Danna:
Me removí del asiento, miraba a los pasajeros que ya estaban bajando del avión. Solté un gran respiro… Habíamos llegado.
Me levanté para salir del avión. Abrí la gaveta, tomé la punta de la mochila para poder bajarla… Rodé los ojos recordando que el hombre aquel me había ayudado a meterla, sin darme cuenta que lo había hecho hasta el fondo.
Me senté de nuevo para esperar a ver si alguien pudiera ayudarme a bajarla. Unos chicos pasaron por el pasillo donde me encontraba.
Danna: Disculpe.
Los chicos me miraron.
Chico: Hola. Dime.
Danna: Siento molestarlos, ¿será que me pudieran ayudar a bajar mi mochila?
El chico sin ningún problema asintió bajándola y me la entregó. Agradecí y los chicos como si nada siguieron su camino. Al menos aun existían chicos amables aun. Me levanté esperando que solo nosotros quedáramos.
Miré hacia atrás ya fijándome que las azafatas solo estaban revisando el avión para que nadie se haya quedado dormido y bajarlo.
Bajé las escaleras, el aire estaba muy fresco. Solté un gran respiro recordando que en ningún momento pensé que el clima de aquí estaría con gran fresco. Me abracé con mis propios brazos. Ahora tenía que buscar un lugar donde pudiera estar. Tenía la tarjeta de Jorge pero tampoco quería gastarle su dinero que con mucho esfuerzo había juntado para él.
Caminé por el largo pasillo. Sinceramente nunca me había sentido desprotegida y sola. Tenía mucho por hacer, mi cabeza me daba muchas ideas pero ninguna clara. Si tan solo pudiera contar con alguien aquí para pedir ayuda, o un poco de hospedaje sería de maravilla.
Salí mirando como ya estaba un poco claro. Miré el reloj de pared del aeropuerto mirando que eran las 4:55 am. Me acerqué a una cafetería del aeropuerto. Moría de hambre.
Tomé unos panecillos solicitando un poco de café. Algo caliente para entrar en calor. La dependiente sonriente me miraba, sonriendo al entregarme mi pedido. Pagué por ello. Miré el euro sabiendo que era de ese miserable.
Me senté en una mesita algo alejado de los demás. Mis lagrimas empezaron a caer por mis mejillas. Negué con la cabeza, sabiendo que le estaba dando la razón a ese hombre. Acepté el dinero por un “trabajo realizado”. Aparté mis lagrimas comiendo el panecillo.
Como las palabras podrían marcar la vida de una persona. Eran peor que los golpes. Los golpes se borrarían pero las palabras dichas por un mal hombre… No, esas quedarían en mi recuerdo y más por lo que me hizo.
La dependienta se acercó ofreciéndome un poco más.
Danna: Solo me alcanza para uno.
Dependienta: Es rellenable.
La chica muy amable rellenó mi taza, le agradecí mirando por el cristal un auto muy lujoso, vaya, segundo auto que veo de la firma de mi padre.
Danna: Disculpa.
La chica con su hermosa sonrisa se acercó mirándome. Se quedó frente de mi.
Danna: Aquí en Italia residen unas personas con el apellido Ferrer.
Ella sonrió asintiendo con la cabeza.
Chica: claro, son la familia más poderosa de Italia. Tienen muchos negocios y muchas empresas.
Danna: ¿A que se dedican?
Chica: Su mayor fortuna son las bienes raíces. Aunque tienen varios tipos de negocios, antros, restaurantes, bancos, se dedican a la compra y venta de residencias. ¿Los conoces?
Danna: No…. Claro que no. Jamás me gustaría toparme con ellos.
La chica puso su mano en mi hombro, la apartó rápidamente. Se alejó de mi… ¿Será acaso que tocándome, pudo sentir que no soy digna?
Mis ojos se llenaron de nuevo mis ojos de lagrimas, pasé una servilleta por mi nariz y mis ojos que no habían dejado de sufrir por el horrible recuerdo.
Claro, como era de esperarse. Una familia poderosa sintiéndose capas de dañar a las personas sin importarles nada. Son unos malditos miserables, todos, cada uno de los integrantes de esa maldita familia. Aunque uno en especial no tuvo piedad de mi desgraciando mi vida. Ojala que nunca pueda conciliar el sueño. Así como de seguro no lo podrá hacer…
Pasé de nuevo la servilleta, sentí que me pusieron algo en mis hombros, levanté mi mirada encontrándome con la chica, me sonrió.
Chica: Hay mucho frío.
Danna: No como crees…
Intenté quitarme el abrigo de la chica. Ella tarde que temprano también tendría que cubrirse para retirarse.
Chica: No te preocupes, tengo otro en mi casillero.
Dejé caer mis lagrimas nuevamente, esta chica no la conocía era bastante amable. Puso su mano en la mesa, mirándome con ternura.
Chica: No sé que te haya ocurrido pero sea lo que sea. Tómalo como una experiencia. Las lagrimas purifican, aunque tus lagrimas son de mucho dolor.
