Parte 18

Amelia

Que ridícula era, ¿por qué debía vestirme por un hombre?, ¿por qué debía ponerlo celoso?, ¡Yo era una mujer suficientemente capaz de hacer las cosas!, no necesito un neandertal, no necesito nada de eso.

Aunque en este momento tuviera un vestido a mi disposición que tenía más escote para resaltar mis pechos y mi cintura.

—Date gusto —Me dice mi buen amigo, Miller, que le muestro mi dedo del medio —Uy, ¿cuándo te volviste tan grosera? —Suelto una risa, mientras tomo whisky, siempre con paladar refinado.

—El corazón roto hace mucho —Suelto riéndome.

—Hola, linda —Un hombre se sienta a mi lado de la barra, lo miro, estaba bastante guapo, a decir verdad —¿Te invito a un trago? —¿Debía negarme?, ¿por qué?

—Claro —Le doy una sonrisa.

Dos horas después nos estábamos besando fuerte y salvaje, sin embargo, a mitad del camino no fui capaz, no era capaz, no era capaz de hacerlo porque sentía algo de presión en mi pecho. Maldita sea, jodida mierda tan asquerosa que me estaba sucediendo.

Muchos sentimientos encontrados en el momento, acostarme con cualquiera no iba a solucionar mis problemas, no iba acabar ese dolor en mi pecho por creer que el tonto de Mathias me iba a querer, aunque fuera en el futuro, solo era una tonta que creía que iba a conseguir algo.

Siempre dicen que la fe es lo último que muere, que siempre debe permanecer, cuando yo la tengo se me hace añicos, constantemente se hace lo posible para que la siga perdiendo más y más grave, simplemente siendo una idiota, eso era.

Cerré mis ojos mirando el techo del hotel, hotel que pagué para una noche. No iba a desperdiciar, además que el señor no traía dinero, me hizo pagar y toda ilusa queriendo darle sexo, cuando se veía que no sabía hacer nada.

No era una virgen, había tenido relaciones, ¡Una vez!, ¡Una jodida vez!, y que comen que adivinan, con Mathias, "Borrón y cuenta nueva", fue lo que me dijo al día siguiente, ese mismo día me di cuenta que había sido una aventura más.

Una niña, siempre me había gustado, tenía 17 años, y no todos son mi primo, el hombre perfecto que tiene las palabras en la boca, que está acostumbrado a tratar con las mujeres y dejarlas, pero dejarlas de hacerle saber que son chicas dignas, y no está preparado para eso.

—Trepadores —Ese día que me destruyó el gemelo, era mi último día para presentar todos los papeles para la universidad, el examen de admisión para administración de empresas. Quedé tan mal, que no le hice caso a mis padres y me presenté a la que yo deseaba, derecho.

Como la mejor de mi clase me gradué, y cambié totalmente, me empecé arreglar, siendo inteligente no fue difícil. Hice un cambio, porque la idea inicial era ir a la misma universidad de Mathias, así de tragada estaba.

Como mis notas eran tan buenas, me dieron la oportunidad de ir al extranjero, no voy a mentir, lo pensé, porque de alguna manera solo estaba haciendo eso para llamar la atención de un idiota, ¿Qué era yo?, ¿Una tonta?, tenía el suficiente coeficiente intelectual para no hacer esa idiotez.

Acepté la oportunidad, mi cumpleaños número 19, la pasé en Rusia. La ciudad natal de mi padre, al principio se negaron, pero al ver que estaba preparada para todo, me dejaron ser libre, y cumplir mis sueños. Dando lo mejor de mí, volví cuando finalicé mis estudios por completo, incluyendo el posgrado, mi cuerpo se había desarrollado por completo, y ahora que me arreglaba, me daba con los trajes que siempre eran de alta calidad, ser hija de padres ricos tenía sus ventajas.

¿por qué volví]?, Miller me dijo lo que tenía en mente, sus negocios y me ofreció ser socios, ¿Cómo no lo iba aceptar?, nunca he sido fanática de trabajar en familia. Pero, ese ojiazul me había hecho muchas buenas, fue el que me motivo para irme, para ser alguien, y aceptando que su amigo era un idiota.

De alguna manera, y era cercana a él, nos llevábamos cinco años, había hecho la carrera en tiempo record para tener ventajas en el mundo laboral. Aunque tenía rosca por parte de mi primo, ahora estaba ganando el doble de puntos con mi profesión.

