Te odio mi amor

Smith viste un esmoquin. Está en una mesa junto al señor Johnson. Es la cena de gala anual de Empresarios. El señor Johnson lo llevó para que ocupe el lugar de Thomas, no quiere ni verlo cerca por cómo está tratando a Irene. No entiende qué sucedió entre ellos esa tarde. Preguntó a Irene y ella solo dijo que era lo mejor, que estaba bien. Pero eso no es correcto.

En esa gala entregan diplomas y certificaciones a empresas y empresarios. Smith escucha sin prestar atención, vino únicamente para no estar viendo para la casa de huéspedes constantemente. Aplaude cada nombramiento sin ganas. Una mano le tocó el hombro. Es Simón. Se aleja de la mesa un momento, en ese momento es el turno de recibir la distinción la empresa del señor Johnson. Hace un discurso corto y va rápidamente a la mesa cuando vio a Simón acercarse a Smith. Cuando estuvo cerca se acercó y le dijo al oído.

_ Es Irene...

Sin mediar palabras salieron de la gala. Los de seguridad intentaban contactarse con el señor Johnson, pero su celular está apagado por el evento. Thomas no responde. Por suerte, los guardias tienen el número de Simón, que se pone de inmediato en movimiento.

Cuando llegan a la mansión, los guardias explican la situación. Les dicen al señor Johnson que en la bitácora de guardia, ellos, al retirarse, dejaron expreso que no había nadie en la casa. Ni tampoco sabían que Smith tenía una hija, y menos Thomas.

_ Excusas... ¿Qué pasó? ¿Dónde está Irene y la beba? ¿Por qué no la siguieron? - pregunta el señor Johnson revisando su celular.

_ No hay nota, ni rastro de donde pudo ir...- dijo Smith que viene de la casa de huéspedes.

_ ¿Qué les pidió a ustedes? - preguntó una vez más el señor Johnson.

_ Que los ubiquemos porque la niña estaba enferma...- dijo con temor uno de ellos, dándose cuenta lo mal que actuaron.

_ ¿Enferma? ¿Tú viste algo, Smith? - preguntó el señor Johnson tratando de obtener más información.

_ Cuando la llevé estaba dormida, no noté nada raro...- dijo Smith tratando de recordar lo que sea.

_ Señor... Este dice que su compañero podría haberle roto la muñeca a Irene...- informó Simón, que también sufre por lo que le pasa a esa mujer.

- Lo voy a matar... - dijo Smith con toda la furia.

- Calma. Ya arreglaremos cuentas con estos, hay que encontrar a Irene. ¿Dónde podría ir?... - razonó Smith.

- Si Grace está enferma, tal vez la llevo al Centro Médico donde hace los controles... - razonó Smith.

- Comencemos por ahí... Ustedes dos se quedan aquí. Si regresa Thomas me llaman... Después arreglaremos cuentas...

Thomas se sintió tan enojado cuando su padre le dijo que no lo acompañara a la gala, que quería romper todo. Y es por culpa de esa pequeña arpía. Puso a todos en su contra, la odia. Hasta Grace hizo mañas y casi no tomó la leche. Hacía unos berrinchitos como diciendo que extraña a su mamá. Nada estuvo bien ese día. Entregó a Grace a Smith y salió a beber. No es un hombre que se tire a la bebida, solo quiere una excusa para pegar a alguien. Todos en ese bar saben que está de malas o nadie le interesa lo que le pasa. Una melena dorada se sentó en la barra cerca de él. No tardó en acercarse a él. Thomas tocó su cabello, no le interesó nada más. Ni le prestó atención a los demás rasgos físicos. Después de unas copas se marchó con ella a un hotel. Ni bien cerró la puerta, dio rienda suelta a sus instintos, ni siquiera esperó llegar a la cama. Tomó a esa mujer, ahí, en el piso. Únicamente se detuvo un momento para ponerse el preservativo. La mordió como queriendo dejar su marca. A ella la puso frenética y más deseosa. A él después le vino la imagen de la espalda de Irene. Se enfocó en disfrutar del momento, de tener sexo sin restricciones. La risa de satisfacción de esa mujer no le gusta. Se levanta, extiende su mano a ella y la lleva a la cama, sin decir nada y sin contestar lo que ella le pregunta.

- ¿Te gustó? ¿Eres todo un atrevido?... Cuando te vi, pensé que serías un caballero... Aunque, así me gusta más... Salvaje animal... - dijo la mujer.

