CAPÍTULO 17

Capítulo 17

–Tengo ganas de salir a recorrer el pueblo, llevamos dos días aquí. Y aunque la mansión y sus alrededores es hermosa, quiero conocer otras cosas y sobre todo su cultura, esa parte divertida que siempre se pierden los ricos, ya sabes.–Dijo divertida Analise mientras se metía una fresca bañada en chocolate a la boca.

–Supongo que tienes razón.– estuvo de acuerdo Amarantha, mientras dejaba la taza de café en la pequeña mesa llena de bocadillos que habían hecho preparar en el jardín.– También quiero recorrer.– tomo una fresca con chocolate y la llevo a su boca.

Ambas estaban disfrutando de la tarde en el hermoso jardín de la mansión en la que se estaban quedando luego de la boda.

–Bien, con todo dicho pediré que preparen el carruaje para salir de inmediato no quiero regresar muy entrada la noche.– Aplaudió emocionada Analise mientras se ponía de pie.– Tú, ve a cambiarte la ropa por algo más simple, algo que grite menos nobleza. No queremos destacar, queremos disfrutar.–Dijo señalando la para luego alejarse de allí con afán.

Amarantha se miro con el entrecejo fruncido, su vestido era modesto, para los que había en el closet de la antigua Amarantha.

Con un suspiro se levantó de su cómoda silla y se encaminó a la entrada lateral de la mansión, en la entrada estaba esperándola Virginia. Supone que Analise ya se llevó a Rita.

–Acompáñame a mi habitación por un cambio de ropa, por favor.– Pidió mientras se encaminaba por los pasillos hasta llegar a su habitación, con Virginia detrás de ella.

Cuando estuvieron dentro de la habitación, Virginia se dirigió al closet donde había puesto las pocas cosas que se habían traído de la residencia de su padre en la huida.

–¿Quiere algo en específico, milady?– Preguntó Virginia mientras buscaba entre los percheros.

–Lo más sencillo, iremos al pueblo a conocer y Analise, dice que no quiere destacar, que solo quiere disfrutar.– Dijo divertida, imaginando como estará su hermana de un lado para otro una vez lleguen al pueblo. Algo parecido pasó cuando fueron a recorrer el ducado de su padre.

Virginia asintió y siguió buscando por unos minutos, hasta sacar uno bastante sencillo y suelto con hombros caído y descubiertos de un color muy bonito, parecía un verde azulado, tenía pequeños detalles en encaje dorado al final de la falda y parecían difuminar hacia arriba. Si le gustaba ese.

Amarantha asintió, conforme, era lo más sencilla que podía ir.

Virginia dejó con delicadeza el hermoso vestido sobre la cama y luego se acercó a Amarantha para ayudarla a quitarse el vestido.

–¿Sabes donde está El Duque?– preguntó mientras se quitaba con cuidado el cabello de la espalda y lo ponía sobre su hombro para que no le estovara a Virginia.

–Está en el estudio milady, lleva allí desde muy temprano. Desayuno y almorzó allí.– Dijo segura.

Amarantha asintió, la noche anterior no sintió cuando llegó a la habitación, ella quiso esperarlo despierta pero su cuerpo quería descanso, así que se quedó dormida. Y esa mañana solo había sentido como dejo un beso en su frente. No había sabido nada de él después.

Amarantha termino de quitarse el vestido, para poder ponerse el otro con bastante facilidad. A pesar del corsé, desde que está ahí siempre que se pone el corsé, no se siente asfixiada o apretada como pensó la primera vez que lo vio.

Al contrario, parece que su cuerpo está más que acostumbrado a llevarlo. Y que bueno porque de no ser así, no se lo pondría por más etiqueta y protocolo que rompa en el proceso.

 Cuando estuvo lista se miró en el espejo de cuerpo completo y asintió conforme con el resultado, el vestido le quedaba de maravilla, resaltaba sus hermosos ojos azules y su cabello parecía billar aún más.

–Iré a ver Mikail, llevaremos mil monedas de oro, no sé cuanto vallamos a gastar.–Ordenó mientras se giraba a verla.– Y ve a cambiarte, será una salida de amigas no de jefe empleada, anda ponte tus mejores ropas.– Sonrió Amarantha.

Virginia sonrío enternecido porque ella la considerara su amiga y asintió para luego salir de la habitación.

Amarantha sonrió, nunca fue de amigas, su única amiga y confidente siempre fue su hermana. Pero le gustaba como eran Rita y Virginia, además que eran totalmente leales, algo que ellas valoraban aún más.

Salió de su habitación y camino por los hermosos y elegantes pasillos hasta detenerse frente a una hermosa puerta de madera. Y llamó a la puerta esperando aprobación para entrar.

–Adelante.– Escucho la ronca y sexy voz de su ahora esposo.

Sin esperarlo más abrió la puerta y entró a la oficina. Su esposo estaba sentado detrás de un gran escritorio, se veía muy concentrado en los papeles que estaba leyendo.

Mikail al percibir silencio, levantó la mirada para ver quién había entrado a interrumpir sus horas de trabajo. Y se encontró con su bella esposa, que vestida de esa manera parecía una bella hada. Sus hermosos ojos azules estaban fijos en él.

Sin pensarlo se supo de pie de inmediato y rodeo su escritorio para acercarse a ella y tomarla de la cintura con suavidad. Cuando la tuvo tan cerca pudo sentir su calidez. Y sintió como la fatiga desaparecía. Sonrió mirándola sin poder evitarlo.

