Pasaron unos segundos más de reflexión, pero Anco no lograba encontrar una respuesta clara. Antes, ese tipo de preguntas no le afectaban; simplemente pensaba en algo al azar y seguía adelante. Ahora, la incertidumbre la desbordaba. Finalmente, suspiro y se rindió.
La voz femenina, al notar su vacilación, decidió cambiar de enfoque:
- ¿Deseas tener una vida diferente a la que tenías antes?
- ¿Antes? -repitió Anco, con el ceño frunció-
"¿Por qué me esta preguntando eso?"
Pensó, sintiendo como las palabras de la voz la desconcertaban aún más.
- ¿No quieres realizar ese deseo?
- ...Sí, creo...
- Bueno, entonces solo te diré una cosa: mantente alerta. Hay alguien muy poderoso... un sujeto que aparenta ser lo que no es.
- ¿Eh? Espera... ¿qué acabas de decir?¿Cuidado? ¿Con quién? -pregunto Anco, su tono lleno de urgencia-
- No puedo decirte más. Pero adónde vas... es un lugar un tanto particular. Ja, ja, ja, ja. Espero que te cuides mucho. Y no olvides pensar en lo que realmente anhelas para tu nueva vida.
- ...
Anco quiso responder, pero las palabras de la voz la dejaron completamente paralizada. ¿Una advertencia? ¿Un deseo? ¿Una nueva vida? Nada tenía sentido, pero algo en su interior sabía que está conversación cambiaría todo.
El espacio donde se encontraba Anco se iluminó con un tono amarillento muy brillante. Fue tal el resplandor que la muchacha cerró los ojos, incapaz de soportar el brillo.
Un nuevo comienzo
En una pequeña habitación humilde, una joven dormía profundamente en su cama. Junto a ella, sobre una mesa de noche, descansaba una pequeña lámpara de aceite. Al otro lado, una ventana dejaba entrever los primeros rayos del amanecer. Frente a la cama, en el somier, se alzaba un armario de madera que guardaba su ropa. Apenas el sol comenzaba a salir, el canto de un gallo irrumpió en la inquietud, marcando el inicio de un nuevo día para los habitantes del lugar.
- ¡Anco! ¡Levántate! Hay que trabajar... no hay tiempo.
- ¡Aaaaah! Dame cinco minutos más, ¿si, Lily?
- ¡No! Levántate, por la Diosa... ¿o quieres que nos regañen?
- (Suspira) Está bien...
Anco se levantó de la cama, todavía medio dormida. Se aseó rápidamente, se vistió con su ropa de trabajo y luego desayuno en la cocina del Templo. Poco después, comenzó con las tareas que le habían asignado: los quehaceres diarios del lugar.
- Anco, lleva este desayuno al Papa. Y Liliana, por favor, encárgate de los productos de aseo.
- Si, encargada -respondieron al unisono Anco y Liliana-
Las dos sirvientas se dirigieron a la habitación del Papa, llevando el desayuno y los artículos de aseo personal, tal como les había ordenado la jefa de sirvientas del Templo.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Al llegar a la puerta, Liliana tocó suavemente y esperaron un momento. Poco después, la voz del hombre se hizo escuchar desde el interior. Las jóvenes entraron con cuidado, saludaron con una reverencia al Papa, quien aún permanecía acostado en su imponente cama.
La habitación del papa está ubicada en el tercer piso del Templo y consta de dos espacios: su dormitorio y una sala de estar. Las paredes son de un azul marino profundo, y todos los muebles están fabricados con una madera de la más alta calidad. La cama del Papa es amplia, con cobijas y almohadas de color verde oscuro. Un detalle particular de la cama es la cortina del mismo color, que cuelga a modo de adorno. Aunque algunos creen que está cortina "protege" al Papa del mal de ojo, en realidad es solo un elemento decorativo. Las sirvientas, durante sus turnos de limpieza, suelen especular al respecto, aunque están equivocadas al imaginar que el Papa comparte sus creencias.
El dormitorio cuenta con una gran ventana, a la derecha de la cama, con cortinas blancas que se abren hacia un balcón con vistas al lago que rodea el Templo. En el lado opuesto de la cama se encuentra el baño del Papa, dónde él se acicala. Una curiosidad de este espacio es que, según la tradición del Templo, solo las sirvientas pueden tocar su cuerpo durante el baño. Aunque está práctica puede parecer extraña o incluso inapropiada, es una costumbre profundamente arraigada desde la fundación del Templo. Los líderes religiosos, incluidos los obispos, cardenales y el propio Papa, consideran que las mujeres son lo más "puro" creado por la Diosa, ya que no están "manchadas" por el pecado.
Además, el dormitorio está decorado con cuadros históricos y contemporáneos, muchos de ellos regalos de pintores famosos del imperio.
La sala de estar, conectada al dormitorio sin necesidad de una puerta, permite un acceso fácil entre ambos espacios. Esta peculiar disposición fue ideada por el primer Papa del Templo y se ha mantenido intacta a lo largo de los años. Ningún Papa posterior ha modificado la estructura, ya que consideran que combina elegancia y funcionalidad.
Las paredes de la sala de estar tienen el mismo color azul marino, y los muebles y cuadros son del mismo estilo y material que los del dormitorio. Sin embargo, está habitación cuenta con un sofá elegante de cuatro plazas, tapizado en gris claro. Frente al sofá hay una mesita central con un pequeño florero, y a un lado, otra gran ventana con cortinas blancas que dan acceso a un balcón con vistas al lago.
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