Desde aquella noche pude notar un drástico cambio en la actitud de mi abuela, ya no era mi amiga y compañera. Se había convertido en cualquier otra cosa, menos en la abuela dulce que pensaba que era.
Mis padres venían cada vez menos y cada vez que llamaban por teléfono mi abuela les daba la excusa de que estaba estudiando para no pasarme la llamada. Las pocas veces que me los pasaba, me advertía que no abriera la boca o me iría muy mal.
Se sentaba a mirar que no la desobedeciera durante la duración de la llamada. De a poco su desapego fue más notable, me empezó a dar tareas en la casa que debía cumplir. Me mandaba a hacer la limpieza, lavar la vajilla, cuidar el jardín, mi ropa la lavaba a mano y la de ellos los mandaba a lavar.
Si no obedecía me mandaba a la habitación a encerrarme sin comer, o no me daba dinero para comer en la escuela. Mi aspecto desmejoró notablemente, mi rendimiento en mis clases nunca bajo. En el fondo de mi ser, sabía que mi único boleto a la libertad sería terminar mis estudios, cumplir la mayoría de edad y largarme a donde nadie me pudiera encontrar.
Me convertí prácticamente en la sirvienta de mi abuela y de su querido esposo. Se casaron por todo lo alto. Con el dinero de mis padres y la herencia de mi difunto abuelo pensé.
Félix se la pasaba gastando el dinero de mi abuela, seguramente en cualquier cosa menos en los negocios que decía tener. Se habrá casado por eso, para poder aprovecharse de ella. No digo que mi abuela no merezca ser feliz pero era notable las intenciones de este tipo.
Estaba por cumplir mis 15 años de edad y las cosas seguían igual. Los acosos de Félix cada vez eran más constantes y mi abuela no me creía una sola palabra que decía. Cada vez que intentaba contarle me castigaba según ella por mentirosa.
Félix se encargaba de hacerle creer que yo lo provocaba y que él solo tenía ojos para ella, lo cual ella creía porque en las noches se escuchaban sus aullidos de placer. A veces no únicamente en las noches, hasta de día se podía escuchar como tenían sexo sin importarles que yo estuviera o no en la casa.
Me parecía repugnante oír sus faenas después de que esté siempre al acecho, es como si le excitara verme, luego iba a descargar sus ganas con mi abuela.
Barbie: Ruego al cielo para que este cerdo nunca se salga con la suya. Tengo tanto miedo de que algún día no tenga las fuerzas suficientes para luchar... Siento pánico solo de pensarlo.
Entre lágrimas me preparaba para lo que sería una larga noche. Mi abuela como cada viernes salía con sus amigas, Félix fingía ir con sus amigos para que mi abuela no sospechara nada. Luego volvía para tratar de hacerme daño.
Era habitual, así que ya estaba preparada, sentía miedo pero no tanto como para no defenderme. Félix tenía al rededor de los 30 o 35 años, calvo y de estatura media. No sé que le habrá visto mi abuela, para mí era lo más parecido a un duende.
En este bendito pueblo todos lo conocen como un mujeriego y vividor. Mi abuela no creía nada de lo que decían, ella estaba embrujada diría. Porque no puede ser que no escuchaba nada más que no fueran las palabras de su amado.
La gente siempre me veía como un bicho raro, no tenía amigas y los pocos amigos que tenían no perdían oportunidad de pedirme algo más. Vivía cuidándome las espaldas de día y de noche.
Era desesperante no contar con una mano amiga que te entienda y sostenga. A mi corta edad tenía la mentalidad de una mujer adulta. Tuve que dejar las muñecas por un trapeador. Que hubiera sido de mi vida si estuviera con mis padres pensaba.
Hasta que un ruido me saco de mis pensamientos, ya sabía quién era y estaba preparada para lo que se me venía. La casa de mi abuela es de dos pisos, arriba estaban los cuartos, 4 en total todos con sus baños y amplios ventanales y un balcón central . En la planta baja estaban la cocina, la sala, el comedor y un baño para visitas.
Es un lugar encantador, pero alejado de otros vecinos, tenía un jardín lleno de flores y muchos árboles. Amaba ese sitio, al mismo tiempo lo odiaba porque sentía que era la prisión donde estaba cumpliendo una condena. Cada vez que salían me dejaban encerrada para que no se me ocurriera escapar, no sabía cuando iba a terminar ese horrible infierno.
Oía sus pasos por las escaleras, un escalofrío invadía mi débil cuerpo. Esta noche dejé la puerta abierta. En mis manos temblorosas tenía un pedazo de madera que usaba para cerrar la puerta para más seguridad.
