Pasado, Parte 2
Anco abrió la puerta y quedó paralizada ante la escena que tenía frente a sus ojos. Su esposo, Marc, estaba en la cama que compartían, teniendo relaciones sexuales con un hombre desconocido. La incredulidad la golpeó primero, seguida de una mezcla de asco, enojo y un dolor insoportable.
- ¡Marc!... -grito, su voz temblando de furia y desconsuelo-. ¡¿Qué carajos estás haciendo?! ¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! ¡Eres un hombre despreciable!... eres basura, no... Eres peor que la basura, ¡Eres repugnante! -las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro mientras su mente buscaba respuestas, preguntándose que había hecho mal-
Marc, sobresaltado, trato de justificarse mientras se levantaba de la cama, sin preocuparse por cubrirse.
- ¡No, mi amor! No es lo que parece, es que... déjame explicarte cómo paso... Aladino necesitaba que le ayudará con algo, así que yo me ofrecí en ayudarlo... pero no sé que fue lo que pasó... créeme mi vida, tú eres mi mundo, mi razón de ser -dijo Marc defendiéndose de una manera no muy convincente-
Anco lo miro incrédula, dando un paso atrás cuando él intento acercarse.
- ¿Qué no es lo que parece? -respondió, su voz rota por el llanto- .¿Tú piensas que soy demasiado estúpida? ¿Que crees que soy? ¿Un juguete que puedes usar y tirar cuando te cansas? -hizo una pausa, sollozando-. No, Marc. Yo no soy un juguete. Soy una persona de carne y hueso, que tiene sentimientos... no como tú, Marc, que solo piensa debajo de la cintura y no en la cabeza... -sollozando-
- Respira Anco, cálmate. Dame un minuto, por favor y te lo explico bien, para que me entiendas ¿Si? -insistió Marc, con un tono que pretendía ser conciliador-
Anco cerró los ojos, tratando de calmarse. Por un lado, quería mandar al carajo a los dos hijos de su madre fuera de la casa, pero por otro, sentía una punzante necesidad de entender por qué lo había hecho. Después de unos segundos, respondió:
-... Está bien... -sollozo, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano-. Pero quiero que ese hombre, el que está en mi cama -dijo, señalando al desconocido que permanecía sentado, desnudo-, se vaya. No quiero volver a verlo nunca. Si lo encuentro en algún lugar, no sé de lo que soy capaz. Y tú, Marc, te espero en la sala de estar.
- Está bien... dame un momento.
Anco salió de la habitación, sintiéndose sucia, traicionada y rota. Camino por el pasillo, intentando contener las lágrimas, pero al llegar a la sala de estar, su fortaleza se derrumbó. Se dejó caer sobre la alfombra y llegó desconsoladamente.
Después de unos minutos, se levantó tambaleándose y se dirigió al pequeño bar de la sala. Tomo una botella de aguardiente, la destapó y bebió directamente de ella. Cada sorbo parecía agravar su dolor, y las lágrimas seguían cayendo sin control.
Entre sollozos desgarradores, comenzó a tirar cosas por toda la sala: vasos, adornos, cualquier cosa que estuviera a su alcance. Maldijo a Marc por haberle destrozado el corazón y a sí misma por haber confiado tanto en él.
Finalmente, se dejó caer en el sofá, abrazando la botella como si fuera su única compañía. Mientras el alcohol quemaba su garganta, se preguntó cómo había llegado a ese punto y si algún día podría volver a confiar en alguien.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Después de un tiempo, Marc, ni corto ni perezoso, se vistió rápidamente en la alcoba para ir a ver a Anco y explicarle la situación. El muchacho desconocido, sentado en la cama, se quedó pasmado, observando a Marc como si estuviera viendo una gallina desorientada. Marc caminaba de un lado a otro, nervioso, sin detenerse. Al notar que su compañero lo miraba como si fuera un idiota, Marc se enojó y le dijo al muchacho:
- ¿Qué esperas? ¡Levántate, cámbiate y lárgate de mi casa! ¿No ves en qué situación estamos? Mi esposa está en casa y tú, cómo un mongol, estás ahí sentado... -suspira, tratando de calmarse-. Te repito, ¿qué esperas? ¿Qué te traiga café y charlemos como dos viejas pensionadas?
El muchacho, con tono sarcástico, respondió:
- Tú me traías comida cuando después lo hacíamos... Oye, ¿por qué no le pides a tu esposa de papel que nos traiga algo a nuestra cama?
Marc frunció el ceño, incrédulo ante semejante estupidez. Arrugó la cara en señal de desaprobación y maldijo internamente haberle dado cabida a alguien tan cabeza hueca. Sin embargo, respiro hondo y continúo hablando:
- Aladino... -dijo, mirando al techo y rascándose la cabeza-. Tienes menos de cinco minutos. Cuando termine de ponerme los zapatos, peinarme y lavarme los dientes, quiero que ya estés vestido y fuera de mi casa. Pero si termino antes y aún te encuentro aqui... ¡te sacaré a patadas, con ropa o sin ella!, ¡¿ME ENTIENDES, PELELE?!
- ¡Ya voy, ya voy! -respondió Aladino, asustado-. Ush, pareces una señora en su vejez... Tranquilo, ¿si? Ya me voy. Disfruta tu conflicto con tu expósita y, cuando termines, me llamas ¿De acuerdo?
- ¡Lárgate, Aladino! O te juro que te ahorcó por lo idiota que eres.
- ¿Ahorcarme? Tal vez... pero solo si me penetras por mi único hoyo, el que está debajo de mi cintura ¡Eso sí sería felicidad para mí!
- ¡¿TE VAS O QUE?!
- Ya, ya... no te enojes, conejito -dijo Aladino con una sonrisa burlona-
Marc, fastidiado, cumplió con lo que había dicho. Se puso los zapatos, se peinó y se lavó los dientes. Cuando estuvo listo, salió del baño y comprobó que Aladino ya no estaba en la habitación. No conforme, reviso los pasillos, los dos cuartos restantes del segundo piso, la cocina, y el patio. Finalmente, confirmo que Aladino se había ido.
Con un suspiro de alivio, Marc se preparó mentalmente para enfrentar a una enfurecida Anco en la sala de estar del primer piso.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 75 Episodes
Comments
Mirna Luz Sierra Sanchez
jajaja creo q hago un vídeo en vivo para hacerlo pasar su vergüenza
2023-01-07
2