Tras la charla, los dos amigos se despidieron y se dirigieron a buscar sus autos. No paso mucho antes de que Anco encontrara el suyo. Justo cuando iba a subirse, sintió una mano en el hombro. Tranquila, porque ya sabía de quién se trataba, se dió la vuelta para enfrentar a la persona que la acosaba.
- Suspiro- ¿Qué quieres, Marc? Recuerda que usted y yo, ya no somos nada, ni en la iglesia ni en lo civil. Así que le pido que se vaya con su novio. Por la cara que tiene, parece que está furioso de que este aquí conmigo.
- ¿En serio, Anco? ¿Lo lograste? Terminaste la bonita relación que teníamos tú y yo. Tanto es tu odio hacia mí que no te importa nada, ¿verdad? Y sobre el tema de la anulación en la iglesia, aún no nos han notificado. Por lo tanto, técnicamente seguimos casados, cómo Dios manda.
- Ash...- Anco se llevó una mano en la sien, sintiendo como la migraña comenzaba a intensificarse-. Puede que tengas razón, Marc, pero déjame informarte algo: cuando firmaste todos los papeles del divorcio, también firmaste la carta de anulación matrimonial católica. Así que da por hecho que ese proceso ya terminó, para bien.
Anco lo miro fijamente antes de continuar:
- Además, te recuerdo que tú fuiste quien tiro todo por la borda. No te hagas la víctima. Eres un hombre que no tiene una pizca de racionalidad. Siempre te escondes en la oscuridad cuando las cosas no salen como quieres. Por eso te sugiero que te largues. No quiero verte nunca más en mi vida, ¿me oyes?
Marc apretó los puños, su rostro reflejaba rabia contenida.
- Bien... sigue con tu vida, Anco. Pero espero que el karma te alcance y sufras como yo he sufrido. Porque cuando ese momento llegue, ¡SERÉ LA PERSONA MÁS FELIZ DEL MUNDO!, ¡¿ME OYES, ANCO?!, ¡LA PERSONA MÁS FELIZ DEL MUNDO!
Cuando Marc pronunció esas palabras, atrajo la atención de las personas que estaban en el parqueadero de la notaría. Anco, al notar las miradas curiosas, le recriminó con furia:
- Púdrete, Marc... En serio, nunca te conocí. Fui demasiado estúpida al confiar en ti.
Aunque sus palabras fueron firmes, por dentro Anco quería morir. Sentía que estaba siendo humillada por alguien a quien alguna vez considero su ser "amado". Miro a Marc con detenimiento y noto que estaba más delgado y pálido de lo usual. Su ropa desordenada contrastaba con la imagen impecable que solía proyectar.
"Si Marc se refugió en los brazos de su actual novio cuando se fue de mi casa ¿Por qué está así... de mal?"
Pensó. Pero rápidamente desecho la idea. Saber que le había pasado a Marc ya no le importaba. Él era parte de su pasado que no valía la pena recordar.
Tras una pausa, Anco continuo hablando:
- En serio, Marc, eres tan lamentable... ¿Tan desesperado estás por conseguir a alguien que este a tu lado, que haces cualquier cosa para dar lástima? -cruzo los brazos y lo miro con desdén-. Si yo fuera tú, estaría más feliz con mi nuevo amor, sin importarme lo que piense la gente, aceptándome tal cual como soy. Pero tú... ya ni sé cómo definirte...
Marc apretó los dientes, su rabia era evidente.
- Si, Anco, soy repugnante. Pero, ¿y tú? ¿Qué hay de ti? -trago saliva antes de continuar-. Tú fuiste la causante de mi desgracia. Me ilusionaste, me enamoraste, y al final ¿qué? Me desechaste cómo si fuera un pedazo de papel inservible. Y no me vengas con que eres la víctima aquí. Eres un ser desagradable que se desquita conmigo solo porque soy diferente. Sí, soy diferente, y no necesito que me digas que está bien o que está mal. Se que te hice daño, pero, ¡por Dios, basta ya!
Anco harta del espectáculo, dio un paso atrás y se da media vuelta para dirigirse a su auto. Necesitaba estar en casa y dejar atrás aquel drama. Con el acuerdo de divorcio firmado, ya no había razón para prolongar la escena. Además, sus finanzas siempre habían sido independientes, por lo que no había nada más que discutir.
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