Narra Massimo
Nosotros le importábamos.Desde mis siete a doce años viajábamos todos los años a Europa.Nos metían, ni bien llegábamos, en el Colegio de los Escolapios, el más exclusivo de Barcelona.Estábamos allí de agosto a febrero.De marzo a agosto, en un colegio público en el pueblo.Pasábamos del lujoso ambiente capitalino europeo a un ambiente burgués de pueblo provinciano.Cambiábamos compañeros, sistemas de enseñanza, idioma.Del piso en que vivía, rodeado de sirvientes la arrogante abuela española, con su Rolls-Royce siempre en la puerta, a la casa amplia de la abuela materna, humana pero no menos dominante.
En España nos saludábamos haciendo reverencias;Vestiríamos a la última moda de París.En la Argentina se reían de nuestros trajes de pantalones cortitos, de nuestras medias de cuadros de colores, de nuestros "completos", colmó le llamaban allí a los conjuntos de pantalón largo que usan hoy todos los chicos del mundo.
Un seminarista, Monsieur Antón, nos tenía a su cargo a mí.Yo era como el señorito y extrañaba.En el pueblo de Oberá vivíamos trepados a los árboles, con mis compañeros.Con mis padres comíamos en la gran mesa familiar.En Europa apenas si veía a papá y mamá.Ellos iban a Saint Moritz oa Biarritz oa Desoville, En Argentina si era su hijo lo que corríamos a mostrarles una lastimadura o a contarle el más infantil de los problemas.En España uso que decir tú y ti.En el colegio nos castigaban por no hablar el idioma de Cervantes; en el pueblo nos decían mantequitas, mariquitas porque hablamos olvidado el "che" y el "vos".Creo que esa niñez trasplantada, ese continuo cambiar de gentes y de paisaje, siendo el único de Russo, la madurez de mis padres era una precocidad, siempre escuchaba la música de Rick Astley.
Las charlas con papá eran diplomáticas, él quería un hijo con fama y yo cumplía con todos los requisitos tanto en altura como en belleza, pronto estuve en la cima del éxito italiano. Pero había un pequeño problema, sobre todo, para mi padre yo me enamoré. Más cuando supo que era Anmary. Por lo que él supo que lo que había sido la "la mía bella anmar" él me envió a París.
Narra Anmary
Massimo, ese día me cubrió de beso, imposible no dejarlo seguir, mi vida era ese hombre que se esfumaba por las noches, sus besos y caricias eran como las películas, de acción sexual, tenía experiencia y mi cuerpo proclamaba sus besos y caricias, nuestros gemidos eran como música, me beso de pie a cabeza, cada experiencia con él me hacían sentir más atraída ese día no fue solo la noche testigo de nuestro amor el día llego y el sol alumbro mi cama y entre las sabanas nuestros cuerpos seguían rozándose, yo soñaba con sentir sus besos y caricias, pero ahora rogaba en mi interior que pare mi cuerpo sufrió una noche de tormenta, esas que le dan vuelta el techo y como decía mi abuela mucho amor era peligroso, pero aun así yo estaba feliz. Él conoció todos los rincones de mi cuerpo. Massimo se quedó unos días conmigo, fueron hermosos me llevo al cine a cenar, él me cuidaba y daba tanto amor ,él nos hizo saber quiénes fueron Eleonora Duce, Sarah Bernhardt, Cléo de Mérode, Eva Lavallière, Raquel Meller, Caruso. Por él conocíamos las obras clásicas del teatro mundial. Nos recitaba de noche Shakespeare, Calderón de la Barca, Lope de Vega o Tirso de Molina. Por último hizo una apreciación exacta de valores en literatura, en ópera, en cine y en teatro. Nos habló de París, de Roma, de Moscú, de Berlín, de todos los países que él, como muchacho rico y liberal, había conocido.
Narra Massimo
Para él, a los doce años ya no éramos niños. Cuando llegaban las bataclanas al teatro y el pueblo entero se alteraba, las viejas cuchicheaban en las puertas y los importantes del pueblo hacían relación con ellas en la sombra pero no aparecían por el teatro, él sus llevaba a los tres. A los 11 años decretó que debíamos tener llave de la puerta. Odiaba que pidiera permiso, decía: "La libertad es la única valla contra el mal: mi hijo eres libre".
"Massimo, te amo no te vayas" decía Anmary con tristeza.
"Oh mía bella Anmary, quisiera no irme y quedarme a tu lado siempre, solo dos años más y nos cansaremos" decía Massimo besando el rostro de aquella mujer que lo tenía enamorado desde hace muchos años.
"Te extrañaré, amor mío" decía ella viendo como él se perdía de su vista.
Anmary, se quedó mirando al final se dio cuenta que estaba sola. "Una vez más sola" se quejó ella y la doña Teresa sintió tristeza.
"Anmary vamos, niña hice unos pasteles te van a encantar". Doña Teresa apreciaba a Anmary porque sabía lo mucho que sufrió.
"Gracias doña Teresa" dijo Anmary y caminó de mala ganas, pero quizás pronto volverá se decía para sí misma, y sonreía al recordar todo lo que vivió con Massimo.
