La mesa era simple, de madera y con cuatro sillas de madera también. El olor de la sopa inundaba las fosas nasales de Orien, quien suspiró profundamente y volvió a inhalar de la misma forma. Amelia sirvió la sopa y Thomas y Orien se sentaron para comer.
La casa no tenía tantos muebles, ni tampoco había cuadros, únicamente, había un retrato de la familia en un pequeño marco, en el estante de los libros. Mientras Orien comía, no podía evitar pasear su vista en cada rincón desconocido.
—¿Qué te parece, te gusta? —Preguntó Amelia. Ahora ella llevaba el pelo atado en una coleta baja.
—Esta rico, me gusta. —Respondió Orien a su madre. —¿Puedo conocer alrededor? Así puedo recordar algo. —Dijo Orien y ella asintió rápidamente.
—Entonces, te acompaño mi niño. —Orien movió la cabeza en afirmación. Terminaron de comer y ella tomó la mano de su hijo. —Este pueblo se llama Ziri, aquí la mayoría vive de la agricultura, no hay tantos magos, ni mucho menos hechiceros. Yo no soy de aquí, pero, vine a vivir aquí cuando conocí a tu padre, Thomas. Y después me encantó bastante. —Ella le explicó a Orien. Él miró cada calle en donde pasaba, los árboles eran altos, no tenían tantas ramas y sus hojas brillaban con la luz del día.
—¿Mamá? —Orien no estaba seguro de llamarla así, pero al ver la expresión de alegría de la mujer volvió a llamarle de ese modo. —Mamá. —Y Amelia respondió con una sonrisa marcada. —Sí, dime hijo mío. —Orien sintió un dolor de cabeza bastante doloroso, y varias imágenes comenzaron a aparecer en forma de película. Eran recuerdos de ese cuerpo. Momentos felices, en donde Amelia y Thomas vivían diariamente con su hijo. Orien sostuvo ambos lados de su cabeza.
—¿Qué sucede hijo? —Amelia preocupada detuvo sus pasos y se agachó a la altura de su hijo. —¿Te duele la cabeza? —Orien asintió en respuesta y su madre le habló con voz temblorosa.
—Regresemos, seguro el sol te hizo mucho daño. —Orien la frenó y le comentó. —No es eso, solamente recordé algo. No te preocupes mamá. —Ella se sorprendió y le cuestionó. —¿Qué recordaste hijo?
—Fueron imágenes lentas y sin sonido, pude verte y también a Thomas. Estábamos jugando en la orilla del mar y el cielo era muy azul. —Ella abrazó a Orien y susurró a su oído.
—Gracias por recordar algo. No te presiones tanto. —Orien recibió el abrazo y dejó su cabeza reposar en el hombro de su madre. Y así el sueño vino a él.
Amelia cargó en brazos a Orien y lo llevó a casa. Thomas estaba afilando su pico y hacha cuando vio a su esposa y se levantó a recibirla. Estando cerca le preguntó a su esposa. —¿Por qué regresaron tan rápido? ¿Duerme?
—Amor, Orien recordó algo. Aunque eso le hizo mucho daño, ahora descansa. —Thomas se preocupó y tomó al niño de los brazos de su esposa. Lo llevó a su cuarto, mientras su esposa lo seguía. —Cuando despierte le daremos su medicina.
—Pienso llevarlo a la revelación pronto, el médico dijo que si despierta sería algo bueno para su salud. —Acostó a su hijo con mucha calma.
—Si tuviéramos más riquezas, nuestro hijo no sufriría tanto. Solamente necesita una píldora grado tres de limpieza de médula, pero nosotros ni el grado uno podemos conseguir. —Las lágrimas bajaron por el rostro de Amelia, Thomas se acercó y la abrazó.
—Si nuestro hijo empieza a practicar magia, tal vez pueda retener su enfermedad.
—Solo es un niño, como va a lograrlo. —Ella lloró más y se hundió en el pecho de su esposo, mientras este la abrazaba con firmeza diciéndole, que todo estaría bien.
Orien permaneció inconsciente por tres días y cuando despertó vio a su madre sentada en una silla al lado de la cama. Orien intentó levantarse pero, sintió mareos de repente y no tuvo fuerzas para sentarse.
—¿Estás bien? Iré a buscar algo para que comas. —No esperó que su hijo le respondiera, era notable que no estaba bien. Orien tenía aspecto demacrado y pálido, sus ojos parecían volverse huecos y sus mejillas perdieron masa. Thomas entró sudado cuando escuchó como su esposa hacia ruido con las cosas de la cocina.
—¿Qué sucede?
—¡Despertó! —Ella saltó a abrazar a su esposo. Amelia había visto a su hijo colapsar varias veces, pero este era la primera vez que duraba tanto tiempo inconsciente. Su preocupación estaba al máximo y además, cuando llamaron al médico por medio de una carta, sabían que pasaría tiempo para recibir una respuesta y así fue.
Thomas ingresó a la habitación de su hijo y lo vio acostado, pareciendo más muerto que vivo. Su corazón se apretó y acercándose se sentó en la silla al lado de la cama.
—Me alegro que despertarás campeón. —Orien abrió los ojos sin tantas fuerzas, veía casi todo borroso. —Tu madre está preparando algo para ti, su comida hará que recuperes todas tus fuerzas.
—Papá… Siento frío y estoy cansado. —Thomas se levantó alarmado, buscó otra manta y cubrió a su hijo. Era imposible no sentir tristeza en esos momentos. La voz de Orien se escuchaba baja y casi desapareciendo poco a poco.
