**** Vivían ****
Luego de meditarlo, llegue a la conclusión de que no puedo seguir así, no todos son mis enemigos y puedo juzgarlos por sus equivocaciones como si yo fuera perfecta, esto solo traerá más vacío a mi alma y es algo que ya no quiero, ahora que me visualizo en el espejo no puedo ver ese brillo que mantenía, es como si todo lo ocurrido en estas últimas semanas me hubiese arrebatado esa luz de mis ojos.
Teniendo presente que muchas cosas están en juego, decido actuar, no puedo seguir huyendo de mis problemas.
- Mamá y.yo.- me acerco a ella. - Lo siento, no debí decirte eso, no quería, pero yo solo…- aprieto mis puños.
Por más que busque una explicación nada lo justifica, la herí de una manera muy cruel.
- Shuuu, eso ya está en el pasado, la que debería pedir una disculpa soy yo, se que soy muy imperfecta y por eso a veces te lastimo, pero nunca dudes que te amo y que eres lo más importante para mí. Eres lo más preciado que tengo y siempre te apoyaré.- me abraza, aliviando mi carga.
Extrañaba sus abrazos, sus dulces palabras, sus apapachos, su ternura, por más defecto que tenga, jamás desearía otra madre.
- Así que ahora se tu misma mi pequeña, no me involucraré más en tu vida, tú eres dueña de tu camino, asi ue vive.- me reconforta, trayendo de nuevo esa seguridad que necesitaba.
......................
Dudando, jugueteo con mis manos, aunque se que es lo correcto, no quiero hacerlo. Sin embargo, una disculpa sería el final de esta guerra sin sentido, tengo que tener en cuenta que este solo es mi primer semestre y los más probables es que nos volvamos a encontrar en futuras materias, es mejor llevar la fiesta en paz, que una guerra silenciosa.
Con todo mi valor reunido, profeso las palabras que he estado practicando desde ayer, la reconciliación que tuve con mi madre me permitió ver muchas cosa y entender que estaba sacando mi frustración y enojo a través de ellos, y para ser sincero nadie se lo merece, solo estoy odiándolos sin sentido y haciéndome odiar.
Esperando algún tipo de respuesta sarcástica, me muerdo los labios, lo más posible es que tome esta oportunidad y me haga reconocer mis errores, los cuales tengo muy en claro, pero el solo querrá que lo admita para molestarme y sacar esa espinita que tiene clavada. No obstante, pasa todo lo contrario, el me ofrece una disculpa, lo que provoca que mi cabeza vuele, supongo que las apariencias engañan.
Luego de dejar los límites muy claros, me despido temporalmente de él para dirigirme a mi otra clase, y digo temporalmente, porque después de mi jornada académica, nos debemos encontrar para seguir con las asesorías, el concurso esta a la vuelta de la esquina y debo dar lo mejor de mí, solo espero no defraudar a las personas que confía en mí.
Con mis pensamientos organizados, realizo y programo todas mis actividades, logrando así tener un poco tiempo extra para llegar antes de la hora pactada, lo cual me deja una grata sorpresa, haciéndome debatir si fue buena o mala idea decidir por mi cuenta.
Muy apenada cierro rápidamente la puerta, para luego a recostarme contra la pared y tratar de calmar mi rostro lleno de la vergüenza, quien diría que me encontraría a mi profesor sin camisa; es que de tan solo pensarlo es absurdo. Sin embargo, eso no es lo que atormenta mi mente, es que es tan trabajado, impresionante y apetitoso, que te deja sin palabras y aliento como me encuentro yo. Realmente es increíble, nunca había visto tremendos músculos y anatomía perfecta con tantos tatuajes, inexplicable una curiosidad desconocida creció en mi.
Serena y obviamente con su autorización, tomo el pomo de la puerta y lo giro, solo para encontrarlo de pie en toda la mitad de la oficina, mirándome fijamente, supongo que tiene poco y mucho que decir. Muerta de la vergüenza, trato de hablar para disculparme, pero este lo hace primero, interrumpiendome.
- Señorita Sordi, que sea la primera y última vez que entra sin tocar.- me sermonea, lo que es válido en su situación.
Lo atrapé indefenso y a medio vestir, pero porque estaba así. No me digas que…
- Por favor no crea ideas estúpidas en su cabeza, solo se me derramó un poco de café y me la quite para limpiarla, así que no trivialice la situación, lo último que haría sería meterme con una alumna.- determina, desapareciendo cualquier idea loca.
Apenada, solo asiento con la cabeza. En estos momentos únicamente quiero que se abra la tierra en dos y me trague. No sé cómo tengo ese poder de meterme en problemas, ahora como se supone que lo mire con los mismos ojos cuando su figura llega a mí. En silencio total sigo sus instrucciones y empiezo a leer.
Aturdida comienzo a cometer muchos errores bobos, pero sustanciales, lo que no da más alternativa a acercarse a mi y corregirme. No obstante, lo que me tensa es sentir su tacto en mi barbilla y estómago, siento que me quema. Sin saber como reaccionar busco su mirada, la cual conecta con la mía dejándome sin aliento y la mente en blanco.
Absorta en el momento, no me percato que he dejado de hablar y que todo mi cuerpo se limita a contemplar sus movimientos, hasta que un golpecito en la frente me trae a la realidad. Dios ya hice suficiente en este mundo, llévame contigo.
- Atención, inicia de nuevo.- afirma, alejándose de mi y permitiéndome respirar.
Agitando la cabeza para salir bien del trance, empiezo a recitar de nuevo el documento en francés, logrando hacerlo esta vez perfecto y que sus expectativas queden satisfechas. Con un sentimiento de logro, sonrió sin darme de cuenta, atrayendo su atención y que sus dos estrellas me devoren e hipnoticen; estableciendo así un ambiente raro e incómodo, donde cualquier movimiento no pasará por desapercibido sin importar que tan pequeño sea, creo que yo sólita me he metido a la boca del lobo, el cual cada día empieza a mostrar sus garras y dientes.
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