28 de abril de 2050
Querido Roy: Hoy finalmente volví a visitar el centro de Metrópolis y lo hice en pleno día. Por supuesto, estaba camuflada, con una capucha de estilo medieval color negro y unos lentes de contacto azules. Mi uniforme era el mismo de siempre, pero me di el lujo de hacer algunos retoques mínimos. Unos guantes de cuero me protegían de la cancerígena luz solar y unas botas combinadas con unas panty medias de rejilla oscuras completaban mis atuendos.
Me sentía espléndida y radiante, mi cabello color rojizo brilla más que nunca gracias a un shampoo especial que la primera dama consiguió para mí. Pero, no lo iba a poder lucir en Metrópolis. Sin dudas,me daba miedo que me descubran y hasta hoy yo no tenía dimensión alguna del alcance de mi fama. Viajé en un hermoso carruaje de la familia Rufino, mi acompañante era la dócil Sharon, ella iba vestida con su uniforme común de dócil y unas largas trenzas. Su timidez y sumisión hicieron del viaje un aburrimiento terrible.
— ¿Estás ansiosa por visitar el centro de Metrópolis Sharon? — le dije mientras me atrevía a verla a los ojos
— Emm si, eso creo. . .encargada Mia
— No tienes que decirme así, relájate Sharon, ya nos conocemos. ¿Además no ves mis ropas? Parezco una Dominante más, con mi capucha
— Si, encargada Mia, digo. . . Mia.
— 'Díos santo, que callada es' — Pensé frustrada. Aunque, para ser sincera, cumplía bien su rol de dócil. Sharon nunca hacía nada sin que se lo ordenen y solía pedir permiso hasta para respirar. Había sido bien moldeada por la academia. Y aunque habíamos vivido muchas situaciones juntas, nunca me había tomado confianza del todo. Su mejor amiga en la academia y la mansión era Noe.
El viaje se hizo tedioso, ambas mirábamos al exterior con curiosidad, no estábamos a muchos kilómetros del centro, pero sin el tranvía íbamos muy despacio, las ruedas del carruaje solían estancarse en el camino.
A medida que avanzamos veíamos más personas, en su gran mayoría mujeres ciudadanas y esclavas claro. Muchas iban a la capital a trabajar en las fábricas, en las calles, en las tareas administrativas del gobierno. Los trabajos en el exterior, al sol, son los peores sin dudas. No es recomendable exponerse a la luz solar entre las 11 AM y las 18 PM, en el mediano plazo las consecuencias sobre la piel y la salud son devastadoras.
A decir verdad, me gustó ver el centro con la luz del día, las calles se veían más limpias y los automóviles quemados por las protestas de las mujeres rebeldes habían sido retirados. El enorme y majestuoso carruaje Rufino acaparaba algunas miradas, cosa que no me gustó. Jóvenes pobres, mujeres con niños en brazos y ancianas nos miraban de cerca. Los Rufino son famosos, por ser la familia gobernante y por su enorme poder e influencia, así que no es extraño que se produzca tanto revuelo al ver sus carruajes, sus autos o a ellos mismos.
Según las dóciles más antiguas de la mansión, Leo siempre fue querido por las jóvenes dominantes, pero siempre fue demasiado enigmático y frío con el pueblo.
— Mia, es hora de bajar — me dijo Sharon mientras miraba el piso —
Yo estaba absorta en mis pensamientos, pero su voz me trajo de vuelta. Sabes Roy, es increíble tenerle miedo de la gente, ser famosa me aterra. A pesar de todas las adversidades que enfrento a diario como dócil, siento que puedo hacer de todo y defenderme de quien sea, incluso del enano asqueroso de Fredy. Pero, la fama repentina, que mi rostro este en comics, en publicidad, es demasiado impactante para mí.
Me puse la capucha y bajamos de nuestro vehículo. Pude esquivar a algunas mujeres curiosas con algo de torpeza; no me habían reconocido gracias a mi camuflaje. En esa parte de Metrópolis, donde fuimos a buscar las cosas de la lista, las calles tienen adoquines, los comercios están limpios, abarrotados de personas, las aceras son bastante amplias y no como en los suburbios. En cierta forma, era como ver al mundo antes del apocalipsis y la destrucción de las grandes ciudades.
La compra fue rápida, municiones, tabaco, yerba mate, harinas, aceite. No obstante, el maíz, los cereales y algunas bebidas deberían ser enviadas a la mansión, una de mis nuevas funciones era recibir esa clase de pedidos grandes. Sharon cargó la mayoría de las provisiones que podíamos llevar en el carruaje. En un momento, al no ver a nadie cerca, me quité la capucha confiada, necesitaba sentir un poco el aire fresco y respirar. Para mi sorpresa, una niña pequeña que nos habia estado observando me reconoció.