Thomas no la quiere oír. Y la calla con besos violentos, a lo que ella lo muerde también. Jugó con sus pechos y los apretó con fuerza. Prácticamente, se desquita en todo sentido, con esa mujer. Sexo descontrolado, salvaje, nada de amor. Sólo instinto. Sin ningún fin, más que descargar su ira.

"Después del sexo que queda", resuena en su cabeza la voz de Irene. Cuando su respiración se calma, mira a su alrededor: un cuarto de hotel, una mujer desconocida que está desnuda a su lado y él con una victoria amarga. "Después del sexo que queda", resuena en su mente. Se levantó y buscó su teléfono. Abrió la aplicación para ver las cámaras en la casa de huéspedes. Quiere verla, siente que es una obsesión. Esa pequeña arpía no le deja ni disfrutar del sexo fatal que tuvo recién. Con toda esa acción y de pensar en verla, una erección involuntaria tiene. Está a punto de volver a la cama y tomar una vez más a esa mujer en nombre de Irene, pero no la ve por ningún lado de la casa, ni tampoco a Grace. Ahí se da cuenta de la cantidad de llamadas perdidas, las revisa. Unas son de la seguridad de la mansión, otras de su padre, varias de Smith y dos de un número desconocido. Este último dejó un mensaje de voz. Lo reprodujo.

- Señor Johnson, será mejor que venga al Centro Médico a dar respuestas sobre su mujer e hija. Yo se lo advertí.

Es la pediatra de Grace. No entendió nada. Se vistió con urgencia y salió del hotel. Antes de encender el auto, llamó a Smith.

- Por fin, Tomy... ¿Dónde estás? Hace horas que te busco... Es por Irene y Grace... - contestó Smith.

- ¿Qué hizo esa arpía?...

- No hables así, ven rápido al Centro Médico y será mejor que vengas con un abogado... - colgó porque lo llaman para declarar.

"Me habrá denunciado", pensó. No, ¿por qué haría eso? Bueno, motivos hay muchos. Llamó a Cristian y le pidió que fuera a su encuentro. Cuando llegó, fue directo hacia donde está su padre, y este lo fulminó con la mirada.

- ¿Dónde estabas? ¿O mejor dicho, con quién estabas?...

- ¿Qué pasó con Grace?...

- Pasó que tuvo una intoxicación, tiene gastroenteritis y mucha fiebre... ¿Qué le hiciste? ¿A quién se la dejaste a cargo?... - el señor Johnson quiere sacar a su hijo afuera, darle una pateadura y un baño. Destila un olor a sexo y su apariencia también.

Yo cuidé de Grace todo el día y no estaba enferma, debió ser Irene, ella es la culpable...- aún no entiende lo que pasa.

Parece que nunca asumes las responsabilidades... ni has preguntado por Irene...

¿Y cómo está, Irene???...- con todo el sarcasmo posible.

Está en una cirugía menor, cuando llegamos y Smith la calmó, recién pudieron sedarla...

¿Qué? ¿De qué hablas? No entiendo qué pasó...- en su cabeza solo hay contradicción, quiere buscar a esa mujer que lo vuelve loco, pero también le duele cómo lo rechazó.

Fueron una serie de hechos, de los cuales tú eres el responsable, lo que llevó a que se enfermara tu hija y que Irene, en su desesperación por conseguir ayuda, terminara con una luxación en su muñeca...

Thomas trata de entender lo que le dice su padre. Y otra vez la voz acusadora.

Ahhh... llegó el padre del año... y parece que el hombre del año también... ven conmigo que tenemos que aclarar unas cosas...- dijo la pediatra.

Thomas siguió a la doctora hasta donde atienden a Grace. Su bracito derecho está inmovilizado por una tablilla para que no se mueva mucho por el suero. Le duele verla así, ¿cómo o qué ocurrió para llegar a esto? Caminó hasta ella y le acarició con suavidad la carita de su niña, ella está enferma, y él no estaba para acudirla. Todo es culpa de Irene.

Irene dijo que no le dio el pecho en todo el día, y me consta. Tuve que pedir a la enfermera que la ayudara a extraer su leche, sus pechos estaban repletos, unas horas más y le comenzaría a afiebrarse... también dijo que estos días tú la cuidabas...

Es verdad, yo la cuido durante el día...- comenzó a aclarar.

Bien... ¿y qué le das de comer?...

