El pintoresco café era extremadamente llamativo por dentro. Mire a los lados para ver a todos muy bien vestidos y yo con un sencillo vestido amarillo. Trate de pasar desapercibido, pero sentarme en la última mesa no logró su cometido. Un par de chicas pasaron a mi lado soltando algunos comentarios sobre mi aspecto sencillo o como ellas lo llamaron vestida pobremente.
Arregle mi vestido sentándome derecha esperando por la llegada de Christina que demoraba mucho y ya me sentía incómoda por las diferentes miradas de los demás clientes.
_ Esto es tan molesto-susurro mirando la hora en mi celular. La mesera se acercó a ofrecerme el menú, pero no quería ordenar nada, primero no tenía un centavo encima para pagar nada.
Nunca necesite dinero porque jamás salía a ningún lado, pero ahora no tengo nada. Soy legalmente pobre y no me atrevo a pedirle un peso a Daniel.
_ Aún no. Gracias -trate de sonar relajada, pero la verdad era que estaba nerviosa. De seguro si pasaba otra hora más me echarían de aquí.
La chica volvió a su lugar. Mis uñas golpeaban la mesa de madera con desespero. Cuando me disponía a salir de ahí una voz suave me llamó.
_Elena. Disculpa por la demora. Tuve asuntos que atender -susurró sentándose a mi lado -¿No has pedido nada de tomar?
_ No traje dinero -sonríe incómoda. Ella me miró de arriba abajo - dejé todo en mi otra cartera.
¡Mentira, gran mentira! No tenía el valor de decir que no tenía esos privilegios de ser la esposa de un Salvatore.
_ Tu marido es algo tacaño -Su mirada se centró en mi vestido amarillo, que al parecer no era de su agrado -vamos a comprar un par de cosas luego.
_ No traje dinero así que hoy no será - ella hizo un gesto de que no importaba -no tienes que preocuparte por mi apariencia igual nadie sabe que Daniel Salvatore es mi marido -susurre.
Christina horrorizada cubre su boca. Sabía que estaba escandalizada por mis palabras. Pero era cierto. Eran muy pocos lo que sabía de nuestra boda. Y no puedo andar presumiendo dinero que no tengo.
_ No hace falta. Cuando digas que eres la esposa del señor Salvatore te darán la ropa sin problemas o mejor aún le hacemos una llamada. Vamos pásame tu celular.
Apreté mi celular con algo de fuerza. Era más que obvio que no tenía su número.
_ No hace falta, en serio. Daniel se hará cargo de mi guardarropa - la miré esperando su reacción. -si te incomoda que ande en estas fachas y lo entenderé e iré a casa. No me ofenderé.
Ella al oír mis palabras su cara palideció para negar frenéticamente.
_ ¡Para nada Elena! - la vergüenza azotó su cara. Sin demora llamo al mesero para pedir dos cafés y dos trozos de pastel de cereza -disculpa si mis palabras fueron ofensivas. No quise decir eso. El hecho de que seas tan hermosa y vestir eso me da ganas de comprarte ropa. Además, sé muy bien como te miran todos -golpeo su carísimo bolso contra la firme mesa.
Sonreí ligeramente por su comentario. Era incómodo, pero no era algo que me quitará el sueño. Sabía que desde que Daniel me compró; mi vida de ser atendida y mimada estaba acabada.
_ No pretendo nada siendo una esposa de nariz respingada solo porque mi marido es Daniel Salvatore. Debo ser agradecida que tengo libertad de andar de un lado a otro.
Christina dejo ver una mirada de entender lo que estaba pasando. Noté de inmediato la manera en la que me miraba. Era rápido interpretando las situaciones.
Sus pequeños labios rosados se curvaron en una sonrisa débil. Al verla con cuidado descubrí que sus rasgos son suaves y dulces, su apariencia era como la de los Ángeles.
_ ¡Dios mío, no sabía que este matrimonio era solo por interés! -susurro cubriendo su boca - Sé que tu padre estaba en bancarrota, pero veo que el apellido de tu familia aún abre puertas.
¡Error! Mi apellido no tenía nada que ver con esto. solo fue una confusión. Pensó que era esa Elena de la cual él está enamorado y lo peor es que ella no está interesada en casarse con él.
_ Por favor no comentes con nadie esto- traté de sonar relajada. Ella sujetó mis manos para sonreír satisfecha.
_ No diré nada. Me emociona tener algo de que chismear -su sonrisa se hizo grande.
Le devolví la sonrisa algo nerviosa. No tenía la certeza de que guardaría mi secreto.
_ Pero ustedes no hacen - se acercó a mí y susurrar- ya sabes tener sexo -al final dejó salir una risa. Mi cara se volvió roja al instante. En ese instante recordé todo lo que pasó esa noche.
