Pasaron algunos meses, las cosas siguieron su curso natural. Barbie había terminado el colegio con excelentes calificaciones, durante los últimos meses necesitaba mantener su mente ocupada (decidió estudiar idiomas) además del portugués, comenzó a estudiar a tiempo completo el Inglés y el Francés. No contenta con eso y para relajarse (la actividad física ya no era suficiente) se inscribió para tomar clases de baile (danzas árabes, bachata y pole dance).
No dejaba un espacio para que el recuerdo de Iván aparezca, sabía que era un imposible, en su mente solo había una palabra para describirlo (mujeriego) si bien, lo que menos desea es depender emocionalmente de alguien; Iván no sería precisamente el indicado. Su prontuario no es de mucha ayuda tampoco; por lo que automáticamente creó un muro de protección, no sabía lo que era el amor pero de una cosa estaba segura (no quería sufrir) si de algo sirvieron los libros que leyó, fue para entender que el amor va de la mano del sufrimiento.
Con Ruth las cosas estaban igual o mejor; seguían frecuentándose como siempre, dormían en casa de Barbie, salían de compras (como Ruth es muy reservada, jamás tocaron el tema de Iván) así que las cosas estaban más que bien. Se volvieron inseparables, además de Virginia ella era su mejor amiga pero no su confidente, a ninguna de las dos jamás les contó ninguna intimidad o sentimiento que tuviera.
En vez de decírselo a alguien (porque no confía ni en su sombra), prefiere desahogarse escribiendo en un diario personal que guarda bajo llave en la caja fuerte que mando a instalar en su habitación; allí guarda sus cosas de valor y sus diarios viejos, cada noche antes de dormir escribe sobre todo lo que siente puntualmente (no lo que le pasó durante el día) eso que no se atreve a compartir con nadie, algo muy suyo (hasta sus más oscuros pensamientos)...
Iván por su parte se dedicó a salvar el semestre que no venía nada bien, tuvo que sacrificar sus horas de ocio para estudiar (un gran sacrificio para él pues ama salir de fiesta con sus amigos) y aprobar las materias que adeudaba. De vez en cuando (para no perder la costumbre) tenía encuentros sexuales con alguna amiga dispuesta a satisfacerlo sin compromisos ni ataduras.
La última vez que intentó ponerse de novio fue a los dieciocho años con una chica que le enseñó de todo menos el amor. Fue su maestra en la intimidad lo guio y le enseñó cosas que jamás hubiera imaginado. También le enseñó lo que es el dolor y la decepción (la vio teniendo relaciones con otro) desde ese día juró no volver a entregar su corazón a cualquiera y que solo la pasaría bien en los brazos de quien quisiera brindarle algo de placer.
La única que sabe la verdad es Nati (su madre) desde pequeño fue su amiga, consejera y confidente, (ella es amiga de sus tres hijos, pero tiene una conexión especial con Iván) lo conoce como a la palma de su mano y cualquier cosa, por más insignificante que pudiera parecer ella lo nota. Iván confía ciegamente en ella, se podría decir que es en la única mujer en quien confía.
Nati había organizado una cena en su casa para homenajear el sacrificio de todos en el estudio; por supuesto Barbie estaba invitada (para lograr un acercamiento con Iván, le entusiasmaba la idea de tenerla como nuera) a lo que Barbie se inventó una excusa para no asistir (así como tampoco asistió al cumpleaños de su mejor amiga) todo para evitar volver a verlo. Algo en él lograba desestabilizarla y no le gustaba sentirse así, prefería mantenerlo lo más lejos posible.
Oliver había llegado de su último viaje, por lo que tenía planeado pasar las fiestas en familia. Habían llegado rumores (Nati habló con el y solicitó "algo" de ayuda) de las actitudes de su nieta después de aquella fiesta, por lo que quería comprobar su teoría. Mando a decorar los jardines y el interior de la casa con motivos navideños, compraron un árbol y lo decoraron a su gusto.
La navidad estaba próxima, invitó a Richard y a su familia para que los acompañen (aceptaron gustosos) decidieron que no le dirían nada a Barbie o quizá escaparía de la casa. Todos estaban emocionados (sobre todo Iván, ni imagina que su madre y el abuelo están confabulados) no sabía que regalo comprarle, estuvo indeciso durante días, hasta que con la ayuda de su madre eligió un collar de oro blanco de 18 Ktes con un diamante de 0.10 cts.
