Intento una y otra vez, la puerta no abre "maldita sea, este cerdo piensa en todo" no termino de maldecir cuando escucho los pasos de Félix acercándose hasta donde yo me encontraba, desesperada me escondí detrás del los sillones de la sala que estaba a oscuras, solo la luz de la luna se reflejaba a través de los ventanales.
"Este es mi final", pensé. Los pasos estaban cada vez más cerca, me siento paralizada por el miedo, trato de controlarme para no llorar, no quiero, no puedo hacer ningún tipo de ruido. No sé que podría pasarme si descubre mi escondite.
Lo escucho maldecir y nombrar mi nombre una y otra vez, me deslizo por el costado de los sillones, con el sonido de su voz. Sus pasos se van alejando y por un momento me siento más aliviada.
Escucho que alguien abre la puerta, me quedo donde estoy, las luces se prenden; es mi abuela que al parecer se había olvidado de algo. Félix regresa gritando mi nombre y se encuentra con mi abuela que se disponía a subir a su cuarto.
Abuela: Me puedes explicar ¿qué haces tú desnudo por la casa y gritando el nombre de Bárbara?
Félix: - se queda petrificado, no sabe qué hacer ni que decir. No se esperaba que volviera tan rápido, no había pasado ni 15 minutos de su salida-
Abuela: ¡Contéstame! Te acabo de hacer una pregunta. O acabaré pensando que todas las idioteces que se inventa Bárbara son ciertas.
Félix: Sabes que a esa niña malcriada le encanta inventar historias.
Abuela: Entonces porque estás desnudo y buscándola, ¿dónde está Bárbara?
Félix: No lo sé, por eso la estoy buscando.
Abuela: Tú de verdad crees que yo nací ayer ¿no? Piensas que me voy a creer ese cuento del abuelo preocupado. ¡Si por lo menos tuvieras ropa puesta podría hacerlo pero como estás desnudo, entonces no! -grita-
Acompáñame arriba, te pones algo en lo que yo reviso los cuartos.
Barbie: "Gracias Dios, muchas gracias por este milagro. Gracias, Gracias, Gracias..."
-Cuando ya no escucha los gritos de su abuela, rápidamente se dirige hasta la puerta, gira la perilla y sale de la casa-
El jardín es inmenso, hay muchos árboles y poca iluminación, bajo la luz de la luna me dirijo hasta la zona más oscura para poder resguardarme y acercarme hasta la salida cuando considere que sea seguro. Solo sé, que a esa casa no pienso volver.
Desde un lugar seguro, a lo lejos puedo ver a mi abuela salir a toda prisa llevándose por delante al imbécil de su marido, suben al auto, Félix va al volante, y se van a toda prisa por la carretera. Como no tenemos vecinos cercanos, nadie se acercó a la casa cuando oyeron los gritos de mi abuela.
Me siento aliviada, mi respiración y mi frecuencia cardíaca comienzan a relajarse, suspiro profundamente y me decido a salir de una vez por todas de esa cárcel a la que le llaman casa.
Camino por el costado de la carretera, tratando de esconderme entre los árboles y algunos matorrales para que no me encuentren cuando regresen. No sé cuanto tiempo pasó, solo sé que ya me siento cansada y con sed, la poca agua que tenía se me había acabado.
De pronto me doy cuenta de que ya estaba cerca del centro del pueblo, se podían ver las luces del paraje ¡Qué bonito! Dije para mis adentros, el paisaje era hermoso, estaba tan sumergida en mis pensamientos que no me di cuenta que había alguien más, cuando iba a seguir mi camino siento que me agarran por detrás, me rodean con sus brazos, un pinchazo fuerte cerca del glúteo, una bolsa de tela negra en la cabeza y me tiran dentro de un auto.
No me dio tiempo de defenderme, lo último que escucho es la voz de un hombre diciendo ¡La tenemos, rápido nos vamos, nos vamos!, y siento que de a poco me voy quedando profundamente dormida.
Al otro lado de la ciudad...
Virginia ya tenía preparada sus cosas y se había cambiado de ropa como se lo prometió a Carlos, se sentía feliz, el semblante le cambio por completo. En la mañana vendría por ella para regresar a la casa y lo más importante; irían a buscar a su hija.
No logró dormir durante toda la noche de la emoción, el amanecer se hizo esperar pero finalmente estaba comenzando a amanecer y su corazón cada vez latía con más fuerza. Solo que esta vez era de felicidad.
Carlos viene a la media mañana a buscarla, se dirigen directamente a buscar a Bárbara, el camino se les hizo eterno, nunca había deseado tanto ir a la casa de su suegra como en este momento.
Cuando llegan al sitio, Virginia siente un mal presentimiento, Carlos se da cuenta del cambio de expresión de su esposa y la toma de la mano.
Carlos: ¿Qué sucede amor?