Comer, nada aún... solo leche materna...- sus nervios comienzan a surgir.

Pero no la de Irene... ¿de dónde salió esa leche?...

¿Es por eso que Grace enfermó?...- su cara está desfigurada.

No estoy segura aún, pedí varias muestras para averiguar lo que pasó y descartar otras... tú sabías que ella es intolerante a la leche de fórmula...

- Sí, por eso fui al Banco de Leche Materna, un lugar seguro...

- ¿Y no es más seguro que se la extraiga Irene? ¿Dónde estaba Irene, porque tú la tenías todo el día?...

- Ya le expliqué que tuvo una emergencia familiar... ¿Necesito un abogado? Porque usted parece que me acusa de algo y no sé bien de qué se trata todo esto...

- ¿Sabes qué ocurrió con Irene? - volvió a centrar el tema mientras controla a Grace.

- Sinceramente, no tengo idea... ¿Ella también está con gastroenteritis? - está desorientado, ¿a dónde va todo este tema? ¿Qué pasó esa noche?

- No. Físicamente, llegó con una luxación en la muñeca izquierda, la rodilla con escoriaciones leves... Mentalmente, llegó alterada, en shock nervioso severo, laguna mental tan grave que no recordaba ni su dirección, ni números telefónicos de emergencia... Tan malo que no podía darse cuenta de que hablaba en castellano a pesar de entender que le hablamos en inglés... Una persona perturbada por un evento traumático...

- Está exagerando... ¿De qué evento traumático habla? Cuando salí de la casa todo estaba bien... - no podía creer lo que dice esa mujer. Irene se las ingenia para ser siempre una víctima.

- ¿Que yo exagero? Huía de alguien, llegó en pijama y descalza. No tenía celular, ni tarjetas de crédito. Si tenía dinero en efectivo, también la documentación de ella y su hija... ¿Y usted dónde estaba? ¿De fiesta? ¿Y fue la oportunidad de que pudieran escapar? Como yo lo veo, parece ser la típica mujer sometida, alguien que está en contra de su voluntad, no quiso más esta vida... Hoy vio la oportunidad...

- No sabe de qué habla, no se meta...

Está complicado, mire por el lado que mire. "Laguna mental... ¿Alterada? ¿Qué le pasó a la arpía?".

- Tiene razón y por eso llamé a la policía... - hizo señas para que se lo llevaran.

La División de Violencia Doméstica lo sacó de ahí, justo cuando llegó su abogado. Miró el pasillo y no vio ni a Smith, ni a su padre. Está solo. No entiende lo que pasó. Él no estaba ahí, no sabe si eso es mejor o peor.

Tardaron toda la madrugada en desbaratar esa situación. Mientras se llevaban a Thomas, el señor Johnson mandó buscar a los guardias para que aclararan lo que ocurrió esa noche. También trajo las cintas de vigilancia de la casa y presentó pruebas de dónde estuvieron hasta que se enteraron de la situación de Irene. Ahora queda que Thomas explique dónde estuvo y con quién. Y lo más importante, qué dirá Irene cuando declare.

El efecto del sedante fue pasando, y a primera hora de la mañana, la pediatra fue a despertar a Irene. Su padre está con ella, sentado en una silla a su lado.

_ Buenos días, ¿cómo están por acá? Necesito una mamá urgente...hay una nena que tiene que comer...- dijo la doctora mientras la enfermera ayuda a Irene a levantarse para higienizarse.

_ No dejo de temblar toda la noche...- Le confió Smith a esa mujer.

_ Es un gran trauma lo que vio, el estrés de la situación, el maltrato...

_ Le aseguro que Thomas no la maltrata, si es cierto que están peleados...pero son tonterías de pareja...

_ Llegar como lo hizo Irene no son tonterías...mire su muñeca...

_ No fue Thomas... Si hay que buscar culpables, somos todos, ella quedó sola con Grace...- insistió una vez más.

_ No se altere, va a tener que esperar afuera un momento...

Irene está más tranquila. No se explica cómo pudo alterarse tanto anoche. Perdió la calma, solo espera que esto no traiga problemas con Grace, pero si ella no hacía nada... Ni quiere pensar lo que le hubiera pasado a Grace. Thomas debe aborrecer su presencia porque en ningún momento ha venido a verla. Bueno, ya lleva muchos días así, y ella no es tan importante. Únicamente espera que por lo menos haya estado con Grace.

