Una semana había pasado ya desde que Adán volvió a su pasado, este logro de a poco conseguir ciertos materiales en específicos que le ayudarían a ser tan fuerte como su antiguo yo lo más rápido posible, incluso si algunos de estos no le sirvan en este momento en un futuro serán de suma importancia.
Adán se encontraba en su habitación intentando crear algo con los materiales que ha llegado a comprar en el mercado negro, cuando Sebastián entro —hey Adán, ¿Hoy no habrá entrenamiento? —pregunto.
Adán sin voltear a mirarlo respondió —hoy no, si quieres puedes tomarte este día libre o puedes seguir entrenando por ti mismo, ten en cuenta que habrá varios días igual a este, no podre siempre estar junto a ti guiándote y cuando suceda eso deberías ser capaz de saber qué hacer por ti mismo.
Sebastián ya sabía esto, «es verdad, estos días ha estado bastante ocupado, si no me guía hace otras cosas, no tiene tiempo para descansar, así que sería lógico que haya días así» pensó.
Sebastián estaba por irse, cuando la curiosidad lo invadió, el saber qué estaba haciendo era su mayor prioridad en este momento, cuando miro a sus manos vio algunos materiales que desconocía rodeándoles y lo que parecía media esfera creada a base de esos materiales —¿Qué estás haciendo? —pregunto.
Adán sabía que no podía solo evitar la pregunta, no era buena idea dejarlo sin respuesta, la confianza que le tiene podría caer —es algo que nos ayudara cuando nos vengan a invadir, no seremos capaces de enfrentarlos a mano limpia, así que pondremos trampas distintas trampas.
A Sebastián esto le llamo la atención, no podía creer que esto le ayudaría a defenderse —¿Cómo funciona?
Adán con una sonrisa pícara respondió —es más fácil verlo que explicarlo, solo confía en mí.
A Sebastián no le quedó otra opción más que obedecer y confiar en él.
Después de que todo esto pasara, Sebastián salió de la habitación dejando a Adán seguir con lo que sea que estuviera haciendo, «quizás deba de empezar a hacer algo para las trampas de esta casa, también me estoy quedando sin fondos, debería ir y ganar dinero» pensó.
Luego de meditar un poco lo anterior dejo su artefacto junto con los materiales en su escritorio y se dirigió hacia la ciudad, al mismo barrio de siempre, pero esta vez no fue al callejón donde compraba, esta vez siguió caminando por un largo rato hasta que la luz del día ya no era visible.
Había un callejón tan estrecho que si estiraba ambos brazos hacia los lados chocarían con la pared, el aire que emanaba de este lugar era húmedo y apestaba a putrefacción, la oscuridad que prevalecía en el sitio era tal que no podía ver lo que tenía de frente, la única luz que tenía era la venia desde la calle, a pesar de todo esto entro sabiendo que alguien lo seguía desde hace un tiempo.
—Oye chico, parece que entraste en un sitio bastante “cerrado”, si quieres podemos ayudarte a salir, eso sí, tendrá un costo —exclamo una voz tosca que provenía desde atrás de Adán.
Varias risas molestas empezaron a resonar detrás de él tras decir acallas palabras —1, 2, 3… 8… 14… 18, curioso, no sabía que había tantas personas interesadas en mí, creo que estoy avergonzado —exclamo Adán.
Las risas se detuvieron después de decir aquello y otra voz resonó, esta vez se escuchaba muy pesada —ya veo, así que eres de esos, no veo por qué no puedes pagarnos de esa forma —luego de decir eso se escuchó el caminar del hombre que y al poco tiempo se escuchó un cierre moviéndose —vamos a divertirnos un poco chico.
A Adán esto le pareció repugnante, así que lo que hizo fue colocarse lo que parecía una canica negra en sus dedos, coloco presión detrás de ella haciendo que saliera disparada hacia delante de él a gran velocidad, reboto en la pared y volvió hacia atrás atravesando con suma facilidad el cráneo de todos sus perseguidores.
—Gracias por ayudarme a probar mis herramientas, gracias a ustedes, sé que aún es un tanto imperfecta —decía Adán mientras se acercaba a los inertes cadáveres de sus perseguidores que se encontraban detrás de él —no pensé matar a todos de un solo movimiento, supongo que fue suerte el que todos estuvieran en fila.
Una vez que tenía a sus pies los cadáveres les quitaba sus billeteras y cualquier objeto que le resultara útil, para su suerte consiguió una gran cantidad —hoy fue un día bastante productivo, después de todo, ladrón que roba a ladrón tiene mil años de perdón.
