Emma es una joven de 1,55 m de estatura, piel morena, ojos azules y cabello negro afro, un rasgo característico de la familia Medina. A sus 23 años, es un año mayor a Anco. Por otro lado, su tío Agustín, de 52 años, es un hombre de buen corazón, alegre, y siempre dispuesto a escuchar y dar buenos consejos, aunque podría perder la paciencia si lo provocan. Comparte los mismos rasgos físicos que Emma, excepto por su cabello liso, que lo hacen unico.
Para Anco, tanto Emma como Agustín son figuras importantes en su vida. Ambos la habían ayudado a salir adelante en lo laboral, y ella los considera como su segunda familia.
- Emma...
- ¿Si? Dime.
- Gracias por ayudarme... por el problema que tuve antes -dijo Anco, tragando saliva seca-
- ¿Te refieres al cálculo mal hecho sobre la distribución comercial?
- Avergonzada- sí, eso...
- Descuida, Anco. Esto le puede pasar a cualquiera. No te preocupes, ¿vale?
Anco asintió, aunque seguía algo incómoda.
- Anco, si te vas de vacaciones... ¿me darás un regalo cuando regreses?
- Claro, Emma, te traeré muchos regalos.
- ¿Y ya sabes a dónde vas a viajar?
- Mmmm, aún no lo sé. Voy a ir a una agencia de viajes para ver que promociones u ofertas hay.
- Ahhh, cuánto quisiera poder ir contigo... pero no puedo. Mi tío me pone a trabajar como esclava... ¡Que mal! -dijo Emma, con un tono lamentable-
- Eres demasiado exagerada, Emma, ja, ja, ja, ja. No lo veas tan mal. Es más, esfuérzate para que, cuando cumplas los 27 años, puedas tomar las riendas a la corporación, como dice el testamento de tus padres.
- ¡No! Te gusta tanto mi drama que te hago reír. Bueno, al menos eso te hace feliz, y eso es lo importante.
- Ja, ja, ja, ja, si, es verdad.
Después de un rato de risas y bromas, Emma decidió abordar un tema que la tiene pensado. Sabía que podía ser delicado, pero su curiosidad la venció.
- No quiero meterme en aguas turbulentas... pero tengo que preguntar porque me mata la curiosidad. Es sobre tu exmarido... ¿qué piensas hacer?
La expresión de Anco cambio automáticamente. Emma, al ver la tristeza en su rostro, supo que había metido la pata. Sin embargo, Anco no reaccionó como Emma temia. Tras unos segundos de silencio, hablo con calma:
- No lo sé, Emma... es una situación muy complicada para mí. Nunca voy a perdonarle lo que me hizo... ¡jamás!
- Sí, linda, te comprendo. Es un imbécil. ¿Cómo se le ocurre hacer cositas en tu cama? Y para colmo, ¡con un hombre! Ese sujeto es un descarado. Deberías de cortarle las... -Emma se interrumpió y hablo con rabia-. Bueno, ya sabes a lo que me refiero.
- Sí... Ja, ja, ja, ja. Espera... ¡¿cómo se te ocurre decir semejante cosa?! ¡¿Quieres verme en la cárcel?! o ¿que? ... no, gracias. Yo solo le deseo felicidad. Claro, me jodió un momento de mi vida, pero le deseo que sea feliz.
- Ay, cariño, te hace falta calle... ja, ja, ja, ja. No mentiras. Tu eres una persona muy pura, pero no hasta el punto de ser ingenua, y eso me gusta mucho de ti.
- Gracias, Emma. ¿Sabías que eres como una hermana para mí?
- Lo sé, cielo. Soy una persona muy genial -dijo Emma mientras se peinaba con los dedos, fingiendo vanidad-
- Ja, ja, ja, ja. Me subiste el ánimo, Emma... gracias.
- De nada, bebé.
Emma, aún con dudas, decidió cambiar de tema.
- Y con respecto a tus padres... ¿que te dicen?¿Te apoyan o no?
Automáticamente el ánimo de Anco cayó en picada.
- Emma... ese es un caso especial. Mi padre apoya mucho a Marc... lo considera como el hijo que nunca tuvo. Es triste, pero es verdad. La única que me apoya es mi madre.
Emma, apenada por haber tocado otro tema delicado respondió:
- ¿De verdad?
- Si.
EMMA Y SU TIO AGUSTÍN
Nota:
Todas estas imágenes están creadas por Ai.
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