Cuando Gina, Caleb y Argón abandonaron Aurenia, el reino de Cales fue derrocado por los rebeldes que se oponían al tratado de paz que el rey había aceptado. Erik, el hijo menor de unos mercenarios, organizó una organización secreta para destronar al rey y, cuando tuvo suficientes seguidores, atacaron al trono asesinando a los miembros reales colocando sus cabezas como advertencia a aquellos que se oponían.
Muchos titanes intentaron huir, ya que si bien tenían una fuerza monstruosa, eran seres pacíficos que vivían de la agricultura y la crianza de los animales. Pero era demasiado tarde, los rebeldes formaron en filas a los
pobladores cautivos y les ofrecieron ponerse de rodillas ante el nuevo rey y apoyar su causa, o vivir como prisioneros el resto de sus días, muchos hombres se arrodillaron, mientras que muchos otros en conjunto con mujeres y niños fueron aprisionados en las mazmorras subterráneas que se encontraban bajo el castillo.
Ahora bien, con un ejercicio formado y no de hombres, sino de bestias, con las pociones obtenidas por lord Yonic, mutaron a los reclutas para convertirlos en verdaderas máquinas para matar. Sus cuerpos medían cerca de los 3 metros, tenían cuerpos voluptuosos y brazos torneados, de sus manos salían filosas garras y de sus bocas pronunciados colmillos. El rey Erik salió a su balcón, mirando a la lejanía, mientras el sol era oculto por pesadas y grises nubes que amenazaban con desatar una terrible tormenta, con el rugir de los truenos y el resplandor de los rayos, miraba extasiado su preciosa creación. Cientos de bestias ante sus ojos, formadas en filas para atacar, ahora bien levanto su mano, pues ante él, el mundo debería llorar, ya que pronto sería suyo, y la calamidad azotaría a los tres reinos, y su nombre sería clamado entre llantos y miseria por toda la eternidad.
Pero había algo que los detenía y era la barrera mágica de la princesa Caliza, quien por el tratado de paz protegía al reino de Azula. Erik, que sobresalía por su astucia, infiltró a un espía entre las filas de Aurenia. Se trataba de un traidor que filtraba información a los rebeldes, mientras fingía proteger la barrera, en secreto la debilitaba. El príncipe Erik ordenaba a unos cuantos de sus súbditos invadir la frontera de Aurenia, para que así reforzaran las defensas, dejando desprotegida la frontera de Azula, y cavar túneles subterráneos para lograr invadirla.
En Azula un festival se celebraba, había luces de todos colores, puestos de dulces y música alegre. Los niños corrían divertidos entre las coloridas calles, mientras la música resonaba a todo tambor. Leiv y Caliza tenían una cita por lo que ella se veía realmente hermosa, con su cabello castaño recogido, sus ojos preciosos, color ámbar lo miraban todo, como si quisiera absorber el encanto de esa noche y guardarlo para siempre en lo más profundo de su memoria, sus labios pequeños no paraban de charlar mientras que sostenía entre sus manos las bellas flores que momentos antes Leiv le había regalado. Mientras miraba encantada lo apuesto que era su acompañante, con sus ojos grises, profundos, su piel tan blanca como los lirios en primavera y cabello rebelde al color del sol, la noche era perfecta.
Fue en ese momento cuando ocurrió, del suelo surgieron profundos hoyos de los cuales los pobladores fueron succionados para luego salir en las fauces de temibles bestias, que los devoraban, mientras que los miembros que restaban de ellos caían aún calientes, escurriendo de sangre entre sus afilados colmillos. En sus lomos llevaban a los titanes mutados con enormes mazos metálicos que lo trituraban todo. Fue entonces cuando descubrieron que estaban siendo invadidos, el príncipe Leiv peleó valerosamente para salvar a su amada princesa, pues del tiempo que se trataron se enamoraron perdidamente. Las lágrimas brotaban de los ojos de Caliza mientras se negaba a soltar la mano del joven de rubios cabellos, quien la dejo inconsciente para poder ponerla bajo el cuidado de su escolta, quien la saco por un pasaje secreto.
El paisaje antes bello y pintoresco se había convertido en un escenario macabro, lleno de sangre y cuerpos por doquier, los titanes asesinaban brutalmente con sus enormes y metálicos mazos, quebrando huesos, mutilando cuerpos con un solo golpe, mientras reían extasiados, pues les parecía divertido el salpicar de la carne. De repente, Leiv se encontró rodeado y cuando estaba a punto de ser desmembrado apareció de repente el rey Erik, quien se abrió paso ante los imponentes titanes.
- Mira lo que tenemos aquí, no esperaba encontrarte aún con vida, tus padres han sido asesinados, su sangre está en mis manos, tu reino destruido, ¡vamos dime, no crees que es una vista hermosa!- exclamaba Erik mientras levantaba las manos al contemplar la vista escarlata causada por la sangre derramada.
¡estás completamente loco!, ¡nunca te saldrás con la tuya!, más pronto de lo que imaginas, vendrá una joven mujer montada en un corcel negro, blandiendo una espada que atravesara tu negro corazón, su cabello de fuego iluminará está penumbra y tu reinado caerá quedando solo cenizas mientras que mi reino renacerá de las mismas más fuertes que nunca, como el fénix eterno que prevalece de la esperanza - exclamó el príncipe Leiv desafiante mirando con rabia los ojos violeta de su oponente.
¿y quién es esa joven según tú? - pregunto divertido el rey Erik - Es la princesa escarlata, la más letal, asesina, liberadora de esclavos, diosa de la guerra. Las palabras de Leiv llenaron de esperanza a los pobladores que aún escuchaban, pues sabían que su princesa no los abandonaría. Al percatarse de esto, el rey Erik lo dejo inconsciente, mientras ordenaba a sus súbditos que lo encerraran, si bien si esta guerrera volvía, el príncipe sería una buena carta para intercambiar.
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