Episodio 4: Unidos

^^^Naenia Relish 27 Años.^^^

Entré a la habitación de mis pequeños con una bandeja llena de postres y dos tazones de leche. Esperaba que ahora que estaban juntos pudieran comer algo.

Los 12 días que los mantuve lejos entre sí habían sido una pesadilla. Prácticamente, los obligué a beber y comer lo mínimo o ahora no estarían aquí, estarían muertos.

Suspiré aliviada cuando los vi a ambos dormir.

Brendan y Lisha no habían tenido una buena noche de sueños desde que se me ocurrió llevar a mi hija a una nueva habitación. No debí escuchar los reclamos de mi esposo y debí permitirle a mis hijos ser tan unidos como ellos quisieran.

A fin de cuentas, ambos tendrán que madurar en algún momento y se enfrentarán a la crueldad de nuestro mundo. Por ahora puedo dejar que sigan disfrutando de su tiempo juntos.

Decidí dejar la bandeja con los postres en la mesa que estaba en la esquina del cuarto, normalmente, se utiliza para que ellos estudien porque odian hacerlo en otro lugar que no sea en este.

Mis pequeños no se sienten cómodos en nuestro hogar y no puedo culparlos porque ni siquiera yo encuentro este lugar como mi hogar.

La presencia de mi marido es abrumadora y mis pequeños ángeles no se arriesgan en salir de su habitación porque no quieren encontrarse con él.

—Dulces sueños, mis amores.—Susurro y cierro la puerta.

Estoy segura de que después de un buen sueño, ambos comerán lo que dejé para ellos.

—¿Mi señora?.—Se me acerca una sirvienta.

Levanto mi mano en señal para hacerla callar.—Quédate fuera de la habitación de Brendan y niégale el paso a cualquier que intente entrar. Quiero que ellos descansen.—Le ordeno.

—Sí, mi señora.—Hace una pequeña reverencia y retrocede para quedarse a un lado de la puerta del cuarto de mis hijos.

Comienzo a caminar hacia la biblioteca de la mansión cuando un leve dolor en mi pecho empieza a molestarme.

Los médicos del imperio no supieron descubrir el origen de la extraña enfermedad que casi terminó con la vida de mis hijos.

—Idiotas incompetentes.—Murmuro.

Es insólito que los mejores doctores del imperio no hayan logrado descubrir el desgaste físico y emocional que sufrieron Brendan y Lisha al mismo tiempo cuando los separé.

Tal vez puedo encontrar algo útil en la biblioteca que mi esposo tanto presume. Debe haber algún archivo o documento que me ayude a entender a mis hijos.

—Naenia.

Me estremezco a medio camino de abrir las puertas de la biblioteca cuando lo escucho llamar mi nombre.

—Esposo mío.—Me giro y fuerzo una sonrisa en mi rostro.—No sabía que estabas en la mansión, pensé que llegarías mañana del viaje ¿Cómo fueron las cosas entre el Sur? ¿Lograron llegar a un acuerdo?

Suspira con frustración.—No. No pudimos lograr que aceptaran el acuerdo y ahora debo darle aviso al emperador.

—¿Crees que se iniciará una guerra?.—Las palmas de mis manos comienzan a sudar.

Mi marido es temible, pero no quiero que arriesgue su vida. Lastimosamente, el emperador tiene a mi esposo como su mano derecha entre el ejército imperial.

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Comments

Sol Cito

Sol Cito

mmmm que mal padre como se les ocurre separar a los niños

2023-08-16

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