—Lía, ¿tienes tiempo? —Es lo primero que me dijo el hombre, cuando contesté el llamado por celular.

—¿Qué quieres?

—Sabes que me iré a la empresa dle abuelo, y se estan preparados para ese evento, quiero que sigas conmigo —Me levanté de la cama, al escucharlo —No estoy seguro si te gusta la idea.

—Me gusta, no te tuve fe, pensé que ibas a dejar abandonada.

—Claro que no, eres una buena persona que tiene el conocimiento que necesito, entonces en unos días para encontrarnos e ir con el abuelo.

—Listo, chuchu.

—No me digas así, siento que me estás echando.

—Eso estoy haciendo —Digo mientras me rió.

—No cambias —Estaba casi seguro que me estaba con su cara de decepción mientras negaba con la cabeza de forma exagerada.

Todo se volvió borroso, mis últimos recuerdos eran de cuando Miller me recogió, estábamos hablando de la próxima expansión que tendría la marca, cuando sentí mi cuerpo más pesado. Estaba viendo la calle, y unos pies, del lado contrario. ¡El camión!, giré a ver a mi primo, el cual seguía inconsciente.

—¡Miller! —Lo llamé, tratando de tocarlo, pero el carro se movió y dejé de intentarlo —Hablame, Miller, Hablame.

—Que me duele la cabeza, ah —Sonrió al escucharlo, la voz ronca del tonto llega a mi.

—¿Estás bien?

—Eso debería preguntarte yo a ti —Cuando abrió sus ojos, dando directamente a mi.

—Lo estoy, me duele la cabeza, nada más —Él abre su boca para decir algo, pero la vuelve a cerrar al tiempo que sus ojos.

—Somos dos, ¿qué pasó?

—Un camión —Me mira unos segundos para suspirar —No tenemos que pensar mucho para saber quién lo mando.

—Sabía que estaba enojado.

—¿No es mejor para él?, dejarás el puesto, podrá hacerse cargo.

—Depende como lo veas, ahora estoy peleando por mis acciones, sumando que mi padre se niega rotundamente a que elija ese bando —El castaño me había explicado que la reacción de su familia no fue positiva, y siempre supuso que sería de esa forma.

Por una parte, estaba el hecho que su papá nunca le había gustado que llevará el primer apellido de la madre, no pensé que ahora tendría el poder absoluto por esa razón que siempre odio a retirarse del control de él, y ceder a otra persona, siendo libre.

No todos los padres son como los míos, yo tuve amor y cariño, que siempre me apoyaron, aunque muchas veces no estuvieron de acuerdo, tengo una hermana menor, que en este momento sigue el camino de manejar la empresa de mi papá, porque eso era lo que debía pasar, por eso estaba orgullosa de lo que hice durante mis años de vida.

En el caso de Miller que se esforzó para complacer a su padre, luego a la esposa de éste, cuando estaba seguro que lo iban a quitar, que le iban a robar todo el dinero. Mi papá me decía que sufría en ocasiones por como su hermana se casó, por un asunto político al principio y luego por amor, un amor no correspondido.

Conocía la historia, y no le deseaba ese mal a nadie, quería que todos fueran felices, pero al estudiar derecho, vez tantos casos, que solo te hace querer gritar y decir que todos son unos malditos, corruptos e hijos de puta.

Pobre del ojiazul, que había conseguido la paz con Becca, había conseguido todo lo que deseaba, y ahora sería arrebatado de todo.

—Señora, ¿se encuentra bien? —Uno de los bomberos me pregunta, y giro a ver a mi primo que sus ojos seguían cerrados.

—Sí, salvenlo a él primero —Sonrió, me dolía la cabeza, pero tenía más fe en Miller que en mi.

Ya hice muchos cambios, ya ayudé demasiado, y si alguno de los dos tenía más probabilidad de vivir era él. Todo doctor se basa en el tiempo de vida, si ponemos una persona de edad y un niño para salvar, será el niño, sin embargo, si el niño tiene muchos problemas... Salvarán al viejo.

Vi cómo ayudaban a Miller, con mucho cuidado.