Thomas tocó la frente de Orien, sintiendo esta muy caliente. Buscó algo de agua y una toalla, la remojó y exprimió; luego lo acomodó sobre la frente de su hijo.
—No quiero morir... —Susurró Orien. Thomas sintió su pecho doler, pero, se aguantó y no dejó salir ninguna lágrima.
—No vas a morir hijo. —Le dijo acariciando su cabeza.
Amelia llegó con un cuenco lleno de sopa. Thomas recibió el cuenco y tomando la cuchara empezó a darle de comer a Orien. Él se tragó la sopa con algo de debilidad.
—Deja acomodar eso. —Amelia subió un poco la almohada, para que Orien pudiera estar más cómodo. —Es sopa de fenogreco con algo de hierba de trigo. Tómatelo todo, te dará fuerzas. —Orien asintió a su madre. «No puedo creer que he renacido en un cuerpo medio muerto. Ahora entiendo los dolores musculares cuando recién me desperté».
—Desde hoy deberías salir menos, parece que el sol te hace mucho daño. —Dijo Thomas con preocupación. «Daño tendría si dejo de recibirlo». —Aun así, creo que tomar aire es lo mejor. En unas semanas iremos a hacerte la revelación, si tienes magia tal vez tú cuerpo pueda ser más fuerte.
«¿Revelación?»
—¿Qué es eso? —Ahora su voz sonaba con algo de fuerza que antes.
—Es una prueba de talento, para ver si tienes afinidad con la magia y saber cuál es tu elemento. Los elementos principales son cuatro: agua, fuego, tierra y aire.
—¿Cómo se hace esa prueba, usan algún aparato? —Preguntó con curiosidad a Thomas.
—Nunca he ido a la academia mágica o una escuela de magia, ya que no tengo magia. Según lo que he escuchado, se usa una bola de cristal la cuál está cargada con maná y así pueden detectar si eres un mago o no.
—Eso suena algo genial, quiero hacerlo. ¿Tampoco mamá tiene magia? —Orien preguntó y ella sonrió algo triste.
—Tenía magia, sin embargo, en una misión mi núcleo fue destruido. —Orien se sorprendió. —Mi elemento era agua, gracias a ello tengo ese color de pelo. Lamentablemente después que tú núcleo es destruido jamás vuelve a recomponerse, puede repararse pero jamás podrás usar magia. —Amelia parecía amar la magia y no poder volver a usarla seguro era muy doloroso para ella.
—Cuando conocí a tu madre, era un mago muy fuerte, podía derrotar a un tigre de cuernos dorados.
—No exageres, lo hice con ayuda de mi equipo.
Orien sonrió. Y sus padres le siguieron contando aventuras increíbles, eso le hizo sonreír más de una vez. Orien no extrañaba tanto su vida de antes, pensó que acostumbrarse a ese mundo sería difícil, pero, le resultó fácil. Sus padres de ahora eran unas personas maravillosas y con el poco tiempo que llevaba en ese mundo les agarró cariño. Solo una cosa le preocupaba, su hermanito. A veces se preguntaba qué pasaría con él, como estaba o si ya había crecido.
Suspiró mientras veía el cielo lleno de estrellas, estaba sentado afuera tomando aire. No podía dormir y salió a escondidas de sus padres. Las lunas iluminaban como si fueran enormes bombillas, ver las lunas llenas de este mundo era un gran espectáculo. Mientras una alumbraba luz blanca, la otra agregaba su tono rosa y eso hacía que la noche, fuese la más hermosa.
En ese mundo había un sol y dos lunas, las estrellas a veces brillaban de colores diferentes y el cielo de día tenía colores distintos, dependiendo del clima. Orien se dio cuenta que sabía escribir, solamente lo intentó un día y lo logró. Sin embargo no entendía como podía entender esas letras extrañas que escribió, parecían un idioma diferente, tal vez eso pasó con la lengua, pero, al estar en un cuerpo que claramente entendía, no se dio cuenta de ello.
Los pasos de alguien lo sobresaltaron haciendo que se levantara con rapidez y entonces, se dio cuenta que era Thomas.
—¿No podías dormir? —Preguntó Thomas y se sentó en el tronco donde estaba Orien. Orien volvió a sentarse.
—No tenía sueño. El cielo es hermoso, papá. —Thomas acarició la cabeza de su hijo.
—Y eso que no la has visto en la mejor época aún. Ojalá lo recordaras, pero, ahora podemos enseñarte todas esas maravillas otra vez más, como si fuera la primera vez.
—También deseo poder recordar, mamá y tú son muy buenos conmigo y me siento mal por olvidarles. —Thomas lo abrazó y Orien se sintió feliz al recibir tanto amor.
—No te sientas mal, no es tu culpa. Me alegro que estés bien.
—Te quiero papá. —Esas palabras Orien las dijo de todo corazón. A pesar de que antes él había mostrado ser alguien de corazón duro, sin embargo, aquello era una apariencia. No podía mostrar tantos sentimientos frente a su madrastra, si lo hacía podía ser aplastado en cualquier momento. A pesar de que los ataques de su madrastra empezaron cuando nació su hermano, eso no quiere decir que no recibía maltrato desde antes. Su madre falleció cuando él tenía tres años, su padre un año después volvió a casarse y luego de eso su vida cambió y tuvo que madurar para protegerse a sí mismo.
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Comments
Alicia Salamanca Hernández
felicidades Autora está buenísima tu novela 😊
2025-02-06
2
Alicia Salamanca Hernández
Dále un don a Orione para segui adelante y que ya no esté enfermo 😢😢😥😥
2025-02-06
1
Señor nadie
Esta muy buena tu historia.
2024-12-18
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