Compromiso

Cuando se reúnen Ceballos, Thomas, su padre y su abogado, se exponen todos los detalles desde que se supo que Paola viajó a Argentina. Se expuso también cómo conoció a Irene. Se habló por más de tres horas. Los abogados llegaron a una conclusión. Hasta que no se tenga en claro por qué Paola abandonó a Grace, Thomas no debería reconocerla. Los problemas legales son varios y graves. Desde secuestro, abandono de persona, no se siguió investigando de forma legal y burocrática a Paola, omisión de identidad, ocultamiento de identidad, falsificación de documentos, en fin, muchas cosas podrían salir mal si se descubre que Grace es hija biológica de Paola. Ni hablar de los problemas que tendría John Smith e Irene.

Por ahora, es mejor seguir como están, pagar lo que pide y tratar de hacer un buen trato para que le entregue las pruebas para asegurar toda la información sobre la intimación del señor Johnson. Thomas suspira. Un gran alivio recorre su cuerpo. Por ahora ganó tiempo. Tiempo para torturarse.

Paola está tomando sol en un yate. Viste un conjunto blanco de sport y gafas oscuras. El viento es suave, pero frío. En estas latitudes es invierno, pero no tan frío como lo es en Nueva York. Un hombre de unos treinta años, trigueño, de hombros grandes, cuerpo bien cuidado, cara alargada, ojos negros, se acerca con unos tragos y se acomoda junto a ella. Paola actúa como una gata siamesa, se pega a su cuerpo, acaricia con suavidad su pierna, peligrosamente cerca de su entrepierna. No es un bombón, pero tiene para mantenerla bien, por lo menos por un tiempo. Está esperando noticias del norte.

Irene había pedido a Smith crayones, temperas, hojas de colores. Su día transcurre normal. Se ha prohibido pensar en Thomas como hombre. Tiene que verlo como un amigo, como nunca tuvo amigos. ¡Qué complicada está! Cuando acomoda su ropa, encuentra en uno de los cajones la malla deportiva y junto a ella, una para Grace en el mismo tono. Mira las prendas. ¿Qué significa esto, que pueden ir a la piscina, que no quiere verla desnuda? Las guarda nuevamente. Es viernes. Tal vez no vuelva Thomas hoy, pero igual prepara la merienda y el jacuzzi. Vuelve, su cara tiene una tristeza mezclada con ansiedad. ¿A qué se deberá?

- ¿Cómo fue tu día? - preguntó Irene, quien quería saber qué le pasaba. Es la única persona a la que no puede leer correctamente.

- Todo bien, gracias - contestó seco, sin dar pie a nada.

Subió y entró al jacuzzi. Siempre espera que lo acompañe Irene, pero nunca ocurre. Fue al jardín de invierno, jugó con Grace, comió algo, pero realmente está agotado. Cuando Grace se durmió e Irene la llevó arriba, Thomas las siguió. Mientras esperaba a que acomodara a la bebé, se sentó en la cama. Irene lo vio tan agotado que se acercó, se agachó y le quitó los zapatos, las medias y comenzó a desabotonar su camisa, pero sin mirarlo a los ojos.

Thomas pasó de estar cansado a estar totalmente lleno de un torrente de energía que brotaba de su entrepierna. Irene le quitó la camisa y lo empujó suavemente para que se acostara. Dudó un momento y continuó. Tomó el cinturón y lo aflojó. Rápidamente, la mano de Thomas tomó la suya.

- ¿Qué haces, Irene? - dijo con sorpresa. Si le quita su pantalón, no podrá detenerse.

- Te quito la ropa para que puedas descansar - dijo con una voz que parecía asustada.

- No hagas eso...

- Lo siento, no quise incomodar. Te vi tan cansado... creí que era lo mejor, dejarte dormir - se excusó, y tiró su mano para que fuera liberada. Thomas aún no la soltaba, lo que hizo que ella tirara más fuerte.

Cuando la soltó, se levantó de un salto e iba a salir del dormitorio. Thomas habló.

- Irene, por favor... Si quieres hacer algo por mí, ven... Quédate conmigo, no te vayas - pidió.

- Estaré abajo en la cocina...

- Por favor, solo quiero dormir y que tú estés a mi lado... No te voy a hacer nada - se acomodó en su lugar y palmeó la cama.

Irene dudó. Una vez más, palmeó la cama. Sabe que debe controlar sus impulsos. La verdad es que solamente quería ayudarlo con su ropa, pero como él no la detuvo antes, le quitaría el pantalón. Lo que hagan sus ojos es otra cosa, ellos, casi sin disimulo, miran toda la extensión de ese cuerpo que le llena de tentación. Por suerte, él tiene cordura y no se rinde tan fácil.