Asentí con la cabeza. Ni siquiera Claudia mi amiga me hubiera hablado de esta manera, por el contrario, ella me hubiera dicho, “vamos matemos a ese hombre”
Danna: Gracias. Necesito un lugar donde poder rentar, claro mientras busco empleo.
Chica: Me llamo Megan. Vivo en una pensión siempre hay cuartos disponibles allí. No tardo en salir. Tengo luego que ir a trabajar para mi segundo turno. Si gustas esperar.
Asentí con la cabeza. Solté un gran respiro. Al menos podría tener un poco más de tiempo para pensar lo que realmente quiero hacer. La chica se apartó siguiendo con su trabajo.
Terminé mi café y mi panecillo, la chica después de un buen rato se acercó a mi para decirme que ya estaba lista y que podíamos irnos. Ella se despidió de sus compañeros.
La seguí cuando me dijo que había terminado su turno. Las dos salimos, ella sacó sus llaves de un auto, era un poco viejito, ósea, no tan nuevo del año pero tampoco que nos pudiéramos quedar por el camino, pero al menos podía moverse de un lado y del otro.
Nos subimos al auto.
Megan: ¿De donde vienes?
Danna: De Inglaterra.
Asintió con la cabeza, sonrió empezando avanzar. Las dos estábamos en completo silencio sin decir nada. Miraba el camino, no sé que pensaba o que si tenía pensando en que no haría nada. Pero al menos quería solo un lugar y empezar a buscar empleo.
Megan: tienes un bonito acento.
Danna: Me llamo Danna Alcazar.
Megan: Bonito nombre. ¿Qué edad tienes?
Danna: 21.
Megan: Yo 27. Espero que no lo tomes a mal, pero ¿Por qué te expresaste así de los Ferrer?
De nuevo el recuerdo de ese hombre se hizo presente, bajé la mirada. Ella hizo su alto por el semáforo mirándome, aparté rápido mis lagrimas. Ella estiró su mano tomándome de la barbilla.
Megan: ¿Mal de amores? Digo, los integrantes de la familia Ferrer se les conoce por ser hombres muy guapos, solteros y con muchas mujeres a su alrededor.
Negué con la cabeza mirando hacia afuera.
Megan: De acuerdo, mejor no hablemos más del tema. ¿Cómo es que viniste a una ciudad tan cara? Milán es la cede de los millonarios, claro, sin tener en cuenta de los mafiosos que viven por el sur.
Danna: ¿Mafiosos?
Megan: Como en todo país.
Danna: sinceramente no tenía rumbo. Mi padre me echó de mi propia familia.
Cerré los ojos con fuerza, no quería hablar de ello y mucho menos con alguien con quien no conocía. Aunque me había dado la confianza, no quería hacerle saber a nadie sobre mis problemas. Las respuestas llevarían a más preguntas, luego a más respuesta y eso era lo que menos quería dar ahora.
Megan: Cuando te sientas mejor y desees hablar podremos hacerlo. No te conozco pero noto que por dentro estas hecha un desastre. Dale tiempo al tiempo y tú misma hablarás.
Entramos por un lugar que se veía que era una zona humilde, sonreí al ver que al menos podría pagar este lugar. Megan se aparcó en el estacionamiento del lugar. Abrió la puerta cosa que igual hice para seguirla.
Caminé con ella siguiendola en todo momento.
Mujer: Niña Megan. ¿Cómo le fue hoy?
Megan: Hola señora Miriam, bien. ¿Se encuentra don Benjamin?
Mujer: Ese viejo cascarrabias si. Acaba de llegar como siempre de mal humor.
Megan: Hay doña Miriam.
Le dejó un beso en la mejilla haciéndome señal para que la siguiera.
Megan: Doña Miriam es la inquilina que más e queja de todos. Así que no te preocupes si en algún momento te dice algo en tono de reclamo.
Asentí con la cabeza, Megan ya daba por hecho que me quedaría. La seguí cuando abrió la puerta de una pequeña oficina. Ella tocó captando la atención del hombre que era de mayor edad. Él hizo señal para que pasáramos, estaba atendiendo una llamada. Estaba muy serio, las dos nos sentamos.
- Claro entiendo. No se preocupe, lo resolveré con los inquilinos.
El hombre terminó la llamada mirando a Megan.
Megan: ¿algún problema don Benajmin?
Benjamin: No, niña, claro que no. ¿Cómo le fue en su trabajo?
Megan: Bien, al rato ya sabe tendré que ir a la empresa.
Miré sorprendida a Megan. ¿empresa? ¿Será que ella es hija de un magnate? Bueno si lo fuera, ella no estaría viviendo en este lugar.
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Valentina
Megan
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Comments
Alexandra Del Carmen Fonseca Chirino
una humilde trabajadora es tu nueva amiga
2024-02-15
6
Isabella Rúa Ochoa
valentina?? esa es cual
2023-08-17
2