— Mira mamá ¡Es Mia! ¡Tiene que ser ella, está cerca del carro de los Rufino y mira su cabello rojo, es precioso y único! — le dijo la criatura, visiblemente emocionada, mientras me señalaba.
— ¡Vamos Sharon, rápido. Te ayudo a guardar las cosas! — le grité a mi compañera dócil.
Pero, ya era demasiado tarde. Dos mujeres más, vestidas con uniformes naranja se acercaron a mí. Me miraban perplejas y con las bocas abiertas de par en par.
— ¿Eres la verdadera Mia? ¿De verdad puedes blandir la espada? ¿Eres más fuerte que Leo Rufino y todos los hombres?
Las preguntas no terminaban, una joven de unos 14 años me pidió que le regale un guante, otra joven, con un barbijo rosado en su rostro, se abrazó a mí, para la bronca de su madre que le dió una cachetada y la apartó en forma brusca. Decidí que lo mejor sería trepar al techo del carruaje y hablarles allí.
— ¡Muchas gracias por los saludos, ciudadanas y ciudadanos de Metrópolis. Sí, mi nombre es Mia cómo muchos suponen, aunque por supuesto, no tengo poderes como en las historias que ustedes han leído! — les grité, mientras veía incrédula cómo se formaba una pequeña muchedumbre.
Incluso las funcionarias de la ciudad se habían acercado para escucharme hablar. — ¡Ahora debo irme para cumplir con mis obligaciones, pero nos volveremos a ver muy pronto, lo prometo, gracias por su afecto y amor! — les dije mientras saludaba con ambas manos.
El aplauso cuando terminé de hablar fue masivo, algunas jóvenes, que imagino por sus ropas eran de clase Dominante, me sacaban fotos con smartphones mucho más grandes que el que yo tenía. Finalmente, luego de muchos minutos de locura, pudimos dejar atrás a la gente, no sin dificultad.
El jovencito que guiaba a los caballos se llamaba Horacio y era uno de los pocos hombres del personal, un subordinado que había llegado hacía poco tiempo para servir a los Rufino y que sabía hacer de todo. El viaje de regreso fue tranquilo, ahora Sharon me miraba de reojo cuando suponía que yo no me daba cuenta, pero soy Mia y me suelo percatar de casi todo. Era obvio que estaba shokeada por mi impacto en las personas y por como me querían
— Llegamos Mia, la ayudo a bajar — me dijo Horacio mientras habría la puerta y me tendía una mano — sus ojos brillaban, como si yo le atrajera mucho. Claro que es solo un niño, debe tener unos 15 años. Y si bien, yo aún tengo 18, me siento una mujer más grande.
— No necesito ayuda para bajar, Horacio — le dije con mi tono seco habitual para tratar a los de mi clase, que luego traté de suavizar con él. — Te pido en cambio que me traigas agua fresca del pozo, la que hemos estado purificando y ¡No demores en el camino!
— A la orden Mia, voy corriendo — me respondió con una enorme sonrisa mientras salía corriendo.
Sharon sonrió levemente por mi trato al pequeño subordinado, mientras descargaba las provisiones, por suerte no había perdido el tiempo y se mostraba con su habitual eficiencia. Lo malo es que aún faltaba demasiado por hacer: el control de todo lo comprado, guardar las cosas, etiquetarlas. Iba a necesitar más ayuda.
El resto del día se nos fue en esas tareas, aunque yo mas que nada me dediqué a supervisar a las dóciles y a Horacio. Mis pensamientos estuvieron casi todo el tiempo en mi padre, mis hermanas menores, en mi maestro de defensa personal, Coram y su próxima clase, en Leo.
Todo es más fácil y tranquilo sin los hermanos Rufino. Pero en esta mansión siempre ocurre algo. Hace un rato antes de terminar el día me llegó una pequeña nota.
— Es para ti, de Druscila — me dijo Cecil mientras me daba un papel amarillento en la puerta de mi habitación.
— Gracias Cecil, puedes retirarte a descansar. En la mañana me buscas para asegurarte un par de tareas — le dije mientras apoyaba una de mis manos en su hombro
"Mañana en la mañana, te quiero a primera hora en mi habitación"
Tu Mia 🌹
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Updated 31 Episodes
Comments
Betty Saavedra Alvarado
Los Rufino no deberían gobernar están locos Mía eres famosa
2024-07-23
1
Ana Laura Ruiz Rivas
ojalá arruinen a ese desgraciado
2023-05-04
1
Lunanemrac
Pues no será fácil, yo no podría dormir, pensando que esto podría ser una trampa
2023-04-23
2