Despertar no era lo que hubiera deseado, pero desperte en una cama de hospital. Un doctor me revisaba con esmero y vi por su cara las palabras que queria decirme. Yo ya sabia. Mi cuerpo estaba magullado, mas mi vientre. Pero lo mas terrible es el vacio que hay dentro de mi.
- dormiste solo unas horas, debes estar agotada. Tienes suerte de que no tuvieras complicaciones, eres una mujer joven y sana...pero...- acomodo sus lentes redondos y me miro fijamente. Espera mi reaccion.
- Ya lo se, mi bebe no tuvo la oportunidad...- no pude evitar llorar. No comprendia, yo debi morir con el.- porque me salvaron??? Debian dejarme morir a mi tambien...- casi grite pero mi garganta no podia emitir mas gritos, estaba irritada.
- La persona que te ataco, solo queria hacerle daño a tu bebe. Y sabes bien quien es, de seguro que lo conoces... Si quieres justicia debes denunciarlo a la policia. Un oficial esta esperando afuera para tomarte declaracion de lo sucedido, debes hacer lo correcto.- anoto unas indicaciones en su planilla y volvio a mirarme - el trabajo de un medico solo cubre el cincuenta por ciento del exito, el otro cincuenta es destino de cada paciente, asi que parece que debias vivir...- dio media vuelta y salio para que entrara el oficial. Pero, que le iba a decir, explicar que, denunciar a la persona que me ataco???
Lo escuché hablar. No lo miraba. Quería ponerle un título a lo que me paso. Yo solo quería decirle que era mi destino, pero que sabía la policía.
- Lo siento oficial, no se quien me ataco, ni porque. Yo
soy nadie...- dije sin poder siquiera verlo a la cara, solo veia como mis lagrimas caian en la sabana.
- Nada no nadie...- dijo casi sonando a ironia o es que odio esa palabra.
- Perdon que dijo???.
- Que usted es Nada, verdad??? - agito frente a mi una cedula de identidad- usted es Irene Nada, que extraño apellido, nunca en mi trabajo escuche tal apellido...inusual. Entonces roban sus pertenencias, su cartera, su telefono celular, dinero, tarjetas....- siguio su rutina para completar la declaracion y haciendo un ademan para que me contestara.
- Yo no sé... Solo tenía unos billetes en mis bolsillos y mis llaves, estoy confundida...- solo quería saber como obtuvo mi identificación. Lo miro a los ojos por primera vez. No tenía uniforme, hombre blanco de unos treinta años, cabellos cortos. Sin cicatrices visibles. No, no era gente de Andrés.
Anoto algo mas en sus papeles y se levanta para que lea y firme. Y no aguante mas mi curiosidad. Y pregunte.
- De donde saco mi identificacion???
- La tenia usted cuando fue atacada, pero no es la actualizada debe hacer una nueva. Esta no le sirve...- me miro casi riendo- realmente dude que fuera real asi que tome sus huellas para confirmar..- tomo mi mano para que vea que todavia tenia tinta en mis dedos - Y si, asi figura en el Registro de las Personas. Usted es Irene Nada...- ahora si que sonreia y mi odio tiño mi cara de rojo, pero no dije nada.
Despues de que el oficial se fue mire mi mano y odie mas que mis dedos fueran delatores de mi apellido. Pero ellos no escribieron mi apellido en el registro, fue mi "familia". Hay nombre feos, apellidos raros, pero es una forma de saber de tus ancestros. Eres hijo de, o eres oriundo de tal lugar, y de ahi nacio el agregado de un apellido. Significa la pertenencia, ser parte de una familia. Y yo ...no pertenecia a nadie. Era Nada. Era la extra de una familia que me retenia solo por si necesitaba una sustitucion. Cuidaban a los suyos y yo estaba para ser descartada. Mi familia era los Ferreira, descendientes de gitanos, antes eran nomades, generalmente vendedores. Los cambios llegan para todos y los nomades dejaron los viajes y se asentaron en las grandes urbes. Habia que buscar nuevas formas de generar dinero, no todas eran legales. Vendian de todo, y cuando digo todo, es todo.
