Capítulo Catorce

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De “La Trastevere”, pasamos a recorrer el anfiteatro y de ahí al coliseo. Luego pasamos a nuestro hotel y así prepararnos para la gala de esta noche.

Después de que maquillaron y peinaron a Irene, entré a su habitación para admirarla y dar mi visto bueno.

—Irene, quedaste muy guapa. Voy a ser la envidia de la gala, por tener a la acompañante más bonita de todos. —Me encanta cómo le queda el color rojo, es mi favorito desde que Irene lo luce.

—Manuel, tú también estás muy guapo —Me imagino a todos los hombres de la recepción mirándola.

Le doy mi brazo y bajamos de gancho hasta el lobby del hotel, donde nos esperaba el conductor de la limusina que nos iba a llevar a la gala. Llegamos y había una alfombra roja con miles de fotógrafos

Irene disfrutó mucho la velada, ayudaba a la traducción de algunos invitados de alrededor del mundo. Todos estaban impresionados de su inteligencia y belleza. Y algunos más atrevidos le lanzaban piropos, lo que colmó mi paciencia, aunque ella parece ni darse por enterada.

—Irene, es mejor que nos despidamos de los invitados. Mañana madrugamos para Venecia y la verdad es que ya estoy cansado —Tenía que sacarla de este lugar.

—Claro, Manuel. Yo también estoy muy cansada. Vámonos, pero no nos despidamos de nadie, más nos demoramos en irnos. —Espero que no vea rara mi actitud, menos mal que ella también está cansada.

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Madrugamos como teníamos previsto para viajar a Venecia. Lo primero que hicimos fue viajar en góndola. El gondolero hacía de guía turístico y, antes de pasar por debajo del puente del amor, “Ponte Dei Sospiri”, nos dice que este tiene su propia leyenda: “que los enamorados que se besen al cruzarlo montados en góndola verán recompensado su gesto amoroso con amor eterno”.

Yo le iba traduciendo a Manuel lo que decía el gondolero y justo cuando pasábamos por debajo del puente, Manuel me besó. Me tomó por sorpresa, pero luego reaccioné y correspondí el beso. Fue un beso desesperado, necesitado, esperado. Nos separamos por falta de aire, nos miramos a los ojos y nos sonreímos ante la mirada cómplice del gondolero, luego nos fundimos en un abrazo

—Irene, tengo que confesarte algo, no sé cómo lo vayas a tomar. —Manuel está hecho un manojo de nervios. No me quiere soltar, creo que teme que lo rechace.

—Tranquilo, no digas nada, Manuel Jafet. Ya lo sabía desde hace días, y no te voy a rechazar por eso. —Me da gracia el ver su cara de asombro.

—Mi señora bonita, a ti no se te escapa nada. Te amo —Estoy feliz al no ocultar más lo que sentimos, pero aún no le puedo decir si lo amo.

—Manuel, yo siento por ti algo muy bonito. Pero quiero que me des tiempo para poder organizar mi mente. Me gustas mucho, siento cosas muy bonitas cuando estoy contigo y me siento plena… segura. Cuando eras Jafet te imaginaba que eras Manuel, pero lo que necesito es que me tengas paciencia para poder darle un nombre a lo que siento. —Es mejor dejar las cosas claras.

—Mi bonita, claro que te esperaré, y entiendo lo que me dices —Me da nuevamente un apasionado beso. Menos mal, que el gondolero está acostumbrado a esas muestras de afecto de las parejas que transporta.

—Manú, todo esto es muy hermoso —Me refiero a todo, a Venecia y a lo nuestro.

—¿Manú? —Me pregunta por qué le digo así.

—Sí, de ahora en adelante, te seguiré diciendo, Manú. Porque Jafet era mi admirador secreto y Manuel es mi jefe. Entonces escogí mejor el Manú. ¿No te gusta? —Le digo coqueta.

—Me encanta, todo lo que venga de ti me encanta —me da un pequeño beso.

Seguimos recorriendo Venecia, yo estaba feliz y nos seguimos besando en cada oportunidad.