De algo estaba segura, hoy sería una noche diferente, pase lo que pase estaba decidida y no había marcha atrás.
Le encantaba jugar con mi mente, desde las escaleras hacia un silbido que cada vez que lo oía sentía pavor.
Félix: Oh Baaarbieee (silbido)
Mi dulce y tierna Barrrbieee.
No te imaginas las ganas que tengo de saborear ese dulce néctar que tienes entre tus piernas.
Subía lentamente por las escaleras, conocía a la perfección la rutina de mi abuela, sabía que demoraría en llegar. Se tomaba su tiempo y parecía disfrutarlo.
Félix: ¿Dónde estás mi dulce Barbie?
Muéstrate, déjame verte. Yo sé que tú lo disfrutas tanto como yo.
¿Por qué no vienes y nos divertimos un rato? Te encantará tanto que después vas a rogarme que te haga mía una y otra vez como lo hace tu abuela.
El momento por fin llegó, estaba en la puerta de mi cuarto, se disponía a entrar cuando se da cuenta de que la puerta estaba abierta y se escuchaba como caía el agua en la regadera.
Félix: ¿Te olvidaste de cerrar la puerta Barbie? (se ríe efusivamente.) Mejor para mí, así puedo disfrutar de tu cuerpo mojado. De solo pensarlo mi amigo se pone muy duro.
Ingresa y se dirige directamente al baño, miro entre la abertura de la puerta y puedo ver como se saca los pantalones y los deja a un lado de la puerta y se empieza a tocar sus partes.
Tenía en sus manos un sobresaliente miembro, era como un tronco. Jamás había visto uno, pero ese era enorme, me asusté. No pude evitar taparme la boca para que no oyera que estaba por llorar, no quería que me descubra.
Quería que la tierra me tragara en ese mismo momento, muchas cosas pasaron por mi mente. Hasta tenía ganas de ir y pegarle con la madera en la cabeza. Pero eso sería imposible, con mi poca fuerza y mi tamaño no podría lograr nada.
Corría el riesgo de que me atrape. Y todos mis planes se irían a la basura. Preferí respirar profundo y sin hacer ruido traté de relajarme lo más que pude en ese momento, la sensación que tengo es horrible, aun así estaba enfocada en lo que debía hacer.
Solo debía esperar el momento indicado para que no me descubra, y ese momento era ahora. Con su amigo en la mano se dio vuelta con dirección a la perilla de la puerta del baño para abrirla, lo que me daba unos segundos para poder actuar.
De espaldas y completamente embrutecido se disponía a entrar, en ese momento se me nublaron los pensamientos, sentía que me faltaba el aire, tenía mucho miedo. Agarro un pequeño bolso que tenía preparado con algunas cosas que me podrían ser de utilidad y salgo del cuarto lo más rápido que pude.
Sin mirar atrás y sin pensar en lo que podría llegar a pasar cuando descubra que no estoy en el baño como él se imagina, bajo lo más rápido que puedo por las escaleras. El baño es grande tiene de un lado el inodoro y el lavabo, al otro lado tiene una tina y una ducha que están divididos por una pared y una puerta de cristal.
Todo eso me da algunos segundos extra antes de que se dé cuenta de que no estoy ahí. Termino de bajar las escaleras y me dirijo a la salida, estaba feliz, sentía como mi cuerpo de a poco se relajaba y una sensación de paz me invadía.
Tenía tantas ganas de irme, de ser libre, deseaba tanto ser una chica normal y dejar atrás todo lo malo que hasta el momento me había pasado, no sabía a donde iría ni con quien, solo sabía que de ese horrible lugar tenía que irme lo más pronto posible.
Mi corazón latía a mil por hora, como si quisiera salir de mi pecho, una mezcla de adrenalina y miedo que no sabría bien describir con simples palabras. Extrañaba tanto a mi madre, pensar en ella me reconforta y me da las fuerzas que necesito en este momento.
Mientras me dirijo a la puerta de salida decía internamente por favor, por favor, por favor... Agarrando la perilla con mis temblorosas manos y girarla, grande fue mi sorpresa al ver que la puerta estaba cerrada.
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Comments
Sandy Vergara
de verdad no entiendo esta historia al comienzo se leia diferente y ahora es otra cosas
2024-12-01
0
Francisca Alcantara
Degraciado infeliz espero que no logre su objetivo
2025-01-09
0
Marina Estefana Hernandez
no permitas que la agarre
2023-12-31
1