Anmary le contaba a doña Teresa parte de su historia y doña Teresa la miraba con los ojos grandes y el mate con la pava de agua caliente.
El abuelo nos enseñó el bien y el mal. Sólo practicó el bien o lo que para él era el bien. En el pueblo tenía un diario: era siempre de oposición. Si ganaban los conservadores, papá era radical. Entonces perdía el cariño de la abuela, conservadora en extremo. Si ganaban los radicales, el diario era conservador. No había nada que mi abuelo no supiera.
Al lado de nuestra casa estaba la Intendencia. Los miércoles nosotros espiábamos a unas señoras muy misteriosas que llegaban en auto, con sombreros pequeños con voilettes a puntos y flores. Los tres nos poníamos de acuerdo para verlas bajar muy rápidamente y luego de un rato correr al auto que las esperaba casi en marcha. Un día le preguntamos:
"¿Esas señoras...?¿Qué es un quilombo, abuelo?¿Sabes que nos da pena verlas bajar y subir sin mirar a nadie? Dicen que son del quilombo, ¡y son lindas! Siempre vienen con sombrero, como las de España. Yo me acerqué y le digo una: "Adiós, señora", ¿sabes abuelo? Ella casi me besó pero se contuvo, me tocó la cara y parecía que lloraba. ¿Por qué? ¿Por qué eso abuelo?"
El nos dio todas las explicaciones.Nos hizo ver cómo aquellas mujeres llenaban una función social.-No son todas malas, hijos.No las miréis mucho que pueden sufrir.
Ellas, como vosotros, tienen también familias, penas y alegrías. Es la vida ¿sabéis? Bueno, es la vida. ¡Coño! ¡Esta niña, Jacinta! No la dejemos tan suelta. Preguntan de todo, ya saben casi tanto como nosotros...
"Cuando éramos chicos, para la fiesta de Reyes, la abuela de España nos mandaba unos regalos fabulosos. Siempre llegaban, puntualmente, la víspera de Reyes o mi padre se combinaba con el comisionista que iba de Buenos Aires al pueblo para que llegaran el día antes. En el balcón, solíamos poner tres bandejas, la mía hasta hace poco estaba por aquí era de porcelana, con figuras china. En ellas nos ponían los juguetes, que siempre recordaré como algo fabuloso. Entre los que más recuerdo está un teatro, bastante grande, de un metro de ancho
Por setenta centímetros de alto. Tenía todo lo que debía tener un teatro. Y los decorados correspondían a cada pieza que venía en un gran sobre. Un decorado representaba el fondo del mar con sirenas, peces, algas, etc. Otro, el palacio de un rajá hindú. Y otro, era para montar La florecilla do cada de Shakespeare. Todas las piezas habían sido adaptadas todas para niños.
Recuerdo que una vez el abuelo y la abuela leían el texto y movían los personajes, unos muñequitos muy chiquitos, muy paráditos, con una maderista muy larga para que se sostuvieran Mis abuelos, mientras iban leyendo, los introducían o los sacaban de escena.
Una tarde, fui con dos compañeras Jamandreu, vendimos entradas a todos los chicos del barrio. Las entradas costaban 5 centavos cada una. La casa se llenó, pero mis abuelos nos obligaron a devolver el importe a la concurrencia. Mi abuela, que fue presidenta del asilo de 25 de mayo, hasta que vino a Buenos Aires, se llevó el retablillo para darles funciones a los huérfanos.
Nosotros sabíamos que la abuela de España era muy rica
Porque íbamos todos los años y veíamos cómo vivíamos. Y desde chicos se nos fue haciendo la idea de que cuando ella muriera íbamos a heredar todo y por eso íbamos a ser poderosos
Pasaron los años. Mi abuelo murió en el 52. Mamá se murió pocos años después, mi abuela Jacinta me crío y hace dos años que no está con nosotros.
Lo que mi abuela debía recibir entonces era mucha plata. Pero para mí que a la pobre la estafaron. Nos quedó esa esperanza de ser millonarios, esperanza en la cual creo que se acunaron todos nuestros sueños de niños. Mi abuela materna y mis tías nos decían que no usamos que preocuparnos porque íbamos a ser inmensamente poderosos. La abuela paterna era española era dueña de una fábrica de aceite en Manresa, cerca de Barcelona y tenía un buen paquete de Acciones del ferrocarril, y muchas propiedades, hasta un castillo. Mi madre me contaba esa historia, pero no conocí a mi padre, él dejó embarazada a mi madre y la abandonó, después llego Gerardo ese bueno para nada, y murió a mano de ese cobarde, decían que mi abuela paterna era como el esplendor de la de la luna, era hermosa y muy inteligente un día solo se marchó y no regreso, y con ella mi padre.
Anmary con 17 años
Massimo Russo 22 años
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Updated 28 Episodes
Comments
Rosi Martinez
me encanta 💖 😍 no puedo parar de leerla, muchísimas felicidades por escribir así de lindo
2023-12-01
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Cris Tina
Bella historia Mary .es muy atrapante y cómica, pero también es nostálgica y con una descripción impresionante
2023-07-13
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Elizabeth🌻
que hermosa Anmary, tan delicada y tierna🌹🥰
y Massimo tan sexy🔥
2023-07-10
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