Analizando muy bien la dirección que esta anotada en este pequeño papel, voy caminando lentamente, es tan grande este vecindario que lo mas probable es que me pierda en cualquier momento, pero lo que me tiene más desconcertada es porque acepte hacer esto, debí negarme de inmediato, solo estoy cayendo en un círculo vicioso el cual me sera mas dificil de dejar, solo espero no estar condenandome.
Luego de merodear por unos minutos, ya que el frío se cuela a mis huesos, hallo su puerta, la cual si pensarlo empiezo. Si fuera otra ocasión lo reflexionaría, pero morir congelada no está en mis planes. Después de unos segundo, escucho como la puerta se abre, para dejarme ver a un Thomas más relajado y enfermo, ciertamente Richard no me mintió.
- ¿Qué haces aquí?.- es lo primero que sale de su boca al verme.
Al observar que no soy muy bien recibida, extiendo los documentos para que lo reciba y pueda marcharme. Cuando de la nada extiende su brazo y me jala hacia dentro, cerrando su puerta y aprisionandome en su hogar.
- Te vas a congelar rojita.- murmura, mientras mete su rostro en mi cuello.
Inmóvil ante su actuar, siento como su respiración caliente golpea mi piel y me hace sentir exaltada. No se que me pasa.
- No estés nerviosa, rojita. Porque no te comeré sin tu permiso.- declara dejándome pasmada, creo que esta delirando.
Sin saber como procesar los que acabo de escuchar trato de apartarlo, provocando que este envuelva sus manos alrededor de mi cintura y me pegue más a él.
- Lo siento, es que no me siento bien y tu cercanía calma mi malestar.- afirma, dejándome anonadada.
Con la mente en blanco y resonando sus últimas palabras de que no se siente bien, dejo caer los papeles para tomar su rostro en mis manos.
- Tienes temperatura, ¿Te has tomado algo?- inquiero, al ver su mal estado. Ahora todo tiene sentido.
- Es algo pasajero, ya mejoraré.- responde, dejándome en claro que no lo ha hecho.
- No lo es, hay que tratarte, ven conmigo.- tomo su mano y lo obligo a seguirme.- Siéntate ahí.- le señalo el sofá.- ¿Dónde tienes el botiquín?.- lo interrogo.
- No hace falta, con un baño frío estaré mejor.- dice el testarudo.
Molesta por su actuar, lo fulmino con la mirada, no puedo creer que exista alguien tan infantil.
- No estoy pidiendo tu opinión, quiero que me digas donde esta, te guste o no Thomas.- hablo con severidad.
De verdad me volví loca por llamarlo por su nombre, pero esa fue la única forma que encontré.
- En el baño, en el segundo cajón.- compara, dejándome ver que las palabras rudas funcionan con el.
Sin perder tiempo me encamino directamente al baño y busco el botiquín, el cual no demoro mucho en encontrar debido a que es un hombre organizado. Sin embargo, en mi camino, se me atraviesa un enorme perro negro, el cual me hace debatir por mi seguridad, jamas crei que existiria algun animal de tan tamaño, sin miedo a exagerar es casi como mi estatura. Determinada, a todo, tomo un frasco de pastilla y salgo corriendo hacia la dirección de Thomas, es mejor que salga en el periódico: "Mujer intento salvar su vida, que, se entregó a su depredador".
- Bébela.- se la extiendo con voz agitada, al llegar a él.
Aun siento como mis piernas tiemblan, sentí como mi vida cruzaba por delante de mi. Gracias a Dios que no me persiguió.
Al ver lo renuente que esta me acerco a él y trato de hacer que la tome, por su culpa casi muero, así que no aceptaré un no. No obstante, su fuerza es mayor y provoca que quede encima de él, en pocas palabras en horcadas en su regazo, exponiéndome y volviéndome en una presa fáci y que todo ese temor y molestar desapareciera.
- Solo lo haré si me da un beso.- dice con voz picarona haciéndome debatir si en verdad está enfermo o no.
Dudándolo un poco, toco por segunda vez su frente, para verificar que se está carbonizado y debe ser tratado de manera rápida, así que sin más soluciones asiento y le advierto lo que pasará si se pasa de listo.
- Solo uno y será breve, si te atreves a ignorar mis palabras, no me culpes por ser ruda.- declaró firmemente.
Ya por de sí es una locura, pero ya no hay marcha atrás. Más demoro pronunciando estas palabras cuando su mano viene a mi mejilla y la acaricia, para instantáneamente acerca su rostro al mío y conectar nuestros labios en un beso lento, agitado, excitante y apasionado, creo que pobré la Granada del infierno, uno que me costará salir.
Nublada por la fuerte emoción que recorre mi ser, le doy acceso a mi boca, permitiendo que su lengua explore sin miedo cada rincón de ella y embriagándome con ese fuerte, pero delicioso aroma a limón con frutas cítricas. Extasiada rodeo inconscientemente su cuello con mis brazos mientras me pego más a él, es como si quisiera romper esa pequeña lejanía que nos separa y nos vuelve consciente. Al ver como el muerde mis labios mientras los devora completamente no puedo evitar dejar salir un ruidito de satisfacción, el cual me trae de nuevo a mis sentidos y me permite ver que esto está mal, el esta muy enfermo, no esta en sus cinco sentidos, lo más probable es que se arrepienta de lo que está sucediendo, como lo estoy haciendo yo ahora, deje volar mi mente un segundo.
Decidida a separarme de él, quito mis brazos de su cuello para colocar en su pecho y comenzar a alejarlo, pero su fuerza es mayor y solo consigo que lo profundice. Casi presa de este inmensurable placer tomo medidas desesperadas y con fiereza muerdo su labio inferior, provocando que este sangre y el sabor a metal envuelva nuestro paladar.
Al no tener de otra, se ve obligado a separarme de mi, mientras me dirijo una mirada oscura y llenas de sentimientos.
- Eres traviesa rojita, muy traviesa.- dice, limpiándose.
- Te lo advertí.- trato de alejarme, no mejor dicho bajarme de su regazo, pero este no lo permite.
- A donde vas.- me toma de la cintura con sus enormes y trabajados brazos, sin dejarme escapatoria.
- Thomas, por favor.- trato de persuadirlo.
- Shuuu , solo déjame estar así.- dice, abrazándome, dejándome ver que no actura en contra de mi voluntad. Desde cuando se volvió tan descarado.
Perturbada por mil cosas, lo dejo ser. Al notar que se ha calmado un poco y que esta volviendo en sí, le vuelvo a hablar.
- Suéltame por favor, tengo que darte la medicina, sino lo haces por ti hazlo por mi, ya me estoy empezando a sentir fatigada.- digo calmadamente, tratándolo de convencer.
- Su sabor es amargo, no me gusta doparme, mejoraré si descanso.- sigue de testarudo.
Al ver que nada lo hará cambiar de parecer, ingreso la pastilla a mi boca y lo beso, logrando así que esta la reciba y pueda tener el tratamiento necesario, para poder marcharme y hacer que esto nunca paso.
- Listo, viste que no era tan amargo.- pronuncio al romper el beso, haciéndome la fuerte, mientras mi boca se intoxica con su amargor. Ya entiendo su berrinche.
- No, de tus labios nada podrá saber mal.- murmura, acercándose y robándome un beso, el cual me toma desprevenida.- Ahora estamos a mano.- dice con una sonrisa infantil, haciéndo vibrar mi ser.
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Comments
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Hay pero ya van en otros tiempos jajajaja
2023-12-01
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