Siempre supe que no pertenecía a esa familia. Me trataban en mis primeros años igual que a sus hijos, pero era diferente físicamente, exclusivamente yo tenía ojos marrones, ellos eran ojos verdes. Mis hermanas tenían el cabello negro azabache con grandes bucles, en cambio, yo tenía el cabello castaño claro totalmente lacio, una cascada dorada. Ellos eran de contextura robusta, cuerpos exuberantes, yo, en cambio, era delgada, nunca pese más de 50 kilos, solamente en el embarazo aumente. Y la piel, eso sí que era diferente, visiblemente dos tonos más clara que la de ellos. Definitivamente, no encajaba físicamente en esa familia, pero mi propia "madre" daba a entender que era hija de mí "padre" con otra mujer, era la mejor excusa para ellos, culpar al hombre por un desliz que a la mujer, pero solo era rumor de pasillos que no se repetía a viva voz. Al crecer, note que todas las familias de paisanos tenían a alguien extra, pero siempre eran mujeres, más tarde entendí que los varones son los que mantendrían el legado, el apellido, en cambio, las mujeres eran los enlaces con las otras familias y no mantendrían el apellido pues pasarían a pertenecer a su esposo. En ese tiempo me preguntaba de donde salí, cuál era mi pasado, porque estaba sola, quien era en realidad. Después de un tiempo entendí que lo que importa es el hoy y no el pasado, más cuando tienes poco tiempo como lo tenía yo.
En tiempos de guerra, ya sea por obtener más territorio o por la exclusividad de algún producto, o generar alianzas estratégicas se hacían ofrendas de paz. Se entregaba algo o alguien. Únicamente quien sabe negociar y es justo hace buenos negocios, pero aquí en estas familias solamente son negocios, se procura la mayor ganancia. Para eso estaban las extras, si algo salía mal no era su sangre la que pagaba. Y siempre supe que era la extra, al llegar a mi adolescencia, formule varias estrategias para ver como salir a ese lugar, estaba ahí pero no pertenecía. Intente ser invisible y estaba resultado bastante bien. Las mujeres no seguían los estudios a menos que tuvieran destinadas a algo mayor. Solamente completé la secundaria y tenía una necesidad de más, quería aprender más. Había un mundo afuera, pero no tenía la libertad, o por lo menos no todavía, o eso creía. Con diecisiete años cumplidos, mi "padre" me presento en sociedad, eso no era bueno para mí, iba a ser ofrenda de paz o rematada al mejor postor.
No paso mucho tiempo que fui ofrenda de paz, ofrecida en matrimonio a Andrés. Él no estaba gustoso con la idea, pero los negocios son los negocios. Mi familia tenía todo listo, mi identidad falsificada diciendo que era una Ferreira y que siempre pertenecí al clan.
Si antes era nada, ahora era Ferreira de Martínez. Le pertenecía a mi marido, ya no tenía a quien pedir ayuda, mi familia era otra peor. Andrés es un hombre tres años mayor que yo, de un metro setenta, piel oliva, ojos verdes también, cabellos negros lacios largos por los hombros recogidos en una coleta, manos ásperas y pesadas, hábiles solo para golpear, pero inteligente para no golpear donde sea visible. Solamente servía para demostrar en público su "poderío" sexual conmigo y después pasaba a ser su bolsa de boxeo. Cuando por fin pude embarazarme, creí que sería mejor para mí. Que decepción. Los tres primeros meses fueron los mejores, no más golpes, no más demostraciones, no más lágrimas. El mejor día fue cuando se supo el sexo del bebe. Un varón. El legado Martínez.
La envidia es algo ilógica. Envidiarme a mí, a mi vida, que mal está el mundo. Mi marido tuvo varias mujeres que se ofrecían a darle el legado, pero ninguna tuvo éxito. No saben lo que es sobrevivir, yo soy una experta, pero esta situación cansa. No sé si fue gente de mi nueva familia o alguna pretendiente de mi lugar que escarbo un poco más profundo y me expuso. Dio a conocer mi vida, el propósito impuesto. Era una extra, una sustituta, una descartable.
Cuando tratas de ser invisible, obtienes un sentido de más. Sabía que no estaban bien las cosas, olía el peligro y no quise aceptar mi destino. Hui. Me convertí en menos que una persona, una débil imagen para tratar de evitar mi destino, de lo que estaba escrito. De Rosario del cual nunca había salido, llegue a Buenos Aires. Sobrevivimos con habilidad un poco más de ciento veinte días con ese bebe que no quería abandonar, pero sin saber como lo lograría. Quería pensar que podía ofrecerle una oportunidad, pero todo acabo anteanoche. O eso creo.
A no tener donde ir, ni fuerzas para continuar, me quede en esa cama de hospital, esperando mi final. Estoy cansada. Y hoy todavía no morí. Tal vez mañana.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 24 Episodes
Comments