Fue hasta la cama y se acostó sobre el acolchado, boca arriba. Thomas se quedó con los pantalones puestos y se puso de costado, mirándola. Tiernamente, le tomó de la mano. Ella siguió el juego y la sostuvo. Las luces de la tarde poco a poco caían y la habitación quedó a oscuras. Irene escuchaba su respiración y creía que él estaba dormido. Se soltó de su mano y cuando se iba a levantar, Thomas la atrajo contra su cuerpo, abrazándola por la cintura. Intentó levantarse una vez más y él la trajo más cerca de su cuerpo.

_ Por favor, quédate... cuanto más te alejas, más cerca te pondré... Déjame dormir un rato... necesito que te quedes, no quiero dormir solo...

Irene se quedó tiesa. Lo tenía respirando sobre su nuca, una mano sobre su vientre y la otra peligrosamente cerca, muy cerca de su intimidad. Si se movía esa mano chocaría con esa parte de su cuerpo que le estaba gritando que quería ser acariciada gentilmente. Si bien, ella provocó esta situación, no quería ser solo un cuerpo con necesidades, quería ser amada. Solo debía pensar en que casi no tenía tiempo para experimentar el amor. Y también, no quería herir a nadie cuando partiera.

No supo cuánto tiempo pasó, pero cuando sintió que Thomas estaba en calma y que su cuerpo se relajó, lentamente sacó su mano y la acomodó al costado de su cuerpo. Se movió un poco y con gentileza se levantó. Controló a Grace. Bajó a la cocina. Encendió las luces justo un rato antes de que llegara Smith.

_ Hola Irene... ¡Qué silencio! ¿Dónde está Grace? - miró hacia arriba.

_ Hola... Están dormidos... y estoy atrasada con la cena, ¿me ayudas? - declaró mientras le pasaba los ingredientes.

_ Con todo gusto...

_ ¿Qué pasó anoche con el señor Johnson? - dijo sin anestesia.

_ Pues... no estoy seguro... Los dos estaban en el estudio cuando volví... - se excusó con cierta verdad.

_ Thomas está raro... ¿La madre de Grace la quiere de vuelta? - preguntó más sabiendo que toda esa situación va en combo. Mamá, hija, papá.

_ No lo sé. Despreocúpate, esa mujer no vuelve...

"Eso quisiera creer. Yo opino por el bienestar de Grace", aclaré sin necesidad.

"Si tú lo dices", dijo entre risas.

"Claro que sí, no hay otros motivos", su cara estaba roja.

Siguieron hablando de otros temas. La cena sería rápida: croquetas de pescado con ensalada fresca, jugo de frutas y para el postre, tarta de manzana. Irene creyó escuchar a Grace, y cuando iba a subir, Thomas la trajo en brazos. Estaba de nuevo vestido y con la cara recién lavada.

"Justo iba a verla", dijo a mitad de la escalera.

"Necesitaba un cambio de pañal", dijo Thomas.

"Bien, ya la atiendo", dijo Irene estirando sus brazos hacia ella.

"Ya lo hice yo. Hola Smith", dijo Grace terminando de bajar las escaleras y yendo hacia el sillón, aún con su hija en brazos.

"Hola Tomy, ¿descansaste? La cena está casi lista. ¿Quieres acompañar el pescado con un vino?", preguntó mientras terminaba de poner la mesa.

"¿Nos acompañarías?", preguntó a Irene.

"Gracias, por Grace no debo", respondió Irene.

Sonó su celular. Contestó. Por lo que dijo, iba a salir. Colgó. Se levantó, dio besitos a su hija y se la entregó a Irene. A ella también le dio un beso en la mejilla.

"Tengo que salir. No sé a qué hora vuelvo", dijo Thomas.

Se fue sin más. Irene creía que era por lo que había hecho por la tarde. Ella era muy atrevida, desvergonzada. Él era todo gentil, pero eso no quería decir que se interesara por ella como mujer. Qué duro era sentir una atracción así y no ser correspondida.

"Pero, ¿qué piensas Irene? Esto es como el Síndrome de Estocolmo". Debía centrarse.

Cenó con Smith y dejó de lado a Thomas, por lo menos un rato.

