^^^Lisha Relish.^^^
Estoy fascinada con la gran variedad de flores que hay en el jardín imperial. Todo es demasiado hermoso y exótico como para no quedarse contemplando las distintas plantas coloridas que hay a nuestro alrededor.
—El jardín de mamá es lindo y cálido, pero debo admitir que la emperatriz ha hecho gran trabajo organizando el jardín del palacio.—Le digo a mi hermano.
—Yo solo veo un montón de plantas.—Tiene sus brazos cruzados y me sigue mientras sigo recorrieron los distintos sectores del jardín.
—Tienes cero delicadeza, hermano.—Me quejo en voz baja, aunque sé que ha logrado escucharme.
Hemos pasado los últimos 20 minutos contemplando el extenso jardín cuando algo llama mi atención e inmediatamente tomo la mano de Brendan para arrastrarlo conmigo.
—Ese es un laberinto de arbustos con rosales.—Casi medio grito emocionada.
—Lisha.—Dan me suelta la mano.—Sea lo que sea que estés pensando, es un absoluto, no.
—Oh, vamos.—Hago un puchero.—Nunca he entrado en uno, no puedo dejar pasar la oportunidad.
—Nos perderemos y padre nos matará cuando nos encuentre.—Niega con la cabeza.
—Por favor, Dan.—Le ruego.—No podré entrar ahí si no vienes conmigo. Sabes que no podemos separarnos por demasiado tiempo.
Le veo luchar consigo mismo por unos largos segundos antes de verle suspirar.
—Sabes que es una mala idea, ¿verdad?
—Es un laberinto, Dan.—Le digo como si esa fuera razón suficiente para adentrarse a lo desconocido.
Mi gemelo suspira una vez más antes de asentir con la cabeza de mala gana.
—Bien, tú ganas.—Está de acuerdo.—Pero luego de esto volveremos al pasillo donde padre nos dejó.
Acepto encantada porque después de esto es imposible que no haya quedado satisfecha con el recorrido que hemos hecho. Hoy debe ser uno de los mejores días de mi vida.
Agarro la mano de Dan una vez más y le sonrío antes de adentrarnos hacia el laberinto del jardín.
—Gracias por seguirme.—Le agradezco.
—Siempre.—No necesita especificarse porque soy quien mejor entiende a mi hermano.
Brendan siempre estará ahí para mí como yo estaré ahí para él. A fin de cuentas, ambos somos uno en todo el sentido de la palabra.
Ninguno de los dos puede existir sin el otro y está bien así porque eso significa que nunca estaremos completamente solos mientras nos tengamos entre sí.
Al entrar hacia el laberinto me siento pequeña por el tamaño de este. La altura debe pasar los dos metros y ni siquiera somos conscientes de la extensión del laberinto, pero la magia siempre se encuentra en lo desconocido.
—Cuando me case le pediré a mi esposo que construya un laberinto en nuestro jardín, uno mucho más grande y rodeado de espinas.—Le digo a Dan.
Él frunce su ceño.—¿Por qué las espinas?
—Porque siempre fueron mi parte favorita de las rosas.—Confieso.—Las espinas protegen a su rosa de las manos ajenas, como un gran protector de su doncella.
—Dudo que alguien en su buen juicio construya un laberinto de espinas.
—No necesito un esposo con buen juicio.—Le sonrío.—Me basta que entienda mis locuras.
Aunque dudo que haya alguien además de mi hermano que pueda comprenderme en su totalidad.
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Comments
Sol Cito
un laberinto y 2 niños no creo que sea una buena combinación
2023-08-17
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