todo por mis hijos

Estábamos esperando el llamado de Alondra cuando vuelve a sonar mi teléfono.

- ¿Tienes el dinero?

- Sí, lo tengo. Bueno...

- Debes venir a una casa aquí en el lado asiático. Anota las coordenadas.

- Anotado.

- Entonces te espero. Besitos.

Llegué al lugar indicado. Alberto, Giancarlo y Ozan estaban escondidos afuera con los hombres de seguridad. Ozan y Giancarlos tenían más seguridad que Pablo Escobar. De verdad comenzaba a pensar que no eran simples empresarios o doctores. Algo escondían estos señores, pero eso no es lo importante ahora. Debo salvar a mis bebés.

- Mi amor, recuerda que una vez que salgas con los bebés te alejas con la carriola. Nosotros entramos y acabamos con esas perras. Ya la Interpol sabe de esto y los agentes entrarán con nosotros.

- Mi amor, si algo me pasa, te encargo a mis hijos. Cuídalos y dile que mamá los ama con su vida.

- Basta de arrumacos con mi hija. Ya le hiciste 3 chamacos y aún ni siquiera me pides su mano. Y tu hija te casaste sin tu padre. Eso jamás lo perdonaré.

- Usted está completamente loco si cree que debo explicarle mi vida y mis decisiones. Además, ¿por qué me habla como mexicano si es italiano?

- Eso se los explico después. Ahora el plan es que vayas, me traigas a mis nietos, porque quiero abrazar a mis pequeños Alberto y Giancarlo.

-Alberto y Ozan dije hablando casi en susurros.

- Sobre mi cadáver, bueno, sobre mi cuerpo resucitado, dejaré que uno de mis nietos lleve ese nombre, Ozan.

- Estoy aquí, desgraciado, oyendo. Si no fueras el padre de mi nuera y si no estuvieras ayudando como lo has hecho, te juro que te daría un tiro en la cabeza aquí mismo.

- El no es mi padre, es todo suyo, Ozan.

- Por entregar a tu padre, acabas de perder la mitad de tu herencia, insolente. Pagué los mejores colegios para ti. Saliste irónica y grosera.

- Lo que se hereda no se hurta, dicen las malas lenguas. Silencio, mi teléfono está sonando.

Era Alondra indicándome cómo entrar y dónde dejar el dinero. Y que esperara sus instrucciones para poder llevarme a mis bebés.

Caminé por un pasillo que parecía no tener fin. Solo quería llegar donde mis niños. Casi al final del pasillo había una habitación perfectamente decorada para bebés y dos cunitas. Ahí estaban mis hijos dormidos. En una silla mecedora estaba sentada mi madre con una pistola en la mano, esperando por mí con una sonrisa macabra que jamás creí que tuviera. Me indicó que me sentara. Habían pasado casi dos años sin verla. Su cabello estaba casi en sus hombros. En otra ocasión, antes de conocer a esa Alondra, frente a mí, la hubiera abrazado tan fuerte que jamás la soltaría. Sé que es un poco idiota de mi parte aún a pesar de todo sentir amor por mi madre. Ella, desde niña, jamás fue una mujer cariñosa. En mi presencia, muchas veces simulé dormir. Cuando entraba a mi habitación, me besaba la frente y me arropaba. Sabía que en su mente retorcida había quizás un poco de esa mujer.

-Miren a quién tenemos aquí. ¿No es mi perfecta y bondadosa hija, la ilustre señora Remington? Perdón, la señora Aslanbey. Se me olvidaba que Alberto no es tu hermano. ¿A estas alturas ya debes saber quién es tu padre, verdad? ¿O debes haberlo intuido? Porque siempre te decía que tu amor con Alberto estaba maldito. ¿Por qué pensé por años que ustedes eran medios hermanos? Ese día que los encontré desnudos, sentí una ira en mi interior porque pensé que mi hija repetiría mi historia.

-Hasta ahora no sabía quién era mi padre, pero cuando Ludmila dijo la verdad sobre el padre de Alberto, entendí tus palabras y quién era mi padre.

-Tus pequeños son tan bonitos. Me recuerdan a ti de bebé. Jamás lloraste de más. Siempre calladita. Nunca molestaste en nada. Eras una bebé perfecta.

-¿Y por qué te los llevaste de mí?

-Dinero es dinero, hija mía.

-¿Britany dónde está? Ella no es tu novia? Lo sé por el beso que salen dándose en las cámaras de seguridad de mi casa.

-¿Te molesta mi verdad?

-¿Por qué debería? Si cada quien elige amar como cree correcto, nadie es santo para juzgar la vida del otro.

-Por eso eres mi hija, porque no juzgas jamás ni me has reclamado nada de lo que hice hasta ahora.

-Puedo llevarme a mis hijos, el dinero está ahí, lo puedes revisar.

-Lamentable, el valor del rescate subió y tú sabes mi ubicación. No puedes salir, o más bien, juguemos un juego. Te doy la opción de irte, pero solo puedes elegir a uno de tus hijos, o mejor, Brittany. Los entrego a todos los que están afuera vigilando y tú te quedas aquí y vemos cuánto quieren pagar por ti.

Veo en la muralla un televisor con pantallas donde se ven los autos que están afuera. Lo que no sabía era que nos estaban escuchando porque el botón de mi abrigo tenía un micrófono. Quienes estaban afuera sabían qué hacer perfectamente y si tenía la posibilidad de salvar a mis hijos, entregaba mi vida por ellos. Los puse en el cochecito y me despedí de ellos entre lágrimas, por si no los volvía a ver nunca más en esta vida.

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Comments

Patricia Salazar

Patricia Salazar

Que horror 😱 esa no es una madre 🙈
hacerle eso a su hija 🤷‍♀️ todo por dinero 💰 que las encarcelen 😡

2025-02-09

0

Carolina Milagros

Carolina Milagros

Que maldita de esta madre sise dice ser madre

2023-10-04

4

San Aguirre

San Aguirre

¿habla como mexicano? aquí de un estado a otro se habla diferente 🙄

2023-09-18

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