Thomas se fue a encontrar con Cristian en su departamento. Él le avisó que el investigador por fin encontró rastros de Paola. Por mucho tiempo estuvo escondida, ahora a estudiar las tácticas para ver cómo se mueven legalmente por aquí, aunque la parte que le preocupaba era la de Irene. Si le cedía su libertad, ella se iría, y si no, pondría a prueba su autocontrol. Las veces que soñó que ella lo desvestía, y esa tarde lo estaba haciendo, era sensual, pero no vio deseo ni lujuria. No lo miró a los ojos, como si se avergonzara. Después le dijo que lo notó agotado por eso de su acción. Lo cuidaba como a su hija, pero con tiempo contado. Lo haría hasta que se fuera. Su miembro viril no soportaba más, estar siempre listo y dispuesto para que no pasara nada. Nunca había estado tanto tiempo en celibato, eso no era posible, ni por nada ni nadie. Hasta que llegó Irene, sin pedir nada, solo con estar ahí.

- Pero hombre, ¿me estás escuchando? - reclamó Cristian.

- Tienes razón, no te estoy escuchando... Discúlpame... - dijo mientras encendía un cigarrillo de su amigo.

- Te digo que el investigador la encontró en Uruguay... Estas son las fotos de unos paparazzi que los delataron. No sé, tal vez ya volvió al ruedo y busca a alguien a quien joder... - le mostró una revista y luego unas fotos de varios lugares diferentes con Paola y su nuevo amante.

"Vaya. Paró a su hija y ya tiene a otro calentando su cama", pensó con asco, ¿o será envidia?

- ¿Quién es este tipo?

- Es un empresario marítimo, uno de los más grandes productores de la industrialización de pescados... - le sirvió un whisky mientras le daba detalles.

- ¿Crees que se pueda casar con ella?

- Dicen que es un escurridizo de las legalidades, forman fila para acercarse a él... No lo sé, tú conoces a Paola... ¿Podrá con sus encantos? - preguntó mientras recibía un mensaje en su celular.

- ¿Esto nos conviene? ¿O se casa y querrá recuperar a su hija?

- Todo es posible. Aunque no creo que ese hombre acepte a una ilegítima, pero por amor, las cosas que se hacen... Y aun así, queda que no estoy seguro de que ella sepa que la tienes tú...

- ¿Dices que estamos seguros de que no fue a buscarla? ¿Ni preguntó por Grace en el hospital?

- Lo que digo es que no la reclamó después, no volvió al hospital, ojo, digo ella en persona... Fue un muchacho a preguntar y se enteró de nuestro error burocrático... Y no sé por qué no te buscó ni se preguntó el porqué del error. Hay diferencia entre dar a luz una niña y que te digan que falleció un niño... - comenzó a buscar qué vestir, pues tiene una cita.

- ¿Dices que sabe del error y no tomó ventaja?

- No sé de su juego. Estoy desorientado. ¿O espera a que tú la reconozcas para caerte con todas las leyes y mientras busca consuelo en otros pantalones... O no sabe leer, ni interpretó el error, no, eso no es probable...

Sonó el timbre del departamento. Cristian estaba en el baño y le gritó:

_ Abre por favor, es Lulú...

Así que abrió la puerta, una mujer joven, muy maquillada, con cabello rojo con corte de Cleopatra, bien carnosa, con volumen en pechos y cadera, y muy, pero muy poca ropa, se colgó de su cuello y lo comenzó a besar. Primero por su cuello, subió y atrapó su boca sin piedad, ni miró a quién besaba. Sintió unas manos que la empujaron.

_ ¿Qué haces Lulú? - dijo descostillado de la risa Cristian.

_ Fue ella, yo no tuve nada que ver... - se excusó con su amigo.

_ ¿Y quién es él? Yo quería darte una sorpresa, bebé... - dijo sin modestia ni pudor.

_ Es mi buen amigo Thomas... ¿Quieres salir con nosotros? De seguro Lulú tiene una amiga... - ofreció a Thomas.

_ No gracias, tengo que volver... - dijo mientras se limpiaba el labial de sus labios. Le pareció una repulsión ese beso, nada sexy como el de Irene.

_ Vamos, hay una gran fiesta en el Club... - insistió.

_ Mi amiga Zoe va a encantar... - dijo Lulú.

_ No gracias, otra vez será... Que se diviertan... Nos vemos...

Thomas se limpió con su pañuelo en el auto, qué desastre el labial de esa chica lo manchó en el cuello y se traspasó a su camisa. Ya era tarde. Arrancó su auto y se volvió a su casa. Entró con cuidado, no encendió la luz para no despertar a Irene. Tenía que bañarse, olía a cigarrillo y whisky. Se quitó la ropa y cuando iba a entrar a la ducha, se golpeó con la puerta en la cabeza. Comenzó a maldecir. Irene lo estaba escuchando, no podía dormir, se levantó, encendió su luz y fue hasta el baño.

