre lo recibió con un abrazo. —Gracias Natalia. —Se dirigió a la joven.

—No se preocupe. Estoy segura de que Orien la pasó bien. ¿Cierto?

Orien asintió. Amelia y su hijo despidieron a Natalia y luego entraron a dentro.

—¿Y papá? —Preguntó buscándolo en cada rincón sin encontrarlo.

—Ha ido a la capital. Regresa en tres días, dijo que te traerá un libro de magia. —Orien se sorprendió y embozó una sonrisa contento. —Bueno, hora de cenar.

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Comments

Alicia Salamanca Hernández

Alicia Salamanca Hernández

y Natalia explicando todo para que el tenga una idea ya que no es su mundo ni su cuerpo tendrá que tener mucha paciencia para aprender todo si puedes Orien 🥰🥰

2025-02-07

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Alicia Salamanca Hernández

Alicia Salamanca Hernández

le gustó la biblioteca donde el puede leer y tener información 🤔😥

2025-02-07

1

Alicia Salamanca Hernández

Alicia Salamanca Hernández

está bien que tenga esa coloración de la piel por su enfermedad o no🤔

2025-02-07

1

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