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—Claro, ya bajo mi maleta. —Aún no creo que sea mi jefe en persona el que haya venido por mí.
—Tranquila, yo la bajo, no te preocupes —guardó mi maleta en el portaequipaje, luego me abrió la puerta del copiloto.
—Gracias —Me subo al auto y él se portó como todo un caballero.
—Tienes una casa muy bonita —me habló para romper el hielo —. ¿Es propia?
—Sí, la estoy pagando hace ya casi quince años. Ya me falta poco para terminar y que sea mía, bueno de mi pequeña familia —dije orgullosa.
—Qué bien, Irene, eres una mujer muy trabajadora, decidida y luchadora —Estoy sorprendida, ya no soy señora Irene, solo Irene.
—¿Quién lo creyera, señor de la Pava, que usted esté dándome tantos calificativos? ¿Está enfermo? —Este es bipolar definitivamente.
—Ya llegamos, Irene —me cortó bruscamente.
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«Mientras tanto, Manuel se pierde en sus pensamientos: quisiera que Irene fuera mía, solo mía… ¡Por Dios, Manuel! ¿Qué piensas? Recuerda que es casada, aunque no le veo en su mirada que sea feliz, aunque creo que son cosas mías por el deseo que le tengo».
Irene tiene razón, últimamente no me he portado muy bien que digamos con ella, y nos espera un largo viaje hasta París.
Llegamos a París después de más de siete horas de vuelo. Irene no quiso pasar a la habitación del jet a descansar, se quedó en el sillón incómodo, pero se debe a su miedo a volar. Mientras tanto, estuvo organizando los documentos que le dije que íbamos a necesitar en la reunión y dormía a intervalos cortos.
En el aeropuerto nos esperaba la limusina de nuestro socio y llegamos al hotel a casi a las ocho de la mañana. Decidimos desayunar para luego descansar un poco hasta la hora de la cena que es la reunión.
—Irene, te iba a proponer algo. Si quieres, nos vemos en el lobby del hotel a las cuatro de la tarde para que salgamos a conocer algo mientras es hora de la reunión —le comenté mientras nos dirigíamos a la recepción por nuestras llaves.
—Claro, señor de la Pava, me parece genial y así puedo recordar la última vez que visité París con mis papás. Fue hace veinticinco años, ¡Dios creo que ha cambiado mucho, ja, ja, ja! —le agradó la idea.
—¿Veinticinco años? Entonces que sea un motivo para recordar y ver qué ha cambiado. —Me alegra verla tan feliz.
—Entonces, hasta las cuatro de la tarde, jefe —confirmó la hora y recibimos las llaves para subir al ascensor.
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Llegué a mi habitación y lo primero que hice fue llamar a Fernando. No importaba la hora, quería que supieran que había llegado bien.
📲 Hola, mi amor, ¿te desperté? Era para que supieras que ya llegué a París, te estuve llamando toda la tarde, pero se me iba la llamada al buzón.
📱 Hola, mi reina. Sí, qué pena, es que se me descargó el celular. Cuando llegué a la casa, Emmanuel me dijo y también escuché tu mensaje, ¿cómo te fue?
📲 Bien, mi amor, sin contratiempos. Un poco estresada por mi fobia, pero ya llegué, eso es lo importante. Amor, ya es hora de que vayas cambiando de celular, mira que a cada rato te quedas sin batería.
📱 No, mi reina, no hay forma. Además, ¿yo para qué quiero otro celular?
📲Voy a tener que regalarte uno a ver si dejas de poner excusas.
📱No, Irene, hay cosas más importantes que gastar dinero en un celular. ¿Y ya descansaste?
📲No, apenas llegamos, nos fuimos a desayunar y acabé de subir a la habitación a dormir. Como la reunión es a la hora de la cena, en la tarde vamos a hacer un recorrido por París.
📱¿Y cuándo regresas?
📲Mañana, según cómo nos vaya en la reunión. Ahí definimos si viajamos en la mañana o en la noche.
📱 Bueno, mi reina, te dejo para que descanses. Te quiero mucho.
📲 Yo también.
Dormí hasta las dos, y de ahí ya no fui capaz de dormir más. Me levanté, me duché y me arreglé para recorrer París. Elegí un outfit muy cómodo, no tan abrigado, ya que está llegando la primavera a la Ciudad de la Luz.
Bajé al lobby del hotel a la hora acordada y mi jefe ya estaba ahí esperándome. Se veía muy guapo, con sus gafas y esa barba. ¡Por Dios, Irene, eres casada! ¿Cómo tienes esos pensamientos con tu jefe?
—Hola, señor de la Pava —volteó y me miró de arriba a abajo.
—Hola, Irene, fuera del horario laboral, ¿me puedes decir, Manuel? —Me sonrojé con lo que dijo —. Además, somos casi de la misma edad.
—Pues no es debido, yo le debo respeto porque es mi jefe —le dejé en claro.
—Dejemos los formalismos, si es porque soy su jefe, entonces le ordenó que fuera del horario laboral me diga Manuel, ¿estamos? —Me tocó aceptar, pero creo que no es debido.
—Sí, está bien… Manuel —Qué incómodo.
—Gracias, Irene, ¡ahora vamos a recorrer París! —Me encantó cómo se escuchó su nombre en mis labios.
Así pasamos el resto de la tarde y llegamos al hotel justo para prepararnos para la cena con los socios franceses.
—¿Qué te pasa, Irene? Te veo triste, ¿no te gustó el paseo? —Qué vergüenza, notó que estaba triste.
—No, al contrario, ¡me encantó! Solo que nos faltó visitar la torre Eiffel, no nos alcanzó el tiempo. —Confesé que se debía mi tristeza.
—Tranquila, te aseguro que no te irás de París sin visitarla. Mañana vamos antes de viajar a New York. —Me encantó la idea, sonreí dando brinquitos como una niña.
—¡Qué bien! Me voy a alistar para la cena, nos vemos a las ocho en el restaurante. Yo estaré antes para ir recibiendo a los socios. —Estoy feliz, veré la torre Eiffel.
—Listo, Irene, a esa hora nos vemos —vi que su semblante se alegró al verme feliz con su propuesta.
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Subimos a las habitaciones y ya quiero volver a ver a Irene. Me la paso tan bien en su compañía, con ella el tiempo se pasa rápido. Es muy agradable, habla sobre cualquier tema sin problemas, tiene un nivel de cultura general muy alto, sin dudas una genio.
Ella es diferente a las demás mujeres que he conocido, y mucho más que Bella, que solo hablaba de dinero, de modas, de viajes, de cirugías, pero hueca de cerebro. Lo único bueno fue que me dio la alegría de ser padre, aunque haya sido por poco tiempo.
Bajé al restaurante e Irene ya estaba allí, hermosa como siempre, con una gran sonrisa y con un vestido rojo que le quedaba de infarto. De ahora en adelante, ese será mi color favorito.
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Updated 36 Episodes
Comments
Jesus Castro Montero
Que desgraciado es ese Fernando engañar a la pobre Irene que dejo todo por el hojala rápido lo desenmascaren para que IRENE SE divorcie de ese desgraciado
2025-02-19
3
Anonymous
Si tal cual!!!!! Una patada para el esposo infiel y abusador de su dinero
2025-02-11
1
Maris Benitez
Seguro que Fernando le está poniendo los cachos a Irene 😤😤😠😡😡
2025-03-23
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