Capítulo Dieciocho

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Pensé que me iba a doler, pero Manuel me leyó el pensamiento y lo introdujo despacio, para adaptarme a su tamaño.

Cuando entró todo, empecé a mover las caderas para que entendiera que ya podía hacer el vaivén. Es tan espectacular su movimiento que parece hacer un baile erótico y de un momento a otro estallo de placer. Un grito sale desde mis entrañas y acto seguido Manuel hace lo mismo, sintiendo cómo miles de chorros explotan dentro de mí.

—Manú, necesito ir al baño, es que me da pena; pero creo que me oriné. —Qué vergüenza.

—Mi amor, no te orinaste, eso fue un magnífico orgasmo con eyaculación femenina. —Me explica. 

—¡Ay, Manú, qué susto me dio! Es la primera vez que siento algo así. —Y fue espectacular, nunca me imaginé que podía tener un orgasmo de esa magnitud.

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Me levanto de la cama, humedezco una toalla y la limpio. La acomodo en mi pecho y se duerme casi de inmediato. Mi bonita, conmigo, si vas a saber lo que es amar, ese hombre hasta en la cama te utilizó

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Amanecí en los brazos de mi amor, me siento feliz, ya soy su mujer. Me levanto y me voy a ducharme. Cuando estaba enjabonándome, siento que me quitan el jabón y unas manos recorren mi cuerpo.

—Amor, te dejé dormido. —Este hombre me enciende.

—No puedo dormir sin tenerte a mi lado. Te amo, Irene. Déjame bañarte para acariciar tu piel y memorizar cada curva de tu cuerpo. —Este es uno de los sueños que tenía con mi admirador secreto.

Y así Manuel me enjabonó y tocó mi cuerpo mientras restregaba a su “amigo” en mis nalgas, luego con sus dedos acariciaba a mi “amiga”.

—Bonita, estás tan deliciosa. Que mi “amigo” no hace más que lagrimear —Ya quiero tenerlo dentro de mí.

—Deja entonces que mi amiga lo consienta. —Le doy autorización.

—Como órdenes, mi bonita —Sin esperar, lo introduce.

Y así, bajo la lluvia de la ducha, nos volvimos uno solo. Se escuchaba el chapoteo de nuestros cuerpos mezclados con el agua y nuestros fluidos, en un baile frenético de pasión. Hasta que juntos alcanzamos la cúspide del placer.

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Me puse un hermoso vestido que Manuel me compró. Me dijo que era un vestido sorpresa, para una sorpresa. No le entendí lo que decía hasta que lo vi a él.

Llega Manuel por mí que lo esperaba en la zona de las piscinas, había salido para el restaurante para que le pasaran una canasta de pícnic.

—Bonita, ese vestido te queda espectacular. No me equivoque en la talla. ¿Estás lista para navegar en velero por la bahía de San Juan? —Sé que me encantará esta sorpresa.

La sorpresa era que él y yo combinábamos en el color de la ropa. La otra sorpresa era el viaje en velero, pero ¿por qué una canasta de pícnic?

—Manú, ¿por qué una canasta de pícnic para viajar en velero? —Veo que se sonríe.

—Porque es nuestro almuerzo en el velero. Y ya que solo estaremos los dos, yo seré el capitán.

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Llegamos al muelle donde está el velero. Irene está feliz conociendo Puerto Rico, uno de los tantos sueños que le quiero cumplir.

Se sorprendió al ver que yo era el que dirigía la embarcación. Navegamos a la mitad de la bahía y lo anclé. Allí la hice mía nuevamente en medio del mar, luego comimos lo que el chef del hotel nos empacó en la canasta, y en la tarde regresamos al hotel.

Estoy seguro de que mi bonita es la mujer que quiero en mi vida, por eso, en tres meses, cuando empieza el otoño en New York, le voy a proponer que sea mi esposa.

Así, en un parpadeo, se nos fue el tiempo en Puerto Rico, entre paseos, besos, conversaciones y haciendo el amor. De un momento a otro ya era tiempo de volver a nuestra rutina de New York: una última mañana de playa, almuerzo y rumbo al aeropuerto.

Quiero vivir con Irene, pero sé que ella no acepta por Emmanuel, por lo que voy a proponer que todos los fines de semana estemos en mi apartamento, y así, entre semana, ella esté con Emmanuel.

Está triste como siempre cuando se le acaban los paseos. Por eso quise dejarla un poco más en la piscina del hotel, mientras que yo me iba a la habitación a bañarme y cambiarme. Las maletas ya las habíamos dejado listas esta mañana. Llegué al restaurante de la piscina y mi bonita ya se había salido.

—Manú, voy a la habitación a ducharme. Mientras tanto, ve pidiendo el almuerzo, no me demoro. Las maletas ya están listas, no es, sino mandarlas a bajar cuando terminemos de almorzar para ir al aeropuerto. —No es justo que lo bueno no dure, y este fin de semana se fue volando.

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Definitivamente, amo a este hombre. Nos complementamos en todo. Hablamos de nosotros, de mi pasado cuando era la heredera de los Lancaster, pero al momento de hablar de su pasado cambia de tema. Sé que tiene una exesposa solo porque le escuché a don Samuel alguna vez que Manuel estuvo casado. No le insisto en el tema, si no me quiere hablar de eso, ya él me lo dirá a su debido tiempo, cuando se sienta listo. 

Yo soy de las que digo: si no fue en mi año, no me hace daño, pero no deja de intrigarme este punto de su vida, y lo que tiene que ver con su vasectomía. Pues si no tiene hijos, es porque no quiere ser papá. Y si queremos avanzar en nuestra relación, me lo debería de contar para que no haya secretos entre los dos.

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Terminamos de almorzar y hablamos de todo un poco. Irene es un libro abierto para mí, pero yo aún no me siento listo de hablarle de Bella y Ángel, y de mi promesa. Y que debido a esa promesa me hice la vasectomía. Sé que pronto me tengo que sincerar con ella, no es sano tener secretos en una relación, y mi bonita no merece que le esconda cosas tan importantes. La miro donde está sentada y no quita su carita de tristeza

—Bonita, dime: ¿por qué estás triste? —Me preocupo al verla así.

—Manú, tú sabes que siempre me pongo triste cuando se me acaban los paseos. Pero este es el que más voy a extrañar, porque en Puerto Rico es donde consumamos nuestro amor, es nuestro paraíso de amor —Hace unos hermosos pucheros.

—Mi señora bonita, no te pongas triste. ¿Qué tal si en un año volvemos y así lo convertimos en nuestra tradición de amor? —Le propongo.

—¿En serio, mi amor? Me encanta esa idea, en un año exacto volvemos y que sea promesa de garrita —pone su dedo para que lo agarre, pero recuerdos del pasado se remueven en mi mente y salgo corriendo hacia los baños públicos, con una Irene muy preocupada detrás de mí.

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Comments

Linilda Tibisay Aguilera Romero

Linilda Tibisay Aguilera Romero

claro le se v a recuperar Irene lompeedino

2025-02-24

1

Tere Jimenez

Tere Jimenez

si ojalá y se recupere pronto

2025-02-10

1

Jesus Castro Montero

Jesus Castro Montero

Claro que Manuel se va a recuperar rápido cuando sepa que Irene estuvo preocupada por el excelente novela gracias escritora

2025-02-19

4

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