Llegamos a Verona, la ciudad de Romeo y Julieta, una triste y trágica historia de amor. Espero que ese no sea nuestro caso, porque ya nos besamos en el puente de los enamorados, y por eso nuestro amor será eterno. Lo primero que hicimos en Verona fue visitar la casa de Julieta.

Es hermosa, lo más sorprendente al entrar a la casa de Julieta son las enormes carteleras que se encuentran en las paredes del pasillo. Están totalmente cubiertas de tarjetas y cartas de amor escritas por los turistas y visitantes que vienen a Verona desde todas partes del mundo, casi como un acto de amor.

Entonces el guía nos ofreció una hoja de papel y un lapicero a cada uno y escribimos nuestra carta de amor a Julieta. ¿Qué escribí? Simplemente, hice un juramento de dejar mis temores a un lado, y darme una oportunidad en el amor con Manú. ¿Qué escribió él? Ni idea, demás, que se hizo el que escribía, porque él no cree en estas cosas de mitos y leyendas.

Terminamos nuestro recorrido por algunos de los lugares más emblemáticos de Verona y volvemos nuevamente a la realidad… New York

Arribamos en la mañana y fuimos directamente del aeropuerto a la empresa. Llegamos al parqueadero y subimos directamente al piso veinte por el ascensor de presidencia, y ya estaban Hunter y el abogado esperándonos.

Apenas llegamos a la oficina, Hunter nos estaba esperando. 

—Gracias a Dios, llegaste. Ya me estaba volviendo viejo y amargado como tú, Manuel. Con razón eres tan gruñón. No me vuelvas a dejar encargado de la presidencia, esto no es para mí —Se le nota el alivio de que ya estemos aquí.

—Buenos días, Hunter. Saluda que yo no dormí contigo, y Manuel tampoco. Buenos días, señor Álvarez, ¿me pueden dar, por favor, media hora para poder darme una ducha? Es que viajamos toda la noche y necesito asearme —Pobrecito, se le ve el estrés por encima.

—Regañado en tres, dos, uno, cero, tas, tas, tas —Manuel se burla de Hunter.

—Buenos días, señora Irene, claro que la esperamos —Responde el abogado.

—Qué pena, Irene. Buenos días para ti y para el gruñón —Hunter respondió como niño regañado.

Entro a la habitación auxiliar que tiene Manuel a un lado de la oficina. Me ducho, me pongo algo fresco, ya que la primavera le está abriendo paso al verano. Salgo a la sala auxiliar donde me están esperando con el abogado, el cual, al verme, pide que me siente junto con ellos y toma la palabra.

—Señora Irene, le traje ya los documentos y los poderes necesarios para entablar las demandas. Solo es firmarlas y vamos al juzgado a radicarlas. Lo más seguro es que por la gravedad de las acusaciones, y porque el fiscal me debe algunos favores, esta misma noche o mañana a más tardar lo están arrestando. Y antes de terminar la semana usted ya estará divorciada. Desde que haya dinero de por medio, todo se hace en tiempo récord, y el señor de la Pava quiere que sea así. —Miro a Manú con lo que dice el abogado y me guiña un ojo de manera cómplice. 

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Comments

Maris Benitez

Maris Benitez

Okay 👌 los capítulos no coinciden con los mensajes ,pero leerlos, me estoy dando cuenta que Manuel se manda una,, y de que Irene está embarazada, y aparentemente Manuel no acepta el bebé porque se hizo la vasectomía en fin qué triste y qué pena que los mensajes no coincidan con los capítulos

2025-03-23

1

Linilda Tibisay Aguilera Romero

Linilda Tibisay Aguilera Romero

hay Manuel.nunca entendiste lo que te pido tu hijo que está bebé no iba a llorar por qué fue consecido con amor

2025-02-24

1

Jesus Castro Montero

Jesus Castro Montero

Bueno Manuel ahora vivirás con ese karma vas a tener un hijo pero Irene no te hará participe de eso

2025-02-19

4

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