Sin embargo, antes de que pudiera llegar a su carro, Marc la sujeto del brazo con fuerza, haciéndole detenerse. El agarre le causó un leve dolor, y antes de que pudiera reaccionar, él la atrajo hacia su pecho, envolviéndola en un abrazo que parecía más una prisión.
Anco, furiosa, intento liberarse, pero los brazos de Marc la mantenían atrapada. Él inclinó su cabeza y aspiró el aroma de su cabello, como un maldito acosador obsesivo. Para Marc, ese gesto era una forma de guardar un recuerdo imborrable de ella. Pero su momento se interrumpió cuando apareció su novio.
El hombre los observo con una mezcla de sorpresa y molestia antes de dirigirse a la pareja aún abrazada:
- ¡Ya basta, Marc! -interrumpió Aladino con un tono firme- ¿No entiendes que ella ya no te quiere? Ella te odia... así que suéltala y vayamos a nuestra casa. ¿Lo entiendes, cariño?
Al escuchar la voz de Aladino, Marc soltó a Anco bruscamente. Ella cayó al suelo, golpeándose los glúteos. Aunque el dolor era evidente, Anco logro disimularlo. Desde el suelo, lo miro con desprecio mientras él se giraba hacia su amante.
- Aladino, ya es suficiente. Tú y yo no vamos a tener futuro. Lo nuestro fue una calentura, ¿entiendes? -Marc se acercó, acarándolo-. Y con respecto a la casa, esa casa es de mis padres, y por herencia es mía, no tuya. Si te alojé fue por caridad, porque no tenías donde pasar la noche. Yo te ayudé, pero no abuses de la confianza de la gente... ¡¿ENTENDIDO?! -hizo una pausa y señaló a Anco-. La mujer que yo amo está aquí, y se llama Anco De León.
Aladino sonrió con burla antes de responder:
- Juuum... entiendo, pero eso no fue lo que me dijiste ayer, cuando me lo metías, y me asegurabas que yo soy la única persona que amas. ¿O ya se te olvidó? -rio de manera sarcástica-. Me dijiste que nunca me dejarías, ni siquiera por tú "Mosquita muerta".
Las palabras de Aladino desataron una furia en Marc que nadie había visto antes, ni siquiera Anco en todos los años que vivieron juntos. La vena en su frente se marcó con intensidad, sus puños se apretaron, y con voz temblorosa de rabia, gritó:
- ¡Cállate! ¿Me oyes? -se abalanzó hacia Aladino y lo tomo por el cuello con un gesto amenazante-. Anco, no le creas. Él está mintiendo, diciendo puras mentiras. ¡Nada de esto es cierto!
Marc voltio hacia Anco buscando una respuesta, pero ella permanecía en silencio, sentada en el asfalto, con una expresión que mezclaba asombro y miedo. Al notar su reacción, Marc se maldijo a sí mismo. Sabía que, en lugar de acercarla, sus acciones la habían alejado más.
Soltó a Aladino y se acercó a Anco, extendió su mano para ayudarla a levantarse. Sin embargo, ella rechazó la ayuda, dándole una cachetada en la mano.
-No necesito tu ayuda -dijo con frialdad-
Anco se levantó sola, sacudió su falda con un pañuelo que saco de su bolso, y se colocó frente a los dos amantes con la cabeza en alto.
- De verdad, ustedes dos son tal para cual. Felicidades, son la pareja del año. Y yo, claro, soy una Maldita villana de esta historia. Pero tranquilos, lo que estorba se va -los miro con desdén antes de dar media vuelta-. Sigan con su relación tóxica e infantil, pero lejos de mí.
Antes de que pudiera irse, Aladino soltó una carcajada y dijo con veneno:
- ¡Si, lárgate, Señorita cretina! Y ¡Búscate a un marrano que puedas complacer, porque este -señaló a Marc con el dedo- ya es mío! ¿Sabes dónde tuvimos sexo? -rio de nuevo-. ¡En tu linda cama! Ja, ja, ja, ja.
Marc, asombrado por lo que estaba ocurriendo, no dijo nada. Bajo la cabeza y fijo la mirada en el suelo, como si el peso de las palabras de Aladino lo hubieran aplastado. Anco, al notar su expresión de derrota, sintió una mezcla de asco y dolor. Esa reacción confirmo las palabras de Aladino, y un profundo rencor se encendió en su interior. Se sintió sucia por haber compartido su vida y su cama con un hombre al que ahora veía como carente de ética y moral.
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