Capitulo 7

El olor que produce la brisa marina es uno de mis favoritos en el mundo, el sonido de las olas cuando chocan y se pierden en la arena me transporta a un lugar en donde hallo completa paz. Mi conexión con el mar se remonta a mi niñez, ya que mi madre me dio a luz en una pequeña cabaña cerca del mar y mi infancia la viví correteando como una gaviota en las orillas de las playas.

Daniel me trajo a la hermosa playa del cabanyal ubicada cerca de un puerto marino. Me ha comentado que este lugar es muy famoso por sus cálidas y tranquilas aguas y lo he comprobado observando la cantidad de visitante que hay a esta hora de la mañana. 

Me quedo embelesada mirando los alrededores; todo me recuerdan mucho a mi bella isla de los Roques. La arena fina y dorada, los hoteles, restaurantes y posada a su alrededor, sencillamente me ha dejado enamorada este país. Todo lo que he visitado me ha encantado y no tengo nada malo que decir de él.

Luego de ubicarnos en las tumbonas cerca de la playa, rebusco entre mis cosas para sacar mi toalla, pero me detengo en seco al observar que Daniel se deshace de su camiseta dejando su torso bien marcado al descubierto.

 Aunque ya lo he visto desnudo, aun no dejo de admirar semejante creación divina y esa es la razón por la que ahora mismo estoy idiotizada buceándolo descaradamente.

—Es demasiado tentador —murmuro entre dientes solo para mí, pero logra escucharme.

—Me excita escucharlo de tu boca —sonríe con arrogancia mientras me mira a través de sus lentes oscuro y busco una respuesta rápida para no alimentar más su ego.

—Me estoy refiriendo a el mar. se ve muy tentador.

—Aja. —no me cree.

Él sabe que está buenísimo y es una maldita tentación andante para las mujeres. Con solo mirar la cantidad de mirada lujuriosas que están puestas en él, es suficiente para saberlo.

No digo nada más y me saco el vestido quedando en bikini. La verdad nunca me he sentido insegura con mi cuerpo ya que soy flaca y tengo buenas proporciones, pero lo que me incomoda es la cantidad de chicas bonitas que hay a nuestro alrededor y se pavonean caminando sensualmente como si estuvieran en una pasarela para llamar la atención del hombre que tengo a mi lado.

Trato de ignorarlo, pero los celos me embargan y quisiera arrastrarlas a toda de las greñas para que dejen de ser tan regaladas. decido darme un chapuzón para sacarme esta amarga sensación. Ya que no tengo ningún derecho de estar celando a un hombre con el cual no tengo una seria relación.

—Ya regreso Daniel —le aviso dirigiéndome hacia el agua

—¡Espera! —lo escucho decir con voz autoritaria deteniéndome el acto

—¿Qué pasa? —pregunto mirándolo confundida

—Te acompañare, pero primero ayúdame a aplicarme el protector solar en la espalda —contesta señalando el protector en su mano, agudizando mis sentidos.

Me está provocando y estoy cayendo en su jueguito porque estoy ansiosa y también cachonda. 

Se pone de espalda y me coloco detrás de él; sin perder tiempo comienzo a restregarle el protector, masajeando cada rincón de su amplia espalda musculosa. Noto como se relaja y continúo explorando metiendo mano desde atrás hacia adelante tocando todo lo que mis manos puedan alcanzar.

Si les soy sincera me consideraba una chica mojigata, pero Daniel ha despertado un demonio lujurioso y pervertido que tenía guardado dentro de mí y ahora no hayo como detenerlo, simplemente lo dejo que tome control de mí.

Unos minutos después de intenso manoseo por mi parte, sus manos me detienen y se voltea con una sonrisa peligrosa

—Me toca —avisa congelándome en el acto.

—Ahora Voltéate —ordena. 

Me obligo a reaccionar obedeciéndolo

Sus ordinarias manos se sienten inmensas en mi pequeño cuerpo, el me devuelve el masaje de la misma manera que yo lo hice, manoseando todo descaradamente. Las personas alrededor nos observan y yo no hallo como ocultar mi rostro avergonzado. Daniel continuando con su labor ignorando todo a su alrededor. Mete las manos dentro de la tela que cubre mis pechos masajeándolos como si fueran pelotas antiestrés y simplemente no lo resisto más. me aparto de golpe acabando con el momento incómodo.

 —Es suficiente —pronuncio agitada, notando como se divierte con mi reacción.

—Tú lo empezaste. Yo simplemente estaba acabándolo —argumenta encogiéndose de hombros

Lo fulmino con la mirada por ser tan descarado 

“A veces se me olvida que le encanta armar este tipo de espectáculos. Tal como lo hizo con Beatriz en su despacho.”

Me marcho enojada dejándolo atrás y escucho cuando me llama, pero lo ignoro lanzándome en el agua; nadando lejos de él, pero mis esfuerzos son en vano, ya que logra alcanzarme tomándome de una pierna para detenerme.