El mundo está lleno de desastres, algunos viven sin conocerlas, otros están destinados a pasarla mal. Era divertido como yo había podido viajar, como había tenido amor de mis padres, como estudie sin necesidad de tener una deuda, mi vida era completamente perfecta. Llorando por amor durante años, llorando porque un idiota no me prestaba atención, oh... Que idiota que soy, que ilusa, que tonta, tanto.

—Ya sigue su turno —No pude evitar sonreír por el hombre que se seguía esforzando por mi, que seguía insistiendo para que yo sobreviviera. Regularmente no hacen caso cuando uno dice "Salven a tal persona", lo hicieron porque Miller tiene más probabilidad de vivir que yo.

Llevé mi mano y mi cabeza, me olía a sangre, el castaño no tenía ninguna herida abierta. La única opción era yo, cuando me toqué la cabeza lo vi, y recordé como me había dado con el tablero del auto, para volver a mi lugar por el cinturón.

Mis lágrimas empezaron a salir, sabiendo el destino que tenía, la poca fe que me tenía. La poca esperanza, aquí estaba nuevamente haciendo efecto, otra vez estaba volviendo.

—Usted va a estar bien —El bombero me hablaba, no quite mi sonrisa.

—Esta bien, no importa —Suspiro para cerrar mis ojos —Dígale que no fue su culpa, ¿esta bien?

—¡No!, despierte, no se duerma —Me sacudió —Si sale de esta, la voy a invitar a una cita, ¿si?

—¿Lo dices, aunque estoy aquí?, ¿Quieres una cita que va a morir en el futuro?

—Usted va a vivir, yo estoy seguro de eso, y si lo hace, saldrá conmigo, ¿va? —Sin poder evitarlo suelto una risa.

Era guapo, y si era bombero debía tener un cuerpo excelente, ¿Qué podía quitar?, ¿Qué podía hacer?

—Eres un tonto.

—Un tonto con esperanza, uno de los dos la debe tener, ¿no cree? —Asiento lentamente, mis ojos se empiezan a cerrar, escuchando como me grita, y de fondo escucho a Miller gritar mi nombre, su cabeza estaba bien porque lo estaba comprendiendo.

Cuando vuelvo abrir mis ojos, me tía estaba en frente mío, con una gran sonrisa.

—Tardaste.

—Me estuvo gritando, incluso Miller.

—Parece que no ha crecido —Ríe mientras me acariciaba el cabello —Has crecido, al igual que él.

—¿Lo has visto?

—En ocasiones bajo y veo como se encuentra.

—¿Lo extrañas?

—Claro que sí, es mi hijo después de todo.

—¿Entonces por qué te fuiste tan pronto?

—¿Y tú porqué te rendiste?

—Creo que todo debe acabar en algún momento.

—Sí, es el destino de todos, Lía —Doy una pequeña sonrisa, recordando como mi tía y Miller eran los únicos que me llamaban de esa forma.

—¿Entonces?

—No debemos forzar la muerte, ¿por qué?, ¿sabes cuántos quisieran tu oportunidad?

—Se las puedo regalar —Ella niega con su cabeza, para ayudarme a levantar del suelo, y empieza a caminar conmigo en mi casa, aunque esta vez se sentía más vacía que antes.

—Eso no es el punto, no tiene nada que ver.

—Salve tu hijo, deberías decir gracias —Ella me miro, dándome otra sonrisa, para bajar la cabeza.

—Estoy agradecida, pero no me gusta como tuviste que dar tu vida por eso.

—Es ciclo de la vida, no podemos pelear para eso, y yo estaba preparada hace mucho.

—¿Y el chico bombero?, ¿No te dio otra oportunidad?

—Debe estar triste, ¿no?

—Tal vez —Uno segundos de silencio sin dejar de caminar, se adelanta y se gira para quedar al frente mío.

—¿Por qué creíste que Mathias debía ser tu pareja? —¿Cómo iba a responder esa pregunta?

—No estoy segura.

—Debemos conseguir una respuesta.

—¿por qué? —Ella se acerca más para darme un beso en la frente.

—Dile a mi hijo que lo amo, que lo extraño y estoy orgullosa de él, que eligió una buena chica —Sus lágrimas empiezan a salir cuando se va alejando —Tu no pierdas la fe, no lo hagas —Siento una presion en mi pecho y el dolor de cabeza se hace más agudo.

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