Pasado, parte 5
Marc, incapaz de aceptar lo inevitable, intento una última vez convencerla.
- No, Anco... no digas eso. Es como sí... como si estuviéramos despidiéndonos para siempre. ¡No quiero eso! Tú y yo debemos estar juntos, como prometimos, hasta que la muerte nos separe. Eso fue lo que dijo el padre cuando nos casamos. No puedes dejarme... porque si lo haces... ¡Me mato!
La expresión de Anco no cambio. Su rostro permanecía tranquilo, casi sereno, pero sus ojos brillaban con una determinación que Marc no había visto antes.
-Pues, adelante -respondió con frialdad-. Porque para mí, tú ya estás muerto.
Señaló con el dedo, hacia la puerta principal de la casa.
- Empaca tus cosas y vete de mi casa.
Las palabras de Anco atravesaron a Marc como una daga. Sintió que el mundo se derrumbaba bajo sus pies. Había perdido a la única mujer que realmente valía la pena, todo por un error que ahora parecía imperdonable.
Desesperado, se acercó a la mujer, se arrodilló en forma de súplica a Anco y juntó las manos en un gesto de súplica.
- Por favor, Anco... perdóname. Te lo suplico, no me dejes.
Anco lo miro directamente a los ojos. Su rostro era una máscara de calma, pero en esa serenidad había algo que asustaba. Una paz fría, que hablaba de una decisión irrevocable.
- Marc, lo que teníamos ya no existe. Lo destruiste. Ahora, levántate y sal de aquí.
Marc bajo la cabeza, derrotado. Sabía que había perdido a Anco para siempre.
- Vete, Marc, antes de que llame a la policía por violencia domestica -la voz de Anco era firme, sin un rastro de titubeo-. Vete en son de paz y no hagas un escándalo. Ya eres muy grandecito para hacer estás estupideces. Ten un poco de orgullo y lárgate, porque si no lo haces, te juro por Dios que armó un escándalo, y tú no quieres que los vecinos se enteren... ¿Cierto?
Marc se quedó inmóvil, impactado por las palabras de Anco. Después de unos segundos, se levantó lentamente, sacudió su pantalón con la mano y la miro fijamente. Su expresión era de derrota, pero en su mirada aún había algo de tristeza.
- Claro... -respondió con un tono apagado-. Solo espero que seas feliz, y te pido que me olvides... por hacerte mucho daño.
Anco lo observo con frialdad.
- Lo mismo va para ti. Consigue a alguien que te ame de verdad... y no le hagas daño como lo hiciste conmigo. ¿De acuerdo?
Marc asintió, con un gesto apenas perceptible.
- Seguro... gracias por todo.
No hubo más palabras. Un silencio pesado lleno la sala. Marc miro por última vez a Anco, su "amada", como solía llamarla. Luego se dio media vuelta y se dirigió a la habitación que habían compartido durante años. Allí, con movimientos mecánicos, empacó sus cosas en una maleta.
Cuándo terminó, saco su teléfono y llamo a un taxi. La espera fue breve. Marc bajo con su maleta y se detuvo en la puerta principal. Miro la casa una última vez, esa casa que alguna vez fue su hogar, llena de recuerdos que ahora le pesaban como una losa.
Al escuchar el claxon del taxi, suspiro profundamente. Camino hacia el vehículo, abrió la puerta y, antes de subir, lanzo una última mirada hacia lo que ahora era su pasado. Con un nudo en la garganta, se acomodó en el asiento trasero y le dio al taxista una dirección desconocida.
El taxi arrancó, y Marc desapareció, dejando atrás una vida que nunca podría recuperar.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Al ver la escena final, el sonido del taxi alejándose y la puerta cerrándose tras Marc, Anco sintió como su fuerza interior se desmoronaba. Sus piernas temblaron hasta que no pudieron sostenerla más, y cayó al piso, abrazándose a sí misma mientras un llanto desgarrador escapaba de su pecho. Las lágrimas corrían sin control, mojando su rostro y el suelo bajo ella.
Pasaron largos minutos antes de que logrará calmarse, aunque fuera poco. Con ojos hinchados y la garganta ardiendo, se levantó tambaleándose y camino hacia el pequeño bar en la esquina de la sala. Sin pensarlo dos veces, tomo una botella de aguardiente, la abrió de un tirón y comenzó a beber con desesperación, como si el ardor del alcohol pudiera borrar, aunque fuera por un instante, el dolor que sentía.
El líquido quemaba su garganta, pero no lo suficiente para apagar el fuego de su angustia. Cada sorbo era una súplica muda por olvidar, por silenciar los ecos de las palabras de Marc y el peso de la traición que aún se aferraba a su corazón.
Presente:
Después de meditar y revivir los recuerdos que la atormentaban, Anco sintió la vibración de su celular. Una notificación iluminó la pantalla, y al desbloquearlo leyó el mensaje:
"¿Qué tal?, espero que estés bien, solo te voy a comentar que ya tengo el proceso de divorcio listo, sin embargo, quiero saber ¿Qué día, puedes firmar los documentos?"
Al leerlo, Anco se sintió deprimida. A pesar de todo, ella tenía pensado pasar el resto de sus días al lado de Marc. Ahora, ese futuro se había desmoronado como un castillo de arena arrastrado por las olas. Para algunas mujeres, dejar un matrimonio infeliz sería un alivio, pero para Anco era un momento profundamente doloroso.
Con dedos temblorosos, respondió:
"Gracias, Juan, te lo agradezco, te pido el favor que los pases a primera hora mañana, ya que como puedes ver está muy tarde, y no creo que te ayuden en eso"
La respuesta llegó casi de inmediato:
"Dale, Anco, mañana a primera hora paso esos papeles, así que tranquila"
Anco respondió:
"Gracias, Juan".
Él contesto:
"Descansa Anco, para que repongas energías para mañana".
"Bien, Juan, descansa tu también". Respondió ella.
"Adiós, Anco".
"Adiós".
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