Buenos Aires Argentina mi primer apartamento

Italia

Massimo Russo

Mi padre logró su cometido, cuando fui a Argentina solo fue por 24 horas mi padre, durante el día pasé con él y madre Isabella, ella me cubría para que yo pudiera salir en la noche e ir a ver a mi bella Anmary, aunque ella sea pequeña de edad mentalmente es una mujer, es madura y muy valiente, cuando la conocí ella tenía tan solo 12 años, la abuela Jacinta, me contó todo lo que ella pasó, y con el paso del tiempo me convertí en su protector, hasta que la última vez Margarita y Germán fueron a golpearle y dejarle toda la noche tirada en medio del barro y el agua, al verla se me partió el corazón, esta noche que le fui a ver pude decirle cuanto la amo, es mi mujer aunque nos separa las distancias, hoy me llamo Jorge y aviso que falleció la abuela Jacinta, mi Anmary seguro está destrozada, prometo que te voy a sacar de allí...

Anmary

De repente, sola en el cuarto de la pensión av. Córdoba y San Martín, me pareció que todo se ensombrecía. Tirada en la cama vi la habitación llenarse de enormes telarañas grises, entre las cuales aparecían y desaparecían las caras de la gente de mi pueblo que refrán, gritaban, me acusaban haciendo gestos agresivos,"allí va la mujerzuela". ¿Creí que iba a gritarles, o lo hice?

"Ahora sí, ahora sí, he cumplido. He cruzado mis piernas y mis brazos con otras piernas y otros brazos. He sentido sobre mi pelo y sobre mis ojos el aliento de aquel chico, si soy una maldita prostituta tal como ustedes lo querían, tal como ustedes lo deseaban."

Al borrarse las horribles caras se dibujó de nuevo el rostro de mi abuela pero no pálido, ni triste. Sereno, con su mirada gris, comprensiva, fuerte y dulce a la vez. Por un momento pareció querer hablarme. Yo sé que no me reprochaba nada; que estaba allí casi al alcance de mi mano, tal como yo la precisaba en aquel momento. Seguí recostado. Eran las siete de la mañana. El otoño había, comenzado como comenzaban los otoños de la década del cuarenta, mi abuela me contaba que llegaba con precisión exacta. Por la ventana se veía un ciclo gris que tapaba el sol. Me pareció que era un día ideal para dibujar, para escribir, para pensar, para hacer todas esas cosas que uno quiere hacer un día de lluvia y luego no hace.

Mientras preparaba el café, en el calentador que escondía en un rincón entre el ropero y la pared, creí que estaba dado el comienzo de un especial aspecto de mi vida. Extrañaba al muchacho de ojos claros y asombrados pasaba a ser un recuerdo, un importante recuerdo que limitaba una época de mi vida, mi amado Massimo Russo, hoy hace 4 meses que mi abuela partió de esta tierra, y que te fuiste sin despedirte.

Salí de trabajar y cuando llegue a la calle esa noche oscura, el callejón que apenas le llegaba la luz de la luna Germán y Margarita, me agarraron y llevaron de mi cabellera a rastro dos chicos más me sujetaron los brazos y piernas mientras que Germán me violaba, "¡! Ayuda, ayuda¡!" Grité antes de sentir un golpe que me oscureció la vista, al día siguiente desperté en el hospital me dolía mi cuerpo, tenía muchos golpes y apenas si podía ver.

El doctor Víctor, llegó a mi habitación," pequeña Anmary lamento esta situación" yo solo negué con mi cabeza, él me revisa y poner analgésicos antes de irse, me dice:" Anmary afuera hay oficiales cuidando de ti, cuando estés recuperes tienes que irte a Buenos Aires, tengo mi hermana tiene una pensión, te irás sé que allá podrás salir adelante eres una niña, trabajadora y creo en vos" dijo el doctor con los ojos llorosos.

Yo únicamente lloraba, porque me odiaban que les había hecho para hacerme tanto daño, después un tiempo me quedé dormida, los días pasaron, don Eliot me vio en tan mal estado, yo le pedí que me pague mis dias de trabajo, pero el hombre parecía estar perdido, después vino con un sobre me pago los tres años de trabajo y vacaciones. Mi rostro estaba mejor el doctor Victor como mi boleto en tren , salí del hospital en compañía de él y su esposa doña Gloria eran muy buenos conmigo al llegar a la pensión tome lo mejor que tenia mis dibujos y mis cadenitas que me regalo mi abuela y Massimo, lo demás entregue a doña Matilde, tomé mi documento y salimos a tomar el colectivo, que me llevaría hasta, Garupa donde estaba la estación mis lágrimas caían, me siento impotente por no poder seguir aquí, pero volaré alto abuela lo prometo, acá no vuelvo más porque hasta no ser una diseñadora importante no volveré.

Llegué a Buenos Aires a los 15 , a punto de cumplir 16. Actualmente, no veo las cosas como las veía en ese momento. No digo esto porque ahora entienda mejor. En absoluto. Con el tiempo uno va comprendiendo cada vez menos de todo, y si dejo pasar un poco más, ya no voy a entender nada.