Han traído a la bebé, aún con el suero, y la acomodaron sobre el pecho de su mamá. Grace comenzó a buscar con su manito libre y apoyando su boca en el pecho. Irene no pudo evitar que unas lágrimas se le escaparan. Siente tristeza porque ella está conectada a una vía intravenosa. Tan pequeña y tener que sufrir así.

- Irene, ¿cómo estás? Soy el psicólogo clínico que te va a ayudar - dijo el hombre asiático con una sonrisa amable.

- Estoy bien, gracias - respondió Irene tratando de controlar su nerviosismo.

- Me han contado un poco sobre tu situación y estoy aquí para ayudarte a procesar lo que ha pasado y encontrar formas de salir adelante - continuó el psicólogo.

- Gracias, lo aprecio mucho - dijo Irene con gratitud.

El psicólogo comenzó a hacerle preguntas y a escuchar su historia, mientras Irene se sentía cada vez más cómoda hablando con él. Poco a poco, comenzó a sentir que había una luz al final del túnel y que podía superar lo que había pasado. Grace seguía durmiendo pacíficamente a su lado, y Irene se sintió agradecida por tenerla allí con ella. Sabía que no sería fácil, pero estaba lista para comenzar a trabajar en su recuperación.

_ Hola Irene, soy Jiro Huang... tu amiga que se preocupa por ti me pidió que te visite... - dijo mientras buscaba una silla y se ubicaba a media distancia.

_ Hola doctor... - saludó casi sin ganas.

_ Soy Jiro... - volvió a repetir, esta vez con una sonrisa.

_ OK, Jiro...

_ ¿Cómo te sientes?... - preguntó.

_ Bien, gracias... - respondió Irene, sin muchas ganas de hablar. Tenía que mirarlo y esperaba que no pudiera entender su mirada, todo lo que cargaba. Toda esa contradicción.

_ ¿Qué duele más? ¿Tu brazo... Thomas... o Grace?... - preguntó Jiro.

Los ojos de Irene se abrieron al igual que su boca, pero dudó sobre lo que debía contestar.

_ Debes decir la verdad... - dijo Jiro como si supiera lo que pensaba.

_ ¿Qué quieres de la vida?... - volvió a preguntar.

"Tiempo", pensó Irene, pero no habló.

_ ¿Quién de los dos eligió el nombre para su hija?... - preguntó Jiro.

_ Surgió entre los dos...

_ ¿En tu país eras feliz?... - preguntó Jiro.

"Nunca supe qué es eso, ni ahora", pensó Irene. No contestó.

_ ¿Aquí estás feliz? ¿Con tu padre eres feliz?... - preguntó Jiro.

_ Define felicidad... ¿acaso es solo un sentimiento momentáneo que buscamos para enfrentar otros desafíos o es vivir adormecido en algo que creemos?... - dijo Irene de una y quiso morderse la lengua. Ese hombre pacífico la quería analizar y temía lo que encontrara.

_ ¿Es eso lo que sientes? ¿Que sea una meta para cumplir tu propósito o que sirve para calmar otros males... ¿Qué sientes, Irene?... - preguntó Jiro.

_ Entiendo que nuestra "amiga" se preocupe por mí, pero no soy una pobre mujer indefensa, víctima de violencia... Sí, lo fui antes... Pero nunca más, eso me hizo más fuerte...

_ Si te hizo más fuerte, ¿qué pasó esa noche?... - preguntó Jiro.

_ Sentí demasiada presión, estaba sola en la casa, me peleé con Thomas, mi padre se está muriendo, no podía controlar lo que le pasaba a Grace... - comenzó a llorar e intentó reprimir su llanto.

Con toda gentileza, Jiro se acercó, la tomó de la mano.

_ Está bien llorar, está bien no poder controlar todo... debes soltar, aunque parezca que va a doler y no vas a recuperarte... - se acercó más para que lo mirara a los ojos.

Thomas está observando esa escena, si no fuera por Cristian ya habría entrado y corrido a patadas a ese medicucho.

"Soltar. ¿Qué le aconseja, que sabe ese?" Piensa con rabia.

Cristian tosió para indicar su presencia. Thomas simplemente entró y se enfocó en su "arpía". Una vez más, la ve en una habitación de hospital, lastimada y con su hija calmada en sus brazos. Se acercó a ellas y con gentileza acarició la cabecita de Grace.

