Incorporándose con dificultad, Anco se puso de pie y comenzó a mirar a su alrededor. Necesitaba encontrar algo, lo que fuera: un objeto, una señal, una persona. Quería pedir ayuda, preguntar dónde estaba y que era ese lugar.
"¿Será una clínica mental?"
Pensó, sintiendo como el pánico se apoderaba de ella.
Por más que buscaba, no veía a nadie. La soledad del lugar la aterrorizaba. Sin embargo, antes de que el miedo pudiera consumirla por completo, escucho una voz femenina. Era clara, pero parecía venir de todas partes y de ninguna a la vez. Anco se detuvo en seco, mientras su mente procesaba lo que acababa de oír.
"Ya me volví loca"
Pensó, llevándose las manos a las sienes para masajearse la cabeza.
La voz volvió a hablar, está vez, con más claridad:
- Veo que hay alguien nuevo por aquí, caminando sin rumbo fijo.
Anco sintió un escalofrío recorrer la espalda. Miro en todas direcciones, pero no vio a nadie. El terror y la confusión se reflejaron en su rostro mientras pensaba:
”¿Quién me está hablando?"
Como si la voz hubiera leído su mente, volvió a manifestarse:
- Vaya, no respondes... ¿Te mordieron la lengua los gatos o los ratones? ¿Por qué no hablas? Tranquila, yo no muerdo.
- ¿Eh? Pero... no te veo. ¿Dónde estás? -respondió Anco, con un tono entre nervioso y desafiante-
- Cariño, estoy en todas partes. ¿Qué no ves?
Anco parpadeó, incrédula ante lo que acababa de escuchar. Para ella, la respuesta de la voz era absurda, casi ridícula. Sin embargo, no dijo nada. El silencio se extendió entre ambas, un silencio tan denso que parecía llenar el vacío del lugar.
Finalmente, fue Anco quien decidió romperlo. Con la garganta seca y el corazón latiendo con fuerza, tomo aire y hablo:
- ¿Qué? O sea que. ¿Me comiste sin que me diera cuenta? ¡Eso no es justo! -exclamo Anco, visiblemente sorprendida-
La voz, incómoda por la acusación, intento disimular con una tos forzada antes de responder:
-¿Qué? Ja, ja, ja, ja, ja. ¡Sí que eres muy graciosa! Obviamente, no te comí... tú llegaste primero, sin que yo me diera cuenta.
- ¿Eh?, -Anco frunció el ceño, confundida-. ¿Cómo así que yo llegue primero?, -una sonrisa nerviosa se escapó de sus labios- ¿Que, acaso, esto es una camara escondida de un programa de televisión o algo parecido?, lo único que recuerdo es... -se llevó una mano a la cabeza, tratando de concentrarse-. Estaba... -su respiración se aceleró- ¿Llorando? ¿O alguien me golpeaba el estómago?
De forma instintiva, colocó ambas manos sobre su abdomen, como buscando respuestas en su propio cuerpo. Pero antes de que pudiera procesar más, un fuerte dolor de cabeza la obligó a detenerse.
- Yo que tú no lo haría -intervino la voz femenina, seria-. No intentes recordar lo que ya pasó. Créeme, es mejor que no lo hagas. Es por tu bien.
Anco alzó una ceja, desconcertada.
- ¿Qué? ¿Por qué? No lo entiendo...
- Ja, ja, ja, ja, ja. Solo sabes decir "¿qué?" -rio la voz, con una carcajada tan fuerte que parecía dolerle-. Ja, ja, ja, ja. Mi estómago, ja, ja. ¡Hace siglos que no me reía así! Eres una chica muy peculiar, ¿sabes? -hizo una pausa para tragar saliva y recobrar el aliento-. Pero, linda, créeme, es mejor que no insistas. Deja las cosas como están. Si no me haces caso, podría ser un problema más adelante.
"¿Siglos?"
Pensó Anco, sin atreverse a decirlo en voz alta. Aún así, decidió continuar la conversación.
- ¿De verdad? Bueno, si tú lo dices... -desvio la mirada, algo insegura-. Confiemos, entonces.
- ¡Esa es la actitud! -respondió la voz, entusiasmada-. Más adelante entenderás mis razones, si me haces caso, claro.
Los comentarios de la voz eran tan extraños que dejaron a Anco completamente perpleja.
- Espera... no lo entiendo, ¿Puedes explicármelo? Me lo dices de una forma tan misteriosa...
- Nena, todo a su tiempo.
- Bueno... -suspiro, con cara de aburrimiento-
La voz femenina cambio de tono, ahora más suave y persuasivo:
- Por cierto, cariño... ¿Hay algún deseo que guardes en tu alma? Si me lo dices, podría ayudarte. Me caíste muy bien.
- ¿Un deseo? -Anco enterró los ojos, pensativa-. Déjame pensar... no, no creo. No que yo sepa.
- ¿Segura? -insistió la voz, con un deje de decepción-
- Mmmmm... creo que sí ¿O no?
La voz femenina no se dio por vencida. Quería darle algo de felicidad a la joven.
- Mmmmm... te voy a dar algo de tiempo. Piénsalo bien, reflexiona en lo más profundo de tu ser y pregúntate: ¿qué es lo que más anhelas en el mundo? -dijo la voz femenina, con un tono suave pero integrante-
Anco se quedó en silencio, inmersa en sus pensamientos. Por un instante, algo pareció surgir en su mente. Se llevó un mechón de cabello detrás de la oreja y, con cierta cautela, comenzó a hablar:
- Bueno...
Sin embargo, justo antes de revelar su respuesta. Trago saliva y pensó:
"¿Un deseo que quiero? ¿Qué será? Es extraño, porque no recuerdo tener uno..."
La pregunta de la voz desconocida la inquietaba profundamente, como si estuviera tocando algo que había estado enterrado en su memoria.
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