^^^Naenia Relish.^^^
Mi marido, al ser la mano derecha del emperador en el ejército imperial, lo convierte en un hombre poderoso tanto en estatus como en cualquier otro hábito, pero también significa que es quien dirige las tropas en caso de alguna guerra.
Recuerdo que mi padre y hermano mayor murieron en una batalla contra el Sur hace cinco años, dejando a mi madre viuda y sola en su mansión porque se niega a mudarse con mi familia.
—Hablaré con el emperador para averiguarlo, pero conociendo su temperamento, todo indica que sí habrá una nueva guerra contra ellos.—Respondió Draven.
Llevo mi mano hacia mi pecho porque mi dolor por la preocupación de mis hijos ha aumentado ahora con la preocupación añadida por la vida de mi esposo.
—Espero que puedan solucionarlo de alguna manera sin un derramamiento de sangre.
Mi marido frunce su ceño hacia mí cuando da un paso hacia adelante para acercarse. Lo frunce aún más cuando me ve dar un paso hacia atrás.
—¿Qué haces?.—Pregunta con ese tono dominante que me he tenido que acostumbrar con el pasar de los años.
Niego con la cabeza.—¿Nada?
—No me respondas con una pregunta, Naenia.
Enderezo mi postura e inclino la barbilla hacia arriba. Viendo el verde que mis hijos heredaron en él.
—¿No deberías estar en nuestra habitación ahora?.—Pregunta.—Durmiendo, como una buena esposa lo estaría haciendo mientras su marido se encuentra trabajando.
—Pero no estás trabajando...
Le escucho gruñir y mi cuerpo se estremece involuntariamente. Draven nunca me ha golpeado, pero sé las cosas horribles que ha hecho en nombre de nuestro gobernante.
—Estoy preocupada por nuestros hijos.—Decido confesar.—Estuvieron muy enfermos cuando decidí separarlos.
—Lo van a superar.
Niego con la cabeza.—No, no lo harán. Necesito encontrar una manera o cuando Brendan se vaya a la academia mi pequeña sufrirá. Cuando Lisha se deba casar y su marido la aleje de nosotros, mi niño no lo resistirá.
—Los estás mimando demasiado, ellos estarán bien.
—No.
—Naenia.—Dice en advertencia.
—Draven.—Doy un paso hacia adelante y toco su brazo, sin perder el contacto visual.—Conozco a mis niños y no mienten cuando dicen sentir dolor. Les duele y me duele verlos sufrir.
Suspiro y me armo de valor para decir lo siguiente, aunque sé que no será del agrado de mi marido.
—He decidido regresar a Lisha a la habitación de Brendan.—Digo.—Al menos hasta encontrar una manera de enseñarles a vivir sin el otro. Creo que tengo una idea de lo que pasa con ellos, pero quiero confirmarlo antes de decírtelo.
Draven aleja mi mano de su brazo y me fulmina con esos malditos ojos verdes que le hacen algo a mi corazón. Nuestro matrimonio fue arreglado por nuestros padres, pero por un tiempo pensé que podía enamorarme de él gracias a esos ojos.
Fue una lástima que lo nuestro se sintiera más como a una obligación que a cualquier otra cosa.
—Esos niños necesitan disciplina.—Dijo con frialdad.
—Prometiste que yo me haría cargo de su educación. No puedes romper tu palabra y ejercer tu voluntad contra ellos.—Le recuerdo.
—Entonces asegúrate de criarlos como corresponde.—Casi me gruñe cuando dice esas palabras y se da una media vuelta para caminar hacia la dirección de nuestro dormitorio.
Me desplomo contra la puerta de la biblioteca e intento calmar los temblores de mis manos. No importa los años que haya estado casada con él, sigo sin acostumbrarme a su brutalidad.
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Comments
Norvis Padrino
Pobre esposa le tiembla a su marido ,y con ese genio que se gasta este hombre ,la entiendo muy bien
2024-01-17
2
Sol Cito
que tipo más machista
2023-08-16
1