Barbie estaba sumergida en sus ocupaciones que no sabía ni que día era, solo sabía que después de las festividades de fin de año iría de vacaciones en familia a las playas de Fernando de Noronha, Brasil. Y eso la tenía muy pero muy entusiasmada. Tenía todo listo para pasar unas hermosas y merecidas vacaciones lejos, muy lejos y en total tranquilidad.
Navidad llegó y Barbie no había comprado nada para ponerse esa noche, su abuelo varias veces le sugirió ir de comprar pero como siempre hace lo que quiere, no compró nada (la fiesta sería informal) Oliver conocía muy bien a su nieta, era capaz de bajar a cenar en pijamas y pantuflas con dibujos de cerditos.
Cerca de las veinte horas de la noche, Barbie decide darse un largo y relajante baño de espuma, estaba tan sumergida en sus pensamientos que no escuchó ninguna de las veces que sonó el timbre. Es su primera navidad en familia desde que tiene memoria y eso hacía que sus tripas se estrujen. Se termina de bañar, elige al azar un vestido blanco ajustado en la parte de arriba y suelto de abajo, unas sandalias abiertas de color plateado con tacones altos de aguja.
Con tiempo y sin prisa, se viste y se maquilla de manera sutil, resaltando sus ojos (un poco de máscara para pestañas bastaba porque tiene las pestañas largas y arqueadas) un delineado clásico, sin accesorios y el toque final con la fragancia favorita.
Mientras tanto, en el jardín se encontraban Richard y su familia, Daniel acompañado de su flamante novia, fue una sorpresa porque nadie sabía que estuviera frecuentando a alguien y menos que tuviera una novia.
Carlos y Virginia invitaron a la prima en segundo grado de ella con la que estudiaron juntas y hacía mucho tiempo no veía, casualmente se encontraron en el hospital y retomaron el contacto. Se llama Rebeca, se acababa de divorciar por lo que una salida en familia le ayudaría a despejar la mente, trajo con ella a sus mellizos Noah y Suely (primos terceros de Barbie) tienen dieciséis años.
Ruth mira con desconfianza a los mellizos, algo en ellos no le gusta para nada, si bien se ven como chicos normales, la actitud de Suely es la que menos le cae en gracia (actúan como adultos de mente liberal) todo lo contrario a ellas que todavía tienen su inocencia intacta.
Suely es una mujercita muy hermosa con ojos verdes, pelo negro y una envidiable figura, se viste de tal manera que no deja mucho a la imaginación, irradia sensualidad por donde camina; es de aquellas a las que poco le importan las opiniones de los demás, y si algo le gusta (lo consigue) en la mira lo tenía a Iván, no dejaba de mirarlo ni por casualidad.
Iván está sumergido en sus pensamientos, sentía nervios por volver a ver a Barbie, además un poco presión por la intensa mirada de Suely, no puede negar que se siente atraído por ella, tendría que ser ciego para no admirar tan envidiable belleza. Pero no quería arruinar las cosas con Barbie quien se supone es la que en verdad le importa.
Oliver estaba feliz, hablando e intercambiando opiniones y anécdotas con sus invitados cuando se percata de la hora que es y su nieta no había bajado, con discreción llama a una de las empleadas y le pide que busque a Barbie porque ya se estaba tratando demasiado.
La empleada sin perder tiempo va y golpea la puerta de la habitación de Barbie, y le da el recado que le envía su abuelo. _Dile que ya bajo, gracias_. Contesta sin mucha emoción y vuelve a hacer lo que estaba (escribir en su diario) al cabo de un rato, se abrocha las sandalias, guarda su diario, se mira al espejo y sin más, decide salir a ver que es lo que necesitaba su abuelo.
Baja las escaleras con calma, lo que menos quería era caer y romperse el cuello (acostumbra bajar corriendo) esta vez haría una pequeña excepción. Suspira, las emociones de su primera navidad en familia eran muchas (odia exteriorizar sus emociones) por lo que se toma unos minutos para ir a la cocina por un vaso de agua.
Las empleadas le sirven el agua y se sienta a tomarla, siente de todo menos prisa, conversa con ellas y luego va a reunirse con los demás en el jardín. Estaban todos sentados en el kiosco y desde la entrada se escuchan sus familiares risas, se acerca de a poco con su iPhone en la mano,está distraída mirando sus redes sociales hasta que levanta la mirada para saludar a los presentes; su mirada se cruza inmediatamente con la de Iván, quién la miraba sin disimular su interés, despertando la envidia de Suely.
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Francisca Alcantara
Esa niña es una zorrita
2025-01-09
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