_ No enciendas la luz... - dijo al darse cuenta de que venía hacia él.

_ ¿Estás bien? ¿Dónde te has golpeado? - preguntó mientras caminaba hacia su lado.

_ No es nada... Un golpe en la cabeza, simple...

_ A ver... - puso su mano sobre su cabeza y encontró algo viscoso. - Te has cortado... - rápidamente encendió la luz.

_ Irene... Estoy desnudo... - dijo tapándose con las manos.

_ Sé cómo es un hombre, Thomas, deja que te revise... Eso pasa por no encender la luz... Déjame ver... - con cuidado miró el diminuto corte que provocó que unas gotas de sangre se escaparan.

"Voy a buscar unas gasas y una crema, ya regreso..." - dijo mientras salía del baño. Thomas rápidamente se envolvió con el toallón en la cintura.

"Bien, no es grande. Lo voy a limpiar, te pondré crema y una vendita..." - comenzó a limpiar el corte. Tiró ese algodón y tomó otro, le inclinó la cara hacia el costado para ver mejor. Creyó que era una gota de sangre sobre su lóbulo derecho, lo limpió y distinguió un brillo distinto. Se demoró un poco, frotó sobre su dedo para sentir su consistencia. Labial.

Thomas se extrañó de que se quedara callada y cuando vio lo que hacía, lo entendió.

"No es lo que parece..." - trató de explicar urgentemente.

"Nunca es lo que parece..." - dijo lo más imparcial que pudo.

"Irene, esa chica..."

"Thomas, a mí no me debes explicar nada. Nosotros solo tenemos un trato, lo único que nos une es Grace, no somos pareja, no tenemos ningún tipo de relación sentimental, ni menos nada sexual..." - lo calló antes de que comenzara a explicar lo que no quiere oír.

"No Irene, yo..." - intentó que ella lo mirara, cosa que no hizo. Le colocó la vendita casi con fuerza que le hizo doler.

"Nada Thomas, eres un hombre, y por lo que sé, uno soltero. A mí no me incumbe tu vida. Solo pido que lo que hagas no afecte a Grace, ni ahora ni más adelante, ella cuenta solo contigo..." - tomó su ropa que estaba en el suelo, la camisa blanca soltó purpurina de colores que llamó la atención de Irene y más cuando vio el cuello manchado con labial. No lo miró. Caminó hacia la escalera para llevar esa ropa sucia.

"Irene, por favor... Deja mi ropa... No te ocupes..."

Irene quiere tirar esa ropa. No la quiere ni ver. Tiene que calmarse, tiene que concentrarse. Ocupar su lugar.

"¿Qué son esos sentimientos? ¿Está celosa? No, no y no. ¿Qué me pasa?".

Enjuagó su cara en el lavadero. Se cubrió de dignidad y subió. Se acostó y se dijo una y otra vez: "yo no pertenezco aquí, soy libre".

Thomas se bañó, se vistió, se armó de valor y fue a la cama. Siente culpa, pero él no hizo nada. Irene no quiere que le explique toda esa situación. Lo pensó un poco y hasta le dio gracia. ¿Todo ese discurso que siente Irene por él? Esa chiquilina que enloquece a su entrepierna, que ocupa su mente en mil formas y nada decente y que hace que su corazón dé brincos.

Se puso de costado y tomó su mano. Ella estaba boca arriba, no apretó su mano como en la tarde, pero tampoco la retiró. Se durmió con una sonrisa de satisfacción.

Es sábado. Cuando despertó, estaba solo. Ni Grace estaba en su cuna. Abajo, el desayuno estaba servido para él. Miró en el lavadero, toda la ropa que llevaba anoche estaba lavada, su camisa, impecable, ni rastros de labial. Las encontró en el jardín de invierno.

_ Buenos días...- saludó, y la más chiquita era toda sonrisa, la otra seria.

_ El desayuno está servido...- dijo en tono neutral.

_ Bien, desayunemos...- pasó su mano para ayudar a levantar de la reposera a Irene. Ella lo ignoró y le pasó a Grace.

_ Yo ya desayuné, gracias...

_ Pues, acompáñame...- y volvió a dar su mano.

"Solo quiere ser amable" se dijo a sí misma y aceptó esa mano.