Virginia: Estaba tan feliz, de pronto siento todo lo contrario, es cómo angustia, siento ganas de llorar y no sé por qué.
Carlos: Tranquila, respira profundo, recuerda lo que te dijo el médico por favor.
Virginia: No te preocupes, ya me siento un poco mejor. ¡Entremos!
Se dirigen a la entrada y tocan el timbre y no hay respuesta, Virginia oprime su pecho. Vuelven a tocar con más insistencia hasta que por fin abren la puerta. (Estaban desvelados tratando de encontrar a Bárbara)
Abuela: ¡Hola hijo, que sorpresa! Virginia, no los esperaba, como no avisaron que vendrían.
Carlos: Buenos días madre, perdón por la molestia, ¿podemos pasar?
Abuela: ¡Claro hijo, pasen!
Virginia mira con desconfianza a su suegra, no dice nada solo asiente con la cabeza y se dirige a la sala. Carlos la sigue y se sientan uno al lado del otro en el sillón.
Carlos: Madre, una vez más te pido una disculpa por presentarnos de improvisto, pasaron tantas cosas que no lo pensamos, solo decidimos venir y acá estamos. ¡Vinimos a buscar a nuestra hija!
Abuela: No tienes por qué pedirme disculpas, esta es y será siempre tu casa, las puertas siempre van a estar abiertas para ti. Pero hay un problema, no sé cómo decirte esto -suspira- Bárbara escapo de la casa ayer por la noche.
Carlos: ¿Cómo? ¡No puede ser!
Abuela: Lo mismo pensé yo, había ido como todos los viernes a reunirme con mis amigas, volví antes porque me había olvidado de las tarjetas en el otro bolso y ya no estaba. Salimos a buscarla por todo el pueblo, pero es como si se la hubiera tragado la tierra.
En ese momento Virginia pierde el conocimiento, Carlos la acuesta en el sillón y le sube los pies arriba de algunos almohadones, le pide a su madre un poco de alcohol para tratar de reanimarla.
Abuela: No es más que una simple pataleta de niña rica, ya se le va a pasar.
Carlos: -enojado- ¡Madre por favor!
Abuela: Está bien, ya te traigo el alcohol.
Se levanta y lo busca, mientras tanto Carlos controla su pulso el cual está débil pero presente. Con la ayuda del alcohol, Virginia logra despertar después de unos minutos. Se reincorpora y dice a su marido para salir de ese lugar. Carlos la obedece y deciden ir a buscar a las autoridades para que los ayuden a buscarla.
Mientras tanto...
Bárbara se despierta con un fuerte dolor de cabeza, no recuerda nada de lo que pasó, mira a su alrededor y no puede creer lo que ven sus ojos. Está en una habitación hermosa, hay una cama enorme, súper confortable, unos ventanales con grandes cortinas muy hermosas, un vestidor lleno de ropa de su talla, zapatos, carteras de toda variedad, un maquillador con espejo y una butaca para sentarse, en los cajones hay toda variedad de maquillaje, cremas, perfumes que por su fragancia deben ser importados.
Además de todo eso, tiene un baño enorme con jacuzzi y toda clase de lociones y jabones en los estantes, toallas muy suaves y un gran espejo. Bárbara estaba emocionada por todo lo que la rodeaba pero a la vez asustada. Al lado de la mesa de luz había un gran ramo de rosas y una tarjeta que decía; Bienvenida a tu casa, tomate un baño, escoge lo que quieras y baja a desayunar conmigo cuando te sientas cómoda...
Al terminar de leer la nota se sienta en la cama, se pellizca para ver si estaba soñando, pero todo era real. Se dirige al baño, se da un baño, escoge un vestido largo y discreto, unas sandalias bajitas, deja su pelo suelto, respira profundo, abre la puerta y sale de la habitación.
Una muchacha muy bonita con uniforme de mucama la estaba esperando en la puerta, quién la saluda amablemente y la dirige hasta el comedor.
Las escaleras son un sueño, son como los de cuentos de hadas, cada detalle era más bonito que el anterior. Todo era hermoso y perfecto, "el dueño debe ser un traficante multimillonario" -pensó-. Cuando llegan al comedor, había varios sirvientes parados a un costado y un hombre mayor sentado en una gran y hermosa mesa.
El hombre debe tener alrededor de los 50 años cómo máximo, un escalofrío subió por las piernas de Bárbara, sintió miedo y se quedó parada al lado de la muchacha que la acompañaba. El hombre quien la miraba desde la mesa la saluda amablemente y la invita a que lo acompañe a la mesa.
Hombre extraño: Hola Bárbara, ven, acércate. Tenemos mucho de que hablar. No tengas miedo que no está en mis planes hacerte daño.
Bárbara lo mira, el hombre le brinda una sonrisa sincera, temerosa se acerca y se sienta en una de las sillas.
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