Capitulo 12

...NIKOLAY...

Limpie mis nudillos con un pañuelo blanco y volví a adentrarme en el carro.

Pese a que mi negocio se centraba principalmente en la informática seguía obteniendo dinero de algunos negocios externos. Y no, no me temblaba el pulso cuando debía cobrar lo que me correspondía.

— Conduce hacia la mansion.

El ambiente se mantuvo silencioso y lo agradecía, la cabeza se me partía en mil y solo quería llegar, tomarme un baño y estar solo.

Quedaban unos días mas y sabia que debía volver a hablar con los Petrucci. No había tenido noticias de ellos desde la ultima llamada. Y a decir verdad me sorprendía, ni siquiera se inmutaron por la principessa italiana, lo cual si era así me dejaba en un gran problema porque no tendría con que correrlos. Ademas de todo no me extrañaba que ni siquiera se preocuparan por Bambi.

El carro se detuvo y rápidamente baje. Las puertas se abrieron dejándome entrar y me dirigí hacia mi despacho.

— Un cafe — Grite para luego encerrarme.

Un fuerte suspiro se escapo casi de manera automática. Me saqué el saco y desabotone mi camisa. Tome un vaso y le coloque un poco de whisky y lo tome de un solo sorbo. Me di la vuelta y me encontré con una Petrucci concentrada.

— ¿Tu que haces aquí?

— El trabajo que tu no eres capaz de hacer — Arquee una ceja acercándome a las pantallas.

Hice un ademan con mi cabeza para que mis hombres salieran de la habitacion dejandonos solos.

— ¿Tienes noticias sobre eso?

— Aun no. Estoy tratando de descifrar la IP para así poder saber desde donde viene — Vi como corría su pequeño cuerpo dejando un pequeño lugar para mi. Algo se removió en mi interior y casi sin controlar mi cuerpo me senté junto a Bambi — Por ahora solo puedo asegurarte que se trata sobre los marroquíes. Si observas bien utilizan una codificación muy peculiar y especifica. Tómalo como una firma, un sello. De alguna manera ellos quieren que sepas que están tras de ti —La observe atentamente escuchando todo lo que decía — Como se que necesitas información concreta, intentare de buscar la manera de encontrar algo que confirme que si se trata sobre ellos.

— No sabia que tenias la capacidad de usar tu cerebro — Dije alejándome de ella al ver como sus grandes ojos no dejaban de mirarme.

— ¿Siempre eres así de odioso o depende el día?

— Contigo siempre.

Un silencio invadió la sala. Sabia que se venían posiblemente diez preguntas seguidas.

— ¿Tienes noticias de mi familia?

Arquee una ceja y me di la vuelta mirándola algo incrédulo. Su voz se había vuelto algo baja y con una notable vergüenza.

— No, no las tengo. ¿Por que lo preguntas? — Esta solo encogió sus hombros y continuo tecleando — En cuatro días tengo que volver a comunicarme con ellos para ver si prefieren los terrenos o te prefieren a ti.

Bambi rodó sus ojos.

— Eres desgastante — Una carcajada se escapó de mis labios mientras observaba cada una de sus expresiones — Solo te limitas a tirar comentarios de mierda. A veces siento que hablo con un adolescente de quince años que busca lastimar con palabras. Madura ruso.

— Italiana me da absolutamente igual si mis palabras te lastiman o no, no es algo a lo que le preste atención. No creas que tienes ese nivel de impacto como para que yo me vea influenciado por lo que puedas sentir.

— Veo claro que no desarrollaste la capacidad de relacionarte con otros seres humanos mas que solo para golpearlos, maltratarlos o asesinarlos. Es absolutamente normal que no te interese nada de lo que otros puedan sentir.

Bambi se levanto de su lugar dispuesta a irse.

— ¿Se supone que debo sentirme mal por lo que me estas diciendo? — Serví un poco de whisky en mi vaso. Mentiría si decía que no me divertía discutir con la italiana.

—Me da absolutamente igual como te sientas — Se acerco a mi cuerpo rodeándolo con una mano para tomar su abrigo que estaba detrás de mi en un mueble.

Rápidamente tome su muñeca y la atraje hacia mi.

— En ningún momento te dije que te fueras, ve a terminar tu puto trabajo si no quieres terminar con un disparo en el centro de la frente.

— Me dan absolutamente igual tu y tus amenazas, si quieres matarme hazlo de una buena vez y deja de dar tantas vueltas — Dijo. Sus labios rosados se movían lentamente y su aire golpeaba mi cara. Su blanca piel y sus pecas resaltaban.

Deje el vaso a un lado y la rodee haciendo que quede entre mi cuerpo y el mueble.

— ¿Entonces te da absolutamente igual lo que haga contigo? — Mi cuerpo se pego al suyo, sentía como su pecho subía y bajaba y su respiración se entrecortaba.

— ¿Que haces? — Dijo con voz entrecortada — Deja que me vaya.

Con mis manos tome su cintura sentándola en el mueble que se encontraba tras ella. Abrí sus piernas y me coloque entre ellas. Me sentía poderoso al ver que no obtenía reacción alguna. Con una de mis manos tome su pierna mientras le proporcionaba pequeñas caricias.

— Suéltame — Hablo entrecortado. Una sonrisa se formo en mi rostro.

Poco a poco mi mano se acercaba mas a su zona intima.

— Cuando te digo que hagas algo lo haces sin chistar ¿Esta claro? — Esta solo asintió mirándome a los ojos.

Mis labios se fueron acercando a su cuello depositando pequeños besos. Su olor natural inundo mis fosas nasales. Sentía como pequeños suspiros escapaban de sus labios, un pequeño mordisco provoco que gritara bajo. Una sonrisa se formo en mi rostro haciéndome sentir orgulloso de causar esto en alguien que supuestamente me odiaba.

Continue con mis besos siguiendo el camino de sus clavículas. Sus manos apretaban el mueble, sus nudillos estaban blancos. Acto seguido cerro sus ojos y tiro su cuello hacia atrás.

Casi sin pensarlo me aleje de ella con mi vaso de whisky.

— Espero que hayas entendido que quieras o no aquí haces lo que yo quiero.

Bambi abrió sus ojos de par en par, veía como sus mejillas se tornaban rojas y las palabras no salían de su boca.

— Muy mal que te entregaras de esa manera a tu secuestrador pequeña Bambi — Dije con algo de diversion — ¿Que diría Alessandro si te viera en esta situación? Tu prometido Bambi. Ver como la mujer de su vida espera ser follada por su secuestrador.

Un vaso voló hacia mi cabeza golpeando con la pared y partiéndose en mil pedazos.

— Eres un gilipollas, un maldito cerdo — Dijo acercándose a mi— Ya quisieras verme deseándote, pero no hay nada que me de mas asco que tu.

— No parecía eso hace tan solo unos segundos detrás.

— Sea de esa manera o no, es a lo máximo que llegaras.

Se dirigió hacia la puerta y tiro de esta esperando abrirla, pero se encontraba con llave. Me acerque por detrás de ella tomándola de su cintura mientras le abría la puerta.

— Primero las damas — Dije riéndome — Y compórtate si no quieres terminar de nuevo en el calabozo.

Esta se dio la vuelta intentando abofetearme pero fui mas rápido tomando su muñeca y apretándola.

— No me vuelvas a tocar en tu vida.

Dijo y salió esperando que mis hombres le colocaran sus esposas y la llevaran a la habitación.

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