_ ¿Qué cosas preguntas? - tomé la taza y le di un sorbo al café - no te diré nada.
_ Vamos somos amigas - ¿amigas? No tengo esa suerte para creerme que seamos amigas - de seguro el señor Salvatore es un dios en la cama.
Estaba cansada de estar aquí sentada escuchando lo genial que es Daniel en todo. Pero no quiero saber nada de que es el hombre perfecto.
_ Señorita Christina -una voz suave, más bien cálida se escuchó detrás. Sentí una sensación extraña recorrer mi cuerpo.
_ Eliott. No sabía que estabas de regreso - ella se levantó para ir hacia donde provenía la voz -Elena él es Eliott Tordo. Es un brillante músico.
En ese momento mis ojos se fueron a su majestuosa presencia, quede perpleja. Su sola presencia era como si te atrapara.
Alto, delgado y de buena contextura física. Vestía un traje negro dejando ver una vista a su camisa blanca con tres botones sueltos. Su cabello caí como una cascada sobre sus anchos hombros y sin mencionar sus ojos verdes que te estudiaban con cautela y una sonrisa deslumbrante que dejaba ver sus perfectos dientes blancos.
¡Guapo! Esa era la palabra que describía su sola presencia. Christina me hizo volver en sí al tocar mi brazo. Sonreí algo nerviosa por mi reacción vergonzosa. Pero es que únicamente había visto la belleza de un hombre en los hermanos Salvatore.
_ Un placer señorita... -dejó las palabras en el aire y me miró con una sonrisa hermosa.
_ Elena -solté sin más. Al ver mi atrevimiento sentí mi cara arder de la vergüenza - lo siento.
_ Hermoso nombre. -luego le dedico una mirada a Christina - ¿Dónde tenías a esta señorita tan guapa escondida?
Christina se sentó y le pido a Eliott que hiciera lo mismo.
_ Vamos Eliott. No la mires mucho es la esposa del gran señor Salvatore. Y sabemos que tú y él no son mejores amigos.
_ No escuche noticias de su boda. Creo que me estás mintiendo. -sujeto mi mano.
Enemigos. Lo que me faltaba, ser de interés del Némesis de Daniel. Pero sentía cierta atracción por este hombre tan brillante. Era como un insecto atraído por la luz encandécete.
_ No quiero verte de vuelta envuelta en otro dilema con el señor Salvatore. -él sonrió y me miró con una linda sonrisa.
_ Vamos Christina Daniel deja a su linda esposa andar sola sin protección.
_ Señor Tordo, mi marido es muy obstinado y no le gusta que otros miren lo que él cree lo que es suyo.
Tomé mi bolso y le levanté.
_ Me disculpo, pero tengo que ir a casa. Es tarde
Sonreí para despedirme de ambos y salir de ahí. Al me decía que este encuentro no traería nada bueno. Tomé un taxi, al estar frente a la enterada de la mansión suspire para entrar.
La señora Karla al ver que entraban me dio la bienvenida.
_ El señor la espera en su estudio -sin decir nada fui a verlo.
Toqué la puerta y esperé a que hablará.
_ Adelante -entre para encontrarme a Daniel sentado mirando la pantalla de su computadora -compré este medicamento para ti. Un amigo me recomendó usar estas -dejó sobre su escritorio una van a de pastillas. Al dar un par de pasos noté que eran anticonceptivos - no quiero tener un problema entre ambos y utilizar medidas drásticas sobre un embarazo.
_ ¿Embarazo? ¿Un problema? -me acerqué a su escritorio para tomar la caja y dedicarle una mirada de molestia - no quiero tener un hijo contigo y que ninguno de ellos lleve tu sangre. Primero intenté ir y tú te negaste. -apreté la delgada caja con fuerza - no te preocupes las tomaré todos los días.
Me sentía ¿molesta? Me dolía oírlo decir que si estaba embarazada en un futuro sería un problema que él tendría que solucionar. Me obligaría a tener un aborto.
_ Para que tener un vínculo nosotros si pronto te irás. Si me entero de que estás embarazada algún día te lo sacaré a patadas. Así que tómalas sin falta, ¿quedó claro?
Trague grueso al ver su expresión cuando pronunció dichas palabras. Di un paso atrás aterrorizada. La sola idea de pensar como lo haría.
_ ¿Matarlas a tu propio hijo sin piedad? -escupí con impotencia -tranquilo yo no permitiré eso. No quiero tener hijos con nadie.
Me di la vuelta y salí azotando la puerta. Al entrar a mi habitación tiré la caja al piso para cerrar la puerta con seguro. Me dejé caer al piso angustiada, pues desde el inicio que tuvimos la primera vez juntos nunca tomé nada para prevenir un embarazo.
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