**** Vivían ****
Maldita sea que acabo de pasar, siento que mis mejillas aún arden, todo se siente tan irreal y confuso que creo que es un sueño. Nunca se me llego a pasar por la cabeza que mi profesor, el Thomas amargado y malhumorado se interesaría en mi de otra manera, siempre era tan seco y poco empático. Sin embargo, sus palabras no fueron juego, me dejo muy en claro lo que busca conmigo y eso me asusta.
Sabía que las cosas no iban a ser lo mismo de ese día en su casa, era consciente que ese beso iba a cambiar las cosas entre nosotros, pero no en tal magnitud. Intenté convencerme que todo fue un momento de debilidad y confusión por su enfermedad, pero veo que así no era. Supongo que jamás debí ir a su casa y menos besarlo. En que lío me he metido.
Agarrándome del cabello empiezo a murmurar cosas sin sentido, debo estar loca para aceptar su proposición y todas sus caricias, ósea ayer andábamos peleando como perros y gatos por todo y hoy nos comemos a besos, como quisiera que la tierra se abriera y me tragara. ¡Qué problema!.
- Ya llegaste hija.-escucho la voz de mi madre, la cual parece provenir de la cocina.
La cual es una clara señal que debo calmarme y aparentar que no ha pasado nada, donde esta señora se entere que estoy estableciendo algo con mi profesor me mata, es religiosa y muy adicta a las reglas para aceptar. Estoy condenada, Dios iluminame.
- Si, soy yo. ¿Qué tal tu día mamá?.- trato de parecer casual.
- Bien, lávate las manos y ven a comer.- me ordena.
- Si señora.- tomo la oportunidad para huir, no quiero que me vea en este estado, aún siento mi cuerpo tembloroso.
Cuando me dispongo a dejar mi mochila y mis cosas en mi recámara, su mensaje tan particular y maldadoso llega a mí, provocando que me atragante con mi propia saliva al ver su contenido, desde cuando es tan descarado.
Con una disimulada sonrisa, le respondo. Definitivamente, no se la voy a dejar tan fácil. Ni que crea que ser exquisito y sabroso voy a caer rendida antes él. Desde ahora si quiere algo de mi le va a costar. Al ver como su contra respuesta es una carita triste, sonrió. Supongo que ha entendido el panorama.
Feliz, bajo al comedor y beso inmediatamente a mi progenitora. Supongo que estoy de muy buen humor.
- A que santo debo agradecer este milagro.- bromea al analizar mi actitud.
- A ninguno.- respondo simplemente, no le puedo decir a quien rezarle, si lo llegase a saber se desmaya, eso es seguro.
- Voy a suponer que te voy a creer, porque señorita te conozco muy bien, es como si yo te hubiese parido. ¡Qué estoy diciendo!, verdad que yo te parí.- dice sarcásticamente.
- Lo sé, solo tuve un bien día.- digo a medias la verdad.
- Me alegra, ya era tiempo de ver esa carita sonriente, porque me estaba comenzando a cuestionar si fue buena idea que ingresaras a esa universidad, desde el día 1 solo había visto desdicha en tu rostro y se que en parte es mi culpa, pero no quiero que sufras, te juro que estoy trabajando para ser la madre que esperas.- me abraza, conformándome.
Creo que no todo ha sido tan malo, nuestras peleas nos permitieron ver en que estábamos fallando, en este momento estoy muy agradecida por esta oportunidad.
- Yo también seré mejor hija, seré obediente.- afirmo, envolviendo en sus brazos
- No señorita, usted es hermosa tal y como es, no cambies tu esencia por nadie mi niña, esa eres tú.- dice, besando mi frente
Me agrada esta sensación de reciprocidad y complicidad con mi madre, solo espero que los días venideros sean como este.
- Gracias.- digo al borde de lágrimas.
- Nada de gracias y lágrimas, Siéntate que serviré la comida, la cual es tu favorita.- dice, alejándose de mi.
- ¿Lasaña?.- digo casi hecha agua la boca, cuanto tiempo tenía de no comer otra cosa que lechuga y tomates.
- Sip, es una recompensa por ser tan genial hija mía, desde hoy no te limitaré más con la comida, siempre y cuando sean porciones equilibradas. No tengo que matar de hambre a mi adorada hija para complacer a otros.- dice, con un delicioso y exquisito plato en la manos.
Creo que he muerto y estoy en el cielo. No sé qué le ha pasado a mi madre, pero por favor Dios que no cambie.
Entusiasmada y contenta cenamos en completa armonía, esto me hace recordar a mi niñez, esos momentos de paz que tenía con mi madre, cuando todo estaba bien. En un ambiente de ensueños, hablamos de todo lo que ha pasado en nuestras vidas y nos perdonamos, no hemos sido lo mejor para la otra, cada uno se ha hecho daño a su manera, pero el tiempo lo cura todo, como nuestra fragmentada relación, solo espero que esto demore para toda la vida.
En calma total me despido de ella y me dirijo a mi cuarto, donde no pierdo el tiempo y me dejo caer en la cama. Estoy segura que podría dormir sin importar que, es como si toda la tormenta que habitaba mi ser hubiese desaparecido. Cuando me encuentro por cerrar los ojos, lo recuerdo. Su imagen es tan fuerte que provoca que tome el celular y revise si tengo algún mensaje de él y para mi suerte sí.
Como una niña pequeña empiezo a sonreír mientras escondo mi rostro entre las sábanas, no puedo creer que unas meras palabras me coloquen de esta manera. Realmente algo me está pasando, creo que estoy enferma.
Sin demora respondo a su interrogante de manera muy casual, no voy a permitir que perciba algo que le dé una pista de como me tiene, eso sería como entregarle control, cosas que no estoy dispuesta a hacer. Él porté de mujer fría va hasta el final, le advertí que no soy como las otras y se lo demostraré, voy a enseñarle a Thomas quien es Vivían.
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Comments
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Hay Vivian estás súper enamorada ojalá si cumplas tus propósitos
2023-12-03
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