Al abrir los ojos, y mirar por la ventana de la habitación, noté que ya era de noche.
En la misma habitación en la que me encuentro, está Yasu. Al cambiar de turnos con los demás, era el nuestro para descansar.
Por supuesto, ella está en una cama, y yo en otra.
Ya tuve suficientes problemas con las chicas por un solo día…
Bueno, aún no es momento de partir.
Miro hacia el techo.
Espero que todo salga bien…
Realmente me preocupa el hecho de que seamos tan pocos… y de que Yasu sea una novata…
Dirijo mi mirada a Yasu, la cual sigue durmiendo.
Temo por su seguridad…
No sé por qué. Pero realmente siento que ella es alguien muy importante para mí.
Es como si estuviera olvidando algo muy importante con respecto a ella.
¿Realmente será alguien de mi pasado?...
Si tan solo pudiera recordar algo… lo que sea…
Suspiré.
Creo que debería dormir un poco más…
Al cerrar los ojos, e intentar dormir nuevamente, se escuchó un ruido muy fuerte venir desde abajo, mejor dicho, de la entrada de la estancia.
— ¡Aza! ¡Ven rápido!
Gritó Tenma.
Rápidamente salí de la cama de un salto, tomé mi espada que se encontraba a mi lado, y corrí fuera de la habitación.
Antes de salir de allí, Yasu se despertó de golpe. Y al verme correr, preguntó qué pasaba. Pero le dije que se quedara allí.
Continué corriendo hacia las escaleras, y al intentar bajar. Vi claramente cómo la sala estaba llena de indígenas, de los cuales ya se nos había hablado antes. Pero también, acompañándolos, había una extraña sombra.
— Ya saben qué hacer. Maten a los hombres, tomen a las mujeres.
Dijo la extraña sombra.
— Sí, general.
Respondieron los indígenas, los cuales prosiguieron a atacar a mis amigos.
¡Demonios!
Desenfundé mi espada, y corrí para ayudar a los demás. Pero antes de poder alcanzarlos, la sombra se interpuso en mi camino, empujándome hacia atrás.
— Tú no irás a ningún lado, mocoso.
Maldita sea, ¿Cómo es que pudo golpearme?
Corrí hacia la sombra, y la ataqué con mi espada, pero fue en vano, ya que la atravesó sin hacerle daño alguno.
— Es inútil.
La sombra, cerró su puño, y me golpeó con él en el estómago.
Al recibir el golpe, escupí sangre.
¿Cómo es que no puedo golpearlo, pero él sí puede golpearme a mí?
— ¡Aza, te necesitamos aquí!
Gritó Hana.
Al verlos, noté cómo ellos están rodeados de enemigos.
Miré nuevamente a la sombra, la cual rio.
— No podrás ir, ya te lo dije, mocoso.
¿Qué puedo hacer?...
Sin darme cuenta, la sombra comenzó a acercarse cada vez a mí.
Me cubrí con los brazos, esperando nuevamente un golpe de parte de la sombra, pero en vez de eso, recibí puñaladas de lanza en el cuerpo.
Maldición, eso dolió…
Siento cómo sangre sale sin parar de las heridas, y de mi boca.
Lo que ocurrió, fue que, en vez de atacarme la sombra, me atacaron dos indígenas que se encontraban detrás de ella.
Buena táctica.
Por desgracia para ellos, no tocaron ningún punto vital.
Al intentar moverme, y tomar mi espada. No pude dar el más mínimo paso.
La sombra comenzó a reír.
— Es inútil. Las armas de mis soldados, están bañadas en un veneno mortal. Tú, y los demás que están luchando, morirán en cuestión de minutos.
¡Demonios!
Mi cuerpo se desplomó en el suelo.
La sombra pisó mi cabeza.
No puedo mover ni un músculo...
Siento cómo pisa con más fuerza…
¿Este es el fin?...
— Podría matarte ahora mismo. Pero me gusta jugar con mis víctimas. Sería muy fácil matarte ahora mismo. Pero le dejaré ese trabajo al veneno.
Miré con furia a la sombra, queriendo insultarla desde lo más profundo de mi ser, pero no puedo mover ni siquiera la boca.
— Vamos, no me mires así. Sólo estoy siguiendo órdenes. Matar a los hombres, y llevarnos a las mujeres.
Yasu… Hana… Rose-san…
Huyan…
Mis ojos comienzan a cerrarse…
— Vaya, parece que por fin te estás muriendo. Qué debilucho.
Al decir eso, la sombra ríe.
Mi consciencia se desvanece…
Hasta que, por fin, se va por completo.
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