Advertencia:
Este capítulo contiene narrativa que puede resultar ofensiva para algunos lectores. Se recomienda discreción.
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Presente
Para distraerse de su sufrimiento psicológico, Anco intentaba meditar. Quería que el tiempo pasara rápido, como cuando era niña y buscaba refugio en sus pensamientos. Recordó como, su infancia, las discusiones entre sus padres siempre terminaban con largos periodos de tiempo. Podían pasar días o incluso meses sin dirigirse la palabra, y cuando finalmente se "reconciliaban", todo volvía a la misma rutina.
Una vez, cuando tenía diez años, Anco le pregunto a su mamá:
"Mami, ¿por qué sigues al lado de mi papá? ¿Por qué no eres feliz?"
Su madre le respondió con una mezcla de ternura y resignación:
"Mi bebé, son preguntas muy difíciles de responder. Lo entenderás cuando seas adulta y entiendas los problemas cotidianos que sufren la gente grande, cómo tu papá y yo".
Aunque no quedo conforme con la respuesta, Anco no volvió a preguntar. En ese momento pensó que los adultos eran personas raras y decidió no darle más importancia.
Recordando el pasado, Anco se sumergió tanto en sus pensamientos que solo reaccionó al escuchar el estruendo de un disparo. Sobresaltada, levantó la mirada y vio a su madre en el suelo, ensangrentada. La escena la dejó paralizada, atrapada entre el miedo y la incredulidad. Todo ocurrió tan rápido que no logro procesar la magnitud de lo que estaba pensando.
- Anco... esto es tu culpa... -dijo su padre, hiperventilando-. No mía. Tu mamá sospechaba que tenía una aventura con mi secretaria. Un día me pidió el divorcio, pero sabes que en nuestra familia no aceptamos separaciones. Lo único que podemos hacer con nuestros cónyuges, para que no nos odien, es dejarlos... "Libres"... -trago saliva y exhaló lentamente-
- ¿P- Por qué?... Es mi mamá, es tu esposa... -balbuceo Anco entre jadeos, presa del pánico-. ¡Estás loco!
Las palabras de su padre la golpearon como un puñal. Su rostro se tornó pálido, inmóvil por el terror. Sin saber qué hacer, corrió hacia su madre, que yacía inerte en el suelo de la sala. Se arrodilló junto a ella, reviso su pulso y busco algún signo de vida, pero no encontró nada. Desesperada, examinó la herida: el disparo impactado en el lado izquierdo del tórax, perforando la arteria renal derecha. La muerte fue instantánea por desangramiento.
Al comprender la cruel realidad, Anco estalló en llanto. Abrazo el cuerpo sin vida de su madre, maldijo a su padre y gritó con un dolor que parecía desgarrarse el alma.
- ¡AAAAAA! ¡Mamá!, ¡Despierta, te lo suplico, por favor! -clamaba entre sollozos desgarradores-
Mientras tanto, Enrique, su padre, la observaba con una mezcla de arrepentimiento y locura.
- Ja, ja, ja, ja... Perdón, Anco. Perdón por tener un padre tan asqueroso como yo. Perdón por no darte amor cuando eras una niña, por no estar presente en tu vida... Por todo. Pero estoy muy orgulloso de ti. Eres una mujer muy valiente, fuerte, echada para delante. Estoy muy orgulloso de ti, hija.
Las palabras incoherentes de Enrique solo empeoraban el estado de Anco, llevándola al borde del colapso mental.
-¡Cállate! ¡Eres un maldito hijo de puta! -grito con furia y desesperación-. ¡Ojalá sufras en el infierno!
- Si, ojalá... que así sea. Cuídate, Anco -respondió Enrique con una calma escalofriante-
Sin previo aviso, el padre de Anco, levantó el arma de fuego que aún sostenía, la colocó en su boca y acto seguido, se disparó en frente de su hija. Optó por el suicidio, envitando enfrentar las consecuencias de su crimen.
Anco quedó inmóvil, incapaz de procesar lo que acababa de suceder. Primero el divorcio, luego su bajo desempeño laboral, y ahora el asesinato y suicidio de sus padres. Su mente estaba al borde del colapso. Deseaba despertar de esa pesadilla, regresar a un tiempo en el que todo era paz y felicidad. Anhelaba volver a ver a sus padres vivos, a estar con Marc, a una vida donde los problemas no existieran. Pero sabía que ese sueño era imposible.
Anco logro calmarse un poco. Con las manos temblorosas, tomo su celular y marco al 123. Entre sollozos, explico al operador lo sucedido y espero la llegada de criminalística, una patrulla policial y una ambulancia. La situación fue tan impactante que varios vecinos también llamaron a las líneas de emergencia, lo que agilizó la respuesta de las autoridades.
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Tras un tiempo, la policía llegó al lugar y, luego de realizar las primeras inspecciones, trasladaron a Anco a la estación para interrogarla sobre lo ocurrido. Afortunadamente, Anco contaba con cámaras de seguridad instaladas en su casa, las cuales habían registrado el incidente. Ese material audiovisual resultó ser una prueba clave para demostrar su inocencia.
El vídeo mostró las últimas palabras y acciones de su padre, Enrique, antes de cometer el asesinato de su esposa y posteriormente suicidarse. Las imágenes confirmaron que Anco no tuvo participación alguna en los hechos. Los policías a cargo de la investigación concluyeron que ella no era responsable del trágico desenlace y la exoneraron de cualquier cargo.
Finalmente, las autoridades determinaron que se trató de un homicidio preterintencional cometido por Enrique contra su esposa, Mónica, seguido de su suicidio. Con esa conclusión, Anco quedó libre de toda sospecha, aunque el peso emocional de los acontecimientos seguían siendo una carga difícil de sobrellevar.
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