Mis gemelos cumplieron mes y medio de nacidos. Ya están más despiertos y son la copia de Alberto. Sus ojos grises, característicos de él, son tan bellos. Elaia ama cada día más a sus hermanos y vivir aquí se siente como ser una turca más. Decidí inscribirla en una escuela internacional donde enseñan a hijos de extranjeros. Nuestras clases de turco ya están dando frutos y podemos interactuar libremente con las personas sin usar el inglés. Mi suegro ha sido un profesor muy paciente. Alberto y yo aún no hemos vuelto a tener intimidad desde el parto. Hoy saldremos a cenar y después llegaremos a la casa a ustedes saben qué. Estoy un poco nerviosa. El doctor nos explicó que después del parto las mujeres tienen un poco más apretado ahí abajo y si lo pienso, Alberto es más grande que el promedio general. No es que haya visto muchos penes en mi vida, el único ha sido el de mi esposo, pero en mis tiempos solteros no había nada que mi amiguito a pilas de Amazon no solucionara y, por supuesto, veía porno para entretenerme.
- Mi amor, ¿estás lista?
- Sí, mi amor, vamos.
Cenamos en un restaurante muy bello a 15 minutos de la casa. Después, decidimos pasear por el muelle para disfrutar nuestra noche. Luego regresamos a casa. Los gemelos y Elaia estaban con la niñera. Accedí a contratar una para poder reintegrarme desde casa a mi trabajo. Teníamos esa noche para los dos. Entramos a la habitación y Alberto se paró atrás de mí. Empezó a besar mi cuello suavemente hasta llegar a la cremallera de mi vestido. La deslizó completa hasta que mi vestido cayó al piso. Quedé en ropa interior y mis tacones. Aún mi cuerpo no volvía a ser el de antes. Tenía un poco de pancita del embarazo. Me daba un poco de vergüenza, pero Alberto me relajó cuando empezó a besarla. Él me amaba delgada y post parto. Para él, seguía siendo una diosa que amaba cada día. Cuando estábamos completamente desnudos sobre la cama, quise hacer una locura de aquellas. Empecé a mamar el miembro erecto de mi esposo, quien tenía una cara de placer que me derretía. Después de un rato, sacó unos preservativos que pasamos a comprar de vuelta de cenar y un tubito de lubricante del bolsillo de su chaqueta. Me lubricó mi parte íntima, se puso un preservativo, entró despacio en mi parte íntima para evitar hacerme daño. Una vez dentro, comenzó a moverse más rápido. Le seguí el paso hasta que cambiamos de posición. Me puso arriba de él. Tomé la iniciativa de moverme de forma descontrolada, tanto que llegamos al clímax juntos.
Nos quedamos rendidos sobre la cama. Alberto prendió un cigarrillo cerca de la ventana y abrió un poco las cortinas. No pude evitar ir detrás de él para compartir ese cigarrillo juntos, mientras me abrazaba y golpeaba mis nalgas diciendo una frase que me dio mucha risa.
- Hogar dulce hogar, no hay nada mejor que hacer el amor con mi esposa, la mujer más bella y perfecta del mundo.
- Extrañaba estar así contigo, mi amor, pero tengo una petición, mi vida.
- ¿Cuál amor?
- ¿Podríamos al menos varias veces a la semana repetir esto? Jajajaja, extraño mucho a mi esposo y fueron 6 semanas sin disfrutar nuestra vida de pareja.
- Lo prometo, mi hermosa.
Fuimos a la ducha porque estábamos muy cansados y temprano por la mañana debíamos volver a nuestra labor de padre. Nos íbamos a dormir cuando sentimos un grito de Ludmila.
- ¡Está vivo por Dios, está vivo! Ozan era él, lo prometo.
- Cálmate amor, es imposible que ese desgraciado esté con vida.
- Era él, viví años con ese cerdo y puedo reconocerlo donde sea a ese maldito. No estoy loca, ese maldito está vivo.
- ¿Acaso no fue cremado y sus cenizas no se fueron por el retrete?
- Sí, pero ¿y si no fue así? Ese hombre es capaz de todo, puede ser él quien está intentando matarnos.
- Voy a revisar las cámaras de seguridad.
- Mamá, ¿qué sucede? ¿Por qué gritas de esa manera? Acabas de despertar a Elaia y los gemelos. Dejé a Sofía con los niños, estaban muy asustados por tus gritos.
- Hijo, Giancarlo está vivo, lo acabo de ver aquí frente a la ventana de la sala. Créeme, no estoy loca.
- Mamá, no puede ser. Yo mismo realicé los trámites funerarios, vi cuando llegó al crematorio y yo retiré sus cenizas.
- Hijo, créeme, está aquí. Él debe ser quien ha estado intentando matarnos.
- ¿Qué sucede, Ludmila? ¿Estás bien?
- Sofía, hija, por favor, saquemos de aquí a los niños. No podemos estar aquí. Giancarlo está vivo, lo vi. Era él, no estoy loca, créeme.
- No puede ser, ese maldito no puede estar vivo.
- Sofía, mamá, no hagan conjeturas. Revisaremos las cámaras con los guardias de seguridad.
Revisaron las cámaras de la terraza y las que daban del yate directo a la casa. Se veía una figura entrando desde la casa de al lado a la nuestra por la parte del muelle. Todos quedamos petrificados cuando vimos quién era el sujeto que le apareció a Ludmila: Giancarlo Remington, el cerdo más asqueroso de la vida. En un impulso de ira, salí corriendo hacia la terraza y grité: "Giancarlo Remington, maldito viejo cerdo asqueroso, sé que estás oyendo. Así tenga que recorrer el mundo entero para encontrarte, pagarás por todo lo que hiciste. ¿Me oyes?". Giancarlo oía las palabras de Sofía, su única hija biológica, quien lo odiaba más que nada en el mundo. Se le rompió el corazón al oír todo el odio que su hija sentía por él.
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Comments
Patricia Salazar
Giancarlo estás en problemas 🤷♀️ tu única hija te odia y con razón, robaste a su hija y la hiciste pasar por muerta 🤦♀️ no es justo 😔 solamente para utilizar en tus planes 🙈
2025-02-09
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Lorena Perez
que Giancarlo le diga la verdad a Sofía .. antes que su mamá la envenene más ...
2023-09-20
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Inirida Contreras
me encanta bueno el también q pague por sus travesuras
2023-08-03
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