–¿Qué trae a mi bella esposa, por aquí?– preguntó, moviendo con suavidad unos mechones de cabello que estaba en su rostro.

Amarantha se sentía liviana, ese hombre solo tenía que hablar para ponerla sobre lo que parecía una nube y, la forma en la que la miraba la hacía sentir como lo más bello que habitaba la faz de la tierra.

–Pues quería ver tu rostro, no lo veía desde ayer.–Dijo sonriendo.– Y para decirte que saldré con mi hermana a conocer el pueblo, talvez no volvamos para la hora de la cena.–comentó.

Mikail frunció en ceño, si bien había quedado en que él no le pondría grilletes ni le prohibiría nada, le preocupaba que saliera hasta tan tarde.

–Muy bien.–Asintió sonriendo.– Yo voy con ustedes.– Informó mientras se dirigía al perchero para tomar el saco de su traje.

Amarantha lo miro detenidamente con la mirada entrecerrada, si bien ella había ido para ver su rostro como había dicho, también había ido para marcar límites, para dejar en claro que él no podría prohibirle nada y que ella no sería como las otras esposas de nobles que pedían permiso incluso para ir al baño.

–No es necesario que vengas, puedes seguir trabajando.– Dijo intentando no sonar tan fría.

Mikail la miro, al parecer no quería que él fuera con ellas.

–No te preocupes estaba adelantando trabajo, para poder salir a recorrer el pueblo y poder disfrutar el resto de días que estaremos aquí, además no quiero que regresen solas durante la noche, podría ser peligroso, no conocen los alrededores.– Explicó, lo último que quería es que ella se molestara a solo días de haberse casado.

Amarantha lo miró, y parecía no mentir, así que relajo su expresión y suspiro con resignación, además él tenía razón si pensaban regresar un poco tarde, no deberían estar solas sin conocer nada.

–Bien, entonces vamos, mi hermana ya debe estar esperando.– Acepto sonriendo nuevamente.

Mikail sonrío al ver que dejo de estar tensa, al parecer no le gusta que la controlen o impongan cosas, ya lo suponía al ella proponer tal trato, pero ahora lo confirmaba. Se acercó a ella y la tomó nuevamente de la cintura, la miró unos segundos, contemplando lo hermosa que era, parecía brillar.

Sin soportarlo más, la beso, beso que fue correspondido con alevosía, podía sentir los suaves labios de su esposa, y era majestuoso.

Se besaron durante unos minutos más sin decir nada solo tomando pequeños respiros, para luego seguir saboreando y descubriéndose mutuamente.

Mikail se alejó a regañadientes, ambos estaban jadeantes, puso su frente sobre la de su esposa, e intento tranquilizarse, si no lo hacía no saldrían de allí.

–Deberíamos salir de aquí, o el paseo se aplazará para otro día.–Dijo Mikail.

Amarantha asintió, podía sentir la dureza de su esposo contra su vientre bajo. Y aunque estaba muy tentada a seguir no quería hacer esperara a su hermana, ella estaba muy emocionada con la salida. Así que bajo sus brazos del cuello de su esposo lentamente.

Mikail dejó un último beso en sus labios, para luego tomar su mano y salir de la oficina hacia la entrada de la mansión donde los esperaba su hermana con el carruaje listo para partir.

Analise también se había cambiado de vestido por uno más sencillo, de color blanco con detalles dorados. Al verlos llegar de la mano miro directamente a su hermana, con una clara interrogante.

Rita y Virginia también habían cambiado sus ropas, y se veían hermosas.

Amarantha únicamente se encogió de hombros. Pero pudo ver la mirada divertida de su hermana.

–Milord.–Saludo con una suave reverencia Analise.– Como al parecer usted nos acompañará, ira en el pescante con el cochero, dentro está lleno, iremos Amarantha, Rita, Virginia y Yo.– Explicó seria Analise.

Mikail miró divertido a su esposa y ella solo Sonrió encogiendose de hombro divertida.

–Muy bien, entonces permitanme ayudarlas a subir.– Dijo abriendo la puerta e invitándolas a entra, cuando estuvieron todas dentro Hablo nuevamente.– Por cierto lady Analise, no debería ser tan formal somos familia ahora, solo llámeme Mikail.– Sonrió.

Analise lo miro y asintió sonriente.

–Hecho, entonces usted solo llámeme Analise.– Dijo

Mikail asintió, para después cerrar la puerta y subir con una sonrisa divertida al pescante junto al cochero. Quien lo miró raro, lo entendía no era normal que un hombre acatará la orden de una mujer y mucho menos que un noble se sentará junto al cochero. Mikail solo le Sonrió.

–Muy bien pongámonos  pongámonos en marcha, no quiero regresar tan tarde.– le dijo al cochero y este asintió para luego hacer andar a los hermoso caballos negros, haciendo que el carruaje se pusiera en marcha.

Sería una tarde divertida, le caía bien su cuñada.

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Comments

jajajajajajaja ya lo domaron al duque, la tendrán difícil con el carácter de Amaranta

2023-01-16

3

Litsy Anthuanet Ramos

Litsy Anthuanet Ramos

ajjajjaja

2022-07-25

9

Yuliet Cabezas

Yuliet Cabezas

me encanta sigue así autor tú historia va de maravilla

2022-07-24

1

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