_ Hola, soy Jiro Huang... - dijo a Thomas para llamar su atención.

_ Y yo soy el marido de Irene y el padre de Grace...- contestó lleno de enojo. Buscó la manta de Grace y cubrió con cuidado el cuerpito de su hija, pero más es para cubrir el pecho de Irene. No la miró directo a los ojos, solo a su brazo herido.

_ Como le habrán informado, estoy para hacer un seguimiento a Irene...

_ No creo que lo necesitemos, doctor... Gracias por su atención...- dijo y caminó hasta él.

_ Eso es lo que tengo que analizar, si me necesitan o no...- dijo aún sentado.

_ Aquí está mi abogado, ya se aclaró toda esta confusión... jamás le haría daño a mi mujer, mucho menos a mi hija...- mirando fijamente al psicólogo y luego a Irene.

_ A veces creemos que ciertas actitudes no dañan a quienes tenemos al lado, y más cuando esas personas aceptan o no demuestran su dolor por el motivo que tengan para soportar esa actitud... Señor Thomas, yo no admiraba el cuerpo de Irene, yo sostenía su mano en este momento para que se diera cuenta de que no está sola...- aclaró mientras se levanta de la silla. Buscó su tarjeta y se la dio a Irene.

_ Gracias por todo...- dijo Irene a modo de despedida.

_ No me agradezcas todavía... Voy a seguir con mi evaluación, tenemos varias charlas por delante... no dudes en llamarme...

_ ¿De qué habla? Ya se aclaró todo...- insistió Thomas a pesar de las señas que le hace Cristian.

_ Doctor, dejemos a esta familia y hablemos de qué se trata todo esto...- intervino Cristian antes de que Thomas pierda los estribos. Lo sacó de la habitación. Desconoce a su amigo, siempre fue frío para tratar los negocios, pero este trato lo tiene temperamental.

Se quedaron solos. Hay una fisura en el ambiente.

- Lo siento tanto... Me desesperé, no sabía qué hacer... - comenzó a explicar.

- Debiste buscarme...

- ¿A dónde? ¿Cómo?... Traté... - se calló porque entró una enfermera.

- Irene, tú tienes el alta médica, vengo a ayudarte a vestirte... ¿dónde está tu ropa?...

"La misma historia, otra vez. Juro que jamás volveré a quedar internada", pensó con amargura.

- Yo la traje, está ahí en ese bolso... - dijo Thomas y señaló un bolso cerca de la puerta.

- Bien, ya que usted está aquí, entonces yo voy a llevar a Grace a su habitación y usted le ayuda a su señora a cambiarse... - propuso mientras toma con cuidado a la niña.

- Tal vez sea mejor que lo haga usted por el cabestrillo que lleva... - sugirió Thomas muy inseguro.

- Por eso no se preocupe, lo soltamos y después yo lo vuelvo acomodar... - dijo saliendo con Grace en brazos.

- No te preocupes, yo puedo sola, no importa... - dijo Irene levantándose.

Tomó el bolso, caminó hasta el baño y antes de cerrar la puerta, Thomas la sostuvo.

- Déjame ayudarte...

- Yo puedo... Vete... Estoy bien... - trató de parecer segura.

- Por favor... Tengo que ayudarte, solo causé problemas...

- No sigas, no quiero hablar, ni discutir... No es el lugar.

Dejó a Thomas entrar. Él sacó la ropa del bolso y ayudó a Irene a quitarse la bata, quedando totalmente desnuda. La pediatra se empecinó en que se le haga un análisis por ataque sexual, se llevaron hasta su braga. Está arrepentida de dejarlo entrar.

Thomas tragó saliva. Tomó la braga blanca y se agachó. No quiere tocarla, pero para mantener el equilibrio puso su mano sana sobre su hombro. Tratando que parezca natural, la ayudó a que esa braga calce bien. Ahora el brasier, blanco también, de algodón con encaje. Se dio vuelta y se lo abrochó. Thomas recordó que no le puso más la crema. Él siguió vistiéndola, le colocó la blusa y con gran habilidad metió los botones por los ojales. Por último, le ayudó con el pantalón. En ese momento, el lugar es tan pequeño. La atracción sexual entre ellos es densa, casi que ninguno de los dos puede respirar.

Irene ve las marcas que le dejó la mujer. No tiene celos, más bien tristeza. Ella eligió y él, al parecer, también.

"Te odio, mi amor", piensan ambos.

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