Desayunó con Grace en brazos e Irene buscó su libro y leyó sin prestarle atención.

_ Es un hermoso día, ¿no crees?...- dijo mirándola con una sonrisa. Con Grace en brazos y con esas sonrisas idénticas, no cabe duda de que son padre y su clon femenino. Desvió su mirada hacia el ventanal.

_ Sí, es un hermoso día...- declaró. Tenía ganas de salir a correr por el césped descalza.

_ ¿Qué dicen si nos cambiamos y vamos a la piscina... Ya que las dos tienen ropa adecuada...

_ No sé nadar y Grace es pequeña...- se excusó, pero por dentro quería salir, no importa donde, ni a qué.

_ Yo estoy aquí, las cuidaré... vamos... ¿Verdad que te va a gustar??.- le preguntó a Grace mientras le besaba su cuellito haciéndole cosquillas.

Irene sintió un escalofrío rico y excitante al ver cómo besaba con ternura a su hija y ella quería estar en ese lugar.

"Irene desvergonzada, atrevida." Pensó y se levantó de un salto.

_ Está bien, si es que no tienes compromiso...- dijo tomando a Grace.

_ Mi compromiso es exclusivamente con Grace y contigo...

_ Tu compromiso es solo con Grace, yo no formo parte de tu compromiso...

_ Según el contrato, sí... claramente dice "Ambas partes se comprometen para brindar todo lo necesario al exclusivo bienestar de Grace"... Yo debo cuidarte para que puedas brindar el bienestar a Grace...- lo dijo de una manera que parece un contrato de matrimonio.

"Y que vence en dos años y nueve meses... Después de ese tiempo no habrá ningún compromiso..." - fue lo único que pudo contestar. Subió para cambiarse con Grace.

"¿Decía eso en el contrato?" Piensa, mientras tiembla por un corazón desbocado. "Ocupa tu lugar. No perteneces aquí, eres libre." Se repite mentalmente. Buscó las mallas. Vistió a Grace, la dejó un momento en la mecedora y se cambió ella también. La malla es perfecta, toda la espalda cubierta. El color le sienta muy bien. Buscó su salida de baño, toallas y un sombrerito para Grace.

Thomas la mira mientras ella se apresta. Irene se sorprende ante su presencia. ¿Cuánto tiempo lleva ahí? ¿¿La vio cambiarse?? A no demostrar ningún interés. Miró su contador manual, son muchos días los que faltan, a no sucumbir ante esa tentación.

Es media mañana, el sol a pleno. Irene dejó las toallas sobre la reposera y esperó a que saliera Thomas. Grace está más que curiosa con el ambiente nuevo. Thomas sale de la casa vistiendo una malla, un short, también verde agua, remera blanca y ojotas. Se acercó y se sentó en la reposera de enfrente, sacó un tubo de su bolsillo.

_ Hay que cuidar la piel de esta princesita...- dijo y esparció un poco de protector solar en sus dedos y despacio, jugando con Grace, le puso la crema sobre su nariz, sobre los pómulos, los hombros, parte de sus bracitos y piernas. Y dejó el pomo sobre la mesa y buscó otro.

_ Ahora es tu turno...- le dijo a Irene. Esparció la crema sobre sus yemas y con suavidad le aplicó sobre la nariz y pómulos. Cargó su mano y la esparció sobre sus brazos. Iba a cargar de crema su mano otra vez...

_ Está bien, hasta ahí es suficiente... Me la pondré yo en las piernas...- dijo evitando que la toque más.

_ ¿Quién sujeta a Grace? Yo tengo la crema en mis manos... Solo será un momento...

Antes de que pudiera responder, él le estiró su pierna hacia su lado y comenzó una estimulante, rica y sensual protección. Movimientos de sus dedos por su muslo. Cerró los ojos y contuvo la respiración. Imposible que no note cómo se le eriza la piel con su contacto. Una pierna primero, después la otra.

Listo... Vamos... - Se quitó la remera, tomó a Grace en su brazo y ofreció su mano a Irene para levantarla.

El agua está ideal para bajar el calor que siente Irene. Thomas está a su lado, así que no le va a bajar ese calor. Recuerda esa noche que lo besó, y se enfocó en que él no le respondió. Es todo lo que tiene que pensar.

Con cuidado, Thomas moja los pies de Grace, que no se sorprende, más bien parece que está gustosa. Se acerca Irene y comienza a jugar con ella.

De lejos, son una postal de una familia feliz. El señor Johnson los ve. ¿Es una mentira perfecta o una verdad escondida?

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