Tras salir del sitio fue al mismo callejón de siempre, en el cual estaba la misma repartidora esperando —¿Tienes el paquete? —pregunto Adán, cambiando su voz a una más pesada e imponente.
La joven repartidora ya no le tenía miedo, después de todo ya ha tenido varias reuniones con él a pesar de que solo haya pasado una semana —claro, como siempre de la mejor calidad —respondió la joven con una sonrisa en su rostro mientras sacaba el paquete de su bolso.
Adán lo tomo y sintió que además de su pedido venía una nueva tarjeta —parece que ya subí de rango, ¿No? —comento Adán.
La joven se sorprendió de que se diera cuenta sin siquiera abrir el paquete —claro, has llamado demasiado la atención de todos los altos cargos con tantos encargos en tan poco tiempo, en realidad incluso muchos me sugirieron cambiar nuestro lugar de entrega para que no sospechen—menciono la joven.
Adán ya había previsto esto de antemano, así que traía un papel indicando una nueva dirección —en ese caso nos veremos ahí, además, parece que dejaste de temerme, es como si ahora fuera uno más en tu vida, ¿Por qué? —Pregunto Adán mientras le entregaba el papel con la dirección.
La joven miró la nueva dirección, la cual no conocía «que mal, tendré que preguntarles a los demás por direcciones» pensó la joven.
Ruby se quedó callada un momento en busca de una respuesta a esa pregunta mientras miraba a Adán —a decir verdad, no estoy segura, tu sola presencia emana peligro, pero, algo en mí dice que ese peligro no es para mí, supongo que es por eso.
Adán solo sonrió ante esa respuesta tan tonta —bien, si ese es el caso puedes llamarme: primordial, necesitaremos seudónimos para comunicarnos con más facilidad.
Tras decir eso, Adán pretendía irse de nuevo al orfanato cuando la joven la detuvo —disculpe señor primordial, no le puedo decir mi nombre, pero pude llamarme como: Ruby.
Adán asintió ante esta aclaración y se marchó «Ruby… no tengo recuerdos de alguna trabajadora con ese seudónimo en el futuro, tal vez murió o puede que sea una variable, si ese es el caso puede que el futuro haya comenzado a cambiar, pero, ¿Por qué?», analizo Adán en su mente.
Con eso rondando en su mente, Adán volvió al orfanato, saludo a todos los que tenía en el camino, sabía que no podía destacar más de lo que ya lo estaba haciendo.
Una vez que camino todo el camino hasta llegar a su habitación estuvo a punto de abrir su puerta cuando de esta salió María, cuando vio a Adán llegar hablo —hola Adán ¿Cómo estás hoy?
Adán, sin reflexionarlo mucho, respondió con otra pregunta —¿Qué hacías en mi habitación?
—No mucho, pensé que le faltaría una limpia, así que vine a limpiar un poco.
Adán no se sorprendió mucho, María tenía esa costumbre de limpiar las cosas de forma impredecible —espero que mis cosas estén en el mismo lugar, ¿Lo están? —pregunto Adán poniéndose a la defensiva.
María se sorprendo de esto, pero solo tomo una bocanada de aire y respondió con esa sonrisa sincera que siempre la caracteriza —claro que lo están, aunque me dio curiosidad algo, ¿De dónde conseguiste esos materiales?, además, vi ciertas plantas debajo de tu cama, ¿Qué son?
Las alarmas de peligro saltaron por todo el cuerpo de Adán, no tenía muchos puntos por los cuales esquivar aquellas preguntas, pero si no supiera como salir de estas preguntas no hubiera llegado hasta donde llego antes.
Adán, con una sonrisa egocéntrica respondió —empecé a caminar por las montañas que están a las afuera de la ciudad estos días, en unas de estas caminatas encontré ese material, lo traje aquí para ver si podía hacer algo con estos.
María no estaba muy convencida de que sea la verdad, pero podía llegar a serlo —bien, en ese caso ¿Qué son esas plantas?
Adán sin dejar de sonreír volvió a responder —son plantas curiosas que me encontré a las afueras también, pensé que serían de mucha ayuda a la hora de hacer la comida o incluso medicinales, así que comencé a cultivarlas.
María estaba en duda de todo esto, pero incluso siendo ese el caso no podía hacer nada, le respondió todo de forma aceptable —bien, aceptaré que esos son tus verdaderos motivos y te dejaré en paz.
Tras decir eso, María se fue y Adán se encerró de nuevo en su habitación.
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