—¡Detente! ¿Por qué huyes? —vocifera halándome hacia él.

—No me gustan esos jueguitos Daniel — reprocho tratando de soltarme, pero no lo consigo.

Deja escapar un suspiro de arrepentimiento antes de dirigirse a mí —Lo siento, es solo que ese bikini que llevas puesto estaba llamando la atención de muchos imbéciles y quería mostrarles que no andas sola —. Quedo impactada e incrédula con su confesión.

¿Acaso él también estaba sintiendo los mismos celos que yo? ¡No lo puedo creer!

Dejo de resistirme y cedo dejando que me apriete entre sus brazos

—¿Me perdona? —se disculpa  haciendo un puchero y sonrió ante su gesto infantil.

—Perdonado.

—Ahora ¿Te puedo dar un beso de reconciliación? —afirmo y me toma con delicadeza del cuello para acercarme a su boca, dándome un tierno besos muy parecido al de hace rato. Suave, despacio, apasionado y gentil. Su nueva forma de besarme me confunde un poco. Y La verdad me gusta, pero también extraño sus besos posesivos cargados de lujuria.

Intento provocarlo metiendo mi lengua hasta el fondo de su boca, pero me sostiene con firmeza del cuello dirigiendo el suave y delicado beso como un amante enamorado. Disfruto de la calidez de su boca y la dulzura de sus labios, me siento presa de sus encantos y todas las sensaciones que me hace sentir son alucinante. ¿Me pregunto si él también estará sintiendo lo mismo que yo?.

Luego del dulce beso, jugueteamos un rato más en el agua y al regresar a nuestros lugares, se coloca la camiseta para llevarme hacia uno de los restaurantes cercanos, en donde nos sentamos a degustar de sus especialidades.

Termino devorando una cazuela entera de mariscos y parte del salmón a la plancha de Daniel, quien al parecer le encanta mi apetito ya que también ordena varios postres para mí.

—Me ha gustado todo, en especial este flan —digo metiéndome un gran bocado de flan en la boca. Conocido en mi país como quesillo.

—Me sorprendería si algo no te gustara —comenta observandome con una ceja enarcada

—¿Por qué lo dices?

—Bueno. Por lo que he conocido de ti, tienes un extenso paladar y todo te gusta —me explica, pero Sigo sin entender.

—¿Y eso es malo? —niega automáticamente

—Al contrario, es lo que más me gusta de ti. —sonrie con ternura —,También eres fácil de complacer, sencilla, humilde, dulce y encantadora. —cada cumplido me derrite, acelerando los latidos de mi corazón

Quiero levantarme y comérmelo a besos, pero me aguanto ¿Se puede ser más lindo en la vida? ¡Dios mío, creo que me lo voy a llevar en la maleta para Venezuela!

—¡Gracias! —susurro avergonzada.

Desvio la mirada, pero inmediatamente me toma de la barbilla acercándome a su rostro

—Me divierto mucho contigo Camile, para mí eres única —Agrega mientras da un casto beso en mis labios el cual le devuelvo, pero de manera desesperada. Lo deseo con una intensidad desmesurada, quiero largarme de aquí y encerrarme en una habitación con él, el resto del día.

Me aparto con la respiración entrecortada para decir —Volvamos al apartamento —mi proposición lo deja confundido, pero rápidamente entiende mi indirecta y sonríe con complicidad.

—Yo también quiero preciosa, pero necesito primero que me ayudes a solucionar un gran problema que tengo.

—¿Un problema? ¿Cuál problema? —arrugo el entrecejo, confundida

—Mañana es la boda y necesito que me ayudes a comprarle un presente a los futuros esposos, ya que el imbécil de Andrés se nego a aceptar el cheque que le estaba ofreciendo y desconozco que se le puede regalar a una pareja de recien casados que lo tiene todo. —contesta angustiado y Suelto a reír ante su tonto dilema. Ahora que lo recuerdo, yo tampoco tengo que ponerme.

¡Mierda!

—Entiendo. Yo también necesito comprarme un vestido así que apresurémonos

Termino mi postre y salimos del restaurante en búsqueda de nuestras cosas, luego nos dirigimos hacia una boutique en donde escojo un vestido que Daniel no me permite pagar y acepto a regañadientes con la condición de que yo pagaba mi calzado.

Finalmente nos decidimos por comprarles un juego de taza para parejas a Andrés e Isabel, bastante originales y costoso. Tal parecer que están hechas de oro y diamantes porque no entendí su precio exorbitante, pero Daniel ni se inmuto en pagar y así se nos fue el resto del día.

 

 

 

 

 

 

 

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Comments

Vanesa Garcia

Vanesa Garcia

con uno así hasta yo😂😂😂

2024-02-23

0

Gilda Mabel Galarza

Gilda Mabel Galarza

jajajajaj marcos es el empleado

2022-10-13

3

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