Capitulo Diecinueve

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—Manú, ¿estás bien? —Me pregunta Irene desde la puerta de los baños de hombres.

—Sí, mi amor, ya salgo. Es solamente que algo me cayó mal, pero ya me siento mejor. —Mi bonita no tiene la culpa de mi reacción, pero cuando dijo lo de promesa de garrita inevitablemente recordé a mi Ángel y la promesa de garrita que le hice a él. Me limpié las lágrimas, salí del baño y mi bonita estaba afuera esperándome.

—Manú, qué susto me diste. ¿Estás bien? Yo creo que es mejor que vayamos a donde el médico del hotel antes de viajar. —Me toca la cara de manera preocupada.

—Tranquila, bonita. Es algo que me cayó mal del almuerzo de un momento a otro, pero vomité un poco y descansé —Mentí.

—¿Seguro, mi amor? —Pobre de mi bonita, se ve preocupada.

—Sí, bonita, tranquila, que ya me siento mejor. Más bien, mandemos por las maletas para irnos de una vez para el aeropuerto. —Es mejor salir ya.

Llegamos a New York en la noche. En el jet le propuse a Irene lo de estar los fines de semana en mi apartamento. Aceptó inmediatamente, este viernes programamos salir juntos de la empresa a nuestro nido de amor.

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Llegó el lunes a la empresa, luego de que Manuel me recogiera en mi casa, voy a mi oficina y me entra una llamada de Elisa.

📠Hola, Irene. Te solicita la señora Katherinna Novikova, ¿qué le digo?

📠Hola, Elisa. Dile que en cinco minutos la recibo en mi oficina —Cuelgo la llamada y rápidamente me dirijo a la oficina de Manuel.

—Manú, en cinco minutos sube a mi oficina la amante de Fernando. Te aviso para que estés pendiente, por si te necesito. Voy a poner a grabar mi celular, la verdad no sé qué pueda pasar con esta señora —Es mejor estar prevenida.

—Mi amor, ¿y si mejor estoy contigo? —Manuel propone preocupado.

—No, Manú. Solo necesito que estés pendiente, no sé qué querrá esta señora —le hago saber que es mejor.

Salí de la oficina de Manuel y la señora Katherinna ya estaba en la sala de espera. La hice pasar a mi oficina y ni espero que le dijera que se sentara. Ella viste con un aire de arrogancia, pero veo que es solo una coraza.

—Buenos días, señora Katherinna, ¿cuénteme a qué se debe su visita?—le pregunté sin rodeos.

—Vengo a exigirle que retire la demanda que le puso a Fernando, él es inocente de lo que se le acusa —Me exige de mala manera.

—Señora Katherinna, no es “la” demanda, son “las” demandas. Además, usted no está en condiciones de exigir nada, pues, así como yo, es una víctima de todo esto —hablo de manera determinante, esperando que entienda.

—¡Es mentira! Esto lo hace usted en venganza, porque Fernando se divorció de usted y le quitó la custodia de Emmanuel. —Es triste ver a esta mujer cómo está de ciega.

—Veo que está más ciega de lo que estuve yo, señora. Para que le quede claro, estas demandas tienen sus propias pruebas de varios folios, y de los cuales el abogado de Fernando tiene acceso. Pero si quiere, ahora mismo le doy una copia de los folios para que vea con sus propios ojos quién es Fernando. —Aun diciéndole las cosas, no lo entiende.

—Él es bueno, es buena persona, él ama a sus hijos y me ama a mí. Eso es lo que la tiene a usted ofendida. Usted es la mala, pues mire que una mujer que maltrata a su propio hijo da mucho que decir. —Siento que la rabia se me sube a la cabeza con lo que acaba de decir.

—Mire, señora, de mí puede decir lo que quiera, pero nunca que soy mala madre. Pero como Fernando le tiene el cerebro lavado, le voy a proponer algo: nos vemos nuevamente acá el viernes a las dos de la tarde y trae las pruebas de lo que le ha dicho Fernando de mí. Que ya estábamos divorciados, que tenía la custodia de Emmanuel, de que yo lo maltrataba y de que es menor de edad, porque hasta en eso le mintió. Para que le quede claro, mi hijo recientemente cumplió veintidós años, pues yo lo tuve días antes de cumplir los dieciocho años. ¿Le parece, señora Katherinna? —Espero que acepte y así se da cuenta de la verdad.

—Está bien, señora. El viernes a las dos de la tarde nos vemos. Y si consigo las pruebas que me pide, usted retira la demanda de Fernando. —La miro con lástima, se va a ir de cabeza.

—Me parece bien, porque no va a poder conseguir pruebas de algo que no existe. Pero sí le quiero dar mis pruebas, y los folios de los delitos que cometió Fernando. Si no consigue dichas pruebas, yo también tengo que pedirle algo: no se vuelva a cruzar por mi camino y tenga la seguridad de que su hijo no quedara desamparado, pues al igual que el mío, no tienen la culpa de tener un papá delincuente. Cuando liberen el dinero que me robó, la mitad va a ser de su hijo. Yo no necesito ese dinero, pero sus hijos lo van a necesitar para su futuro. —Se levanta de la silla, se dirige a la puerta y voltea pensativa.

—El viernes nos vemos, espero que cumpla cuando traiga las pruebas que me pide. —Cuando abre la puerta, se va sin despedirse. 

Detrás de la puerta están Manuel y Hunter, e inmediatamente entran a mi oficina.

—Te felicito, Irene, así se habla. —Me dice Hunter.

—Hunter, me da pesar, está muy confundida. Para ella Fernando es perfecto, así como lo pensaba yo —La verdad es esa.

—Bonita, vamos a ver si viene el viernes. Pero sin pruebas, no creo que se arriesgue después de la advertencia que le hiciste. —Es imposible que las consiga.

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Pasó la semana y llegó el viernes, y como se pensó, Katherinna nunca llegó a la cita que Irene le dio.

—¿Listo, mi amor, para ir a nuestro nidito de amor? —Me dice mi bonita entrando a la oficina.

—Sí, bonita, dejo estos documentos en mi escritorio y vamos. —Volteo y veo a mi mujer en el sillón en una pose muy sensual. 

Me acerco como un lobo hambriento, me siento a su lado y la subo a horcajadas en mis piernas. Beso desesperado a esa boquita que me vuelve loco. La llegada del verano me tiene sediento, pero de ella. Mientras la beso, saco uno de sus senos tratando de saciar mi sed. Ella demuestra que le gusta, y yo más enloquezco por hacerla mía. 

Seguimos en nuestro apasionado beso, llevo una mano bajo su falda, corro su tanga a un lado y saludo a su “amiguita” con mi dedo. Mi “amigo” también la quiere saludar y lo fricciono en su entrepierna. Ya lo iba a sacar del pantalón para introducirlo en su estrechez, cuando de repente sentimos que abren la puerta.

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Comments

Jesus Castro Montero

Jesus Castro Montero

Me encantan las reconciliaciones que bueno que ahora serán felices

2025-02-20

3

Linilda Tibisay Aguilera Romero

Linilda Tibisay Aguilera Romero

me facina la novela muy bonita

2025-02-24

2

Tere Jimenez

Tere Jimenez

muy bonito

2025-02-10

2

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