Esperé un rato para llamar a Rosa ,mi hermana y mi amiga. Tenía 15 años y vivimos en una pensión de Avenida de Mayo, -"la calle más linda de Buenos Aires", decía ella sí, ella me contaría la aventura. Él la esperaba y se reía de mí que le daba tanta importancia a un paso que al final, decía,

"lo harás cuando seas un viejo choto y gordo; y entonces, querido, nadie te va a querer acompañar en la caminata". le decía a Rafael

Corrí la pobre cortina de la ventana. En el balcón se deshojaban los malvones, los malvones de la mamá de Rosa, a mi pedido me había mandado. ¡Los malvones Rosa! ¡Cómo discutíamos con ella de chicos! A sus amigas les decía enfáticamente:

-"Tengo cuarenta y nueve, sí, cuarenta y nueve especies de malvones".

Nosotros, para hacerla renegar a doña Elvira corríamos por el gran patio y solamente contábamos doce. Entonces se enfurecía y nos quería hacer ver distintos matices de flores que eran exactamente iguales. Luego reía y decía algo que ahora me parece profético:

"No hay nada que hacer, estas dos mierdas van a hacer decir siempre lo que se les antoje. Nadie nunca podrá, hacerle decir a un hijo mío algo que no sienta o no vea".

Yo sé que estaba orgullosa que así fuera. Iba a dibujar. Tenía que empezar por lo menos las páginas que, semanalmente a través de Mundo Argentino, estaban popularizando mi nombre meteóricamente. Pero, no, no tenía ganas de hacer nada. Sentado delante de pequeña mesa, con lápices y papeles preparados, la "casabuela" me llenó la cabeza de recuerdos. Así llamábamos a la casa de la abuela Jacinta. Los muchachos más grandes de las casas vecinas a la nuestra, en la calle principal del pueblo nos preguntaban sonriendo al vernos salir:

¿Adónde van los ñeto?" Y ellos mismos contestaban:"Los muñequitos van a la 'casabuela' ellos me conocían como la nieta de doña Jacinta

"¿De dónde vienen los muñequitos 'casabuela?"

"De la casabuela vienen los muñequitos". Yo adoraba aquella pensión, luminosa, de enormes patios siempre limpios; aquellos muebles antiguos; aquella sala dorada, tapizada de gobelinos, cuyos pisos , enceraban con manía enfermiza, una tras otra, todas las mañanas, para abrir luego los balcones que daban a la calle polvorienta y tocar en el piano melodías que aún resuenan en mis oídos.

Tras el almuerzo, rito al que ninguno podía escapar y que solamente se podía alterar por la distancia y horarios de los colegios en que las tías, todas maestras, trabajaban, había hecho maravillas en la cocina ayudada por su vieja criada se bañaba. Se ponía batones floreados de suaves tonos rosados y grises y peinaba cuidadosamente su pelo plateado. ¡La estoy viendo! El último toque de su arreglo era enderezar los pitiquines, los antiquísimos, aritos de oro con rubies pequeñísimos incrustados en estrellitas de mil puntas. Entonces, al patio; al patio de atrás, entre la huerta y la casa. Allí se sentaba sobre un ancho tronco sobre el que los tíos ponían un colorido almohadón redondo, rodeado de altísimas ramas que hacían de respaldo. Todos, grandes y chicos lo llamábamos "El trono de ramas"; allí descansaba, levantando sobre una banqueta de madera su pierna derecha, siempre enferma. Cuando llegábamos a su casa después del almuerzo, la pregunta era siempre la misma: ¿La abuela ya está en su trono de ramas?... Y allí la encontrábamos a veces alegre, a veces triste, pero siempre fuerte y dirigiendo su mundo...

Su rostro de purísimas líneas, su altiva cabeza, sus ademanes, todo lo que pensaba hacía aparecer como una reina campestre.

Anmary caminaba pensando en mudarse, ya que había burbujas de humedad en las paredes descascaradas. Me bastó una mirada para sospechar goteras. La portera dijo una cifra. No soy la dueña. No puedo regatear. Lo toma o lo deja.

Me acordé de Rosa y la de pieza, de los horarios de la pensión, de las largas conferencias sobre la armonía del universo."Lo tomo" dije.

Al día siguiente golpee en el departamento de la portera para que me diera las llaves. Le pagué lo que habíamos arreglado.

"No es un departamento demasiado cómodo, pero le viene bien a un estudiante como usted. ¿Por qué usted estudia, no?"

Me gustaba que me tratara de usted. Pensé que a lo mejor mi cara había cambiado en los últimos días, imponiendo un poco más de respeto.

Todavía no, acabo de llegar a la ciudad. Pero pronto voy a entrar en la facultad.

"¿Viene de lejos?" doña Teresa era un poco chusma

"De Misiones" Le dije

Apreté las llaves en la mano. Había esperado mucho el momento de tener por primera vez un cuarto propio (un "departamento" como llamaba pomposamente la portera a esas cuatro paredes descascaradas). Era una ceremonia un poco triste esa entrega de llaves en comparación con lo importante que era para mí tener la habitación. subi enseguida, aunque no tenía nada que hacer

Arriba. Encendí la luz: era una lamparista de poco voltaje y tendría que cambiarla.

Me gustaba que el edificio estuviera tan cerca de la av. Corrientes. Había mucho ruido, pero yo estaba sola.

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Comments

Elizabeth🌻

Elizabeth🌻

Después de esas cosas horribles por fin va a poder empezar a hacer su vida mejor y dejar esos dolores atrás 🥺💕

2023-06-26

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