CAPÍTULO 16

Capítulo 16

^^^Capital, Alba.^^^

 

^^^Residencia del Gran ducado Enderberg^^^

 

 

Artemis no podía salir de la impresión en la que se encontraba, estaba estupefacto, sin saber como reaccionar realmente. Preocupando a su mayordomo.

Hace tan solo unos minutos su mayordomo le había hecho entrega de una carta que iba dirigida a él con el sello del gran ducado de Somerset, el mensajero que se lo había entregado había dicho que era sumamente urgente, por lo que sin demora se dirigió al despacho del Gran Duque a hacerle entrega del sobre. Pero ahora este estaba con una expresión que el hombre mayor no podía descifrar, habían pasado años desde que había visto una expresión tan estupefacta en el rostro de su señor.

El viejo mayordomo dio un respingo, por la repentina carcajada que salía libre del Gran Duque, ahora quien estaba estupefacto, era él, hacía décadas que no escuchaba la risa de su señor y, ahora reía a carcajadas. Sentía curiosidad por lo que dicha carta contenía.

–No puedo creerlo, tengo unas hijas muy interesantes.– Dijo Artemis mientras sonreía divertido, mirando la carta.

Eso, dejo aún más confundió al Mayordomo, pues se sentía incompetente al darse cuenta hace dos días que las jóvenes damas de la casa Enderberg había escapado y nadie lo noto hasta muy tarde, cuando fueron a buscarlas a las habitaciones y estas no estaban, ni sus doncellas y tampoco algunas de sus pertenencias. Luego de eso el Duque ordenó que un gran grupo de caballeros salieran en su busca y que no volvieran hasta encontrarlas. Aun esos caballeros no habían vuelto.

Artemis estaba entre, sorprendido, aliviado y emocionado. La carta que tenía en sus manos era de La Gran Duquesa de Somerset, Amarantha Enderberg, para hacerle saber de su reciente boda con el Duque de Somerset, Mikail Arancel.

Adjunto a la carta estaba un documento sellado por un juez, era la custodia total de su segunda hija, Analise Enderberg.

Ahora no tenía ningún poder sobre sus hijas.

Otra carcajada llena de emoción salió de sus labios. Amarantha había cumplido su palabra, no se había comprometido y evito que su hermana lo hiciera.

La verdad es que no esperaba nada de eso, talvez un poco de lágrimas y berrinche como otras veces, pero esto lo sobrepasaba.

Todo esto solo podría llevarlo a cabo mentes llenas de una inteligencia y determinación. Al parecer sus hijas eran más de lo que él conocía.

Y aunque quiso, no pudo evitar recordar a su madre, esa mujer llena de vida e ímpetu, que no se dejaba de nada ni nadie. Una punzada dolorosa atravesó su pecho.

–Bernard, pide que preparen mi carruaje, saldré de inmediato al palacio.– Ordenó volviendo a su habitual inexpresividad.

El serio mayordomo hizo una breve reverencia y salió para acatar la orden dada.

Artemis se puso de pie y guardo la carta y el otro documento dentro del sobre en el que habían llegado. Camino hasta el estante lleno de libros que estaba a un lado de la habitación, jalo con suavidad el lomo de unos de los libros y pudo ver como el gran cuadro frente a su escritorio de, una cobra con impresionantes ojos y postura erguida e imponente, se abría dando paso a una caja fuerte. Se acercó a ella la abrió para luego guardar el sobre, junto con las demás cosas importantes que tenía allí. Procedió a cerrar y dejar todo como estaba.

El llamado de la puerta lo distrajo de sus cavilaciones.

–Adelante.– permitió el ingreso.

Bernard entró a la oficina.

–El carruaje está listo, Excelencia.–Dijo serio el mayordomo.

Artemis asintió y se acercó al perchero de su despacho para descolgar la chaqueta de su lustroso traje y ponérsela.

–Muy bien, vamos.– Dijo para luego dirigirse a la salida de la gran mansión donde residía, fuera lo esperaba el gran carruaje negro con el escudo del Ducado Enderberg en dorado, este era jalado por cuatro impresionantes caballos purasangre negros.

Subió al carruaje y este se puso en marcha inmediatamente, hacia el gran palacio Imperial.

Luego más de una hora estaba frente a las imponentes puertas de la oficina de El Emperador Argis Arancel de Alba.

A los costados de la puerta estaban situados dos caballeros de la orden del emperador.

El asistente del emperador llamo a la puerta anunciando la llegada del Gran Duque De Enderberg.

Después del permiso del emperador ambos entraron a su oficina. El emperador se situaba imponente, sentado en su gran silla detrás del gran escritorio de caoba oscura. Su mirada era fría y su rostro sin expresión.

–Saludos a su majestad el gran emperador del Imperio Alba.– reverencio con cortesía Artemis.

–¿A qué debo su visita Gran Duque? Me hicieron saber que era urgente.–Hablo el monarca.

–Así es majestad, al parecer el acuerdo de unir a nuestras familias mediante matrimonio, se adelantó.– Expresó con frialdad Artemis.

El monarca entrecerró la mirada.

–Explíquese.– Ordenó.

–Que mi hija mayor Amarantha, se casó con su segundo hijo, actual Duque de Somerset, Mikail Arancel, Majestad.– Explicó, viendo como la noticia no parecía gustarle al monarca.

–Muy bien no hay problema, entonces que el compromiso se haga, con su hija menor.– Ordenó con simpleza, en su tono de voz no había espacio para una negativa. Y el gran Duque lo sabía, pero él no era cualquiera. Y únicamente había ido allí para hacerle saber sobre el matrimonio por mera cortesía, ya que había hecho un trato.

–Me temo que tendré que declinar su oferta majestad, mi hija menor no desea tal compromiso.– Contestó frío.

Cualquiera que entrara en la habitación sentiría la tensión latente en ella.

–Me parece que firmamos un acuerdo, Duque Enderberg.– Podía oírse la amenaza en su tono de voz.

–Y se ha cumplido majestad, nuestras familias están unidas mediante matrimonio. Hasta ahora no se había especificado que hijos iban a contraer matrimonio, por lo menos en el acuerdo que firme no. Además, no pienso obligar a mi hija menor a contraer matrimonio.–Aseguró serio.– Ahora si me permite, pasaré a retirarme, nuestro acuerdo ha sido llevado a cabo.– Hizo una reverencia protocolaría para luego salir de la oficina sin dejarle decir nada más al monarca.

Cuando llego a la entrada del palacio, subió a su carruaje que lo esperaba listo para partir. Una vez estuvo dentro y con el carruaje en marcha, no puedo evitar sonreír.

Estaba más que complacido con la decisión de sus hijas, no la esperaba y lo tomo por sorpresa, pero no le molestaba.

Después de todo eran hijas de Mariza Enderberg, claro que debían hacer algo irreverente e imprudente.

Sin evitarlo río lleno de alegría viva dentro se pechó.

Al parecer entraría a una nueva etapa de su vida. Y estaba ansioso por ver que traería está.

 

 

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Comments

Guadalupe Flores

Guadalupe Flores

excelente novela . estoy atrapada en su trama felicidades 🎊

2024-08-20

1

Paola Martiz

Paola Martiz

parece que el duque siempre esperabas de sus hijas me imagino que lo contradijeran y pelearan x lo que no estaban de acuerdo, lo bueno es que se gano un papasito de esposo 🤭🤭🤭

2023-05-03

1

Y M A 🤔

Y M A 🤔

Me sorprendo la actitud de si padre no me lo esperaba escritora

2023-02-04

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