Yasu y yo nos dirigimos en búsqueda de los tres idiotas de mis amigos, los cuáles se suponía que me esperarían en la plaza central de la ciudad. Pero no están aquí.
Suspiré.
— Esos idiotas. Tengo una idea de dónde pueden estar, pero no quiero ir allí por un buen tiempo luego de lo ocurrido la última vez…
Yasu ladeó su cabeza y me miró con confusión.
— ¿Aza?
— Ah, lo siento. Estaba hablando para mí mismo. Olvídalo. En fin, creo que sé dónde se encuentran esos tres. Vamos.
Ella asintió, y siguió mis pasos.
Luego de caminar por varios minutos, llegamos a mi taberna favorita, pero a la cual no podría entrar por algunos días, debido a la humillación que me hicieron pasar.
— ¡Vamos, tenemos todo este oro para gastar! ¡Trae más alcohol, viejo!
Escuché a Hana gritando desde el interior de la taberna.
Sabía que estos idiotas estarían aquí.
Y los muy bastardos se están gastando mi parte del dinero que les robamos a esos bandidos también. Oh, sí que me lo pagarán luego.
En fin, deben estar completamente ebrios ahora, así que lo mejor será dejarlos aquí, e ir sólo con Yasu al castillo.
Sí, eso será lo mejor. Además, pienso que, si voy con ellos tres, y Yasu incluida, terminaré en una situación mucho peor.
— Vamos al castillo, Yasu.
— Ah, pero… ¿Dejaremos a tus amigos aquí?
Asentí.
— Sí, olvídalos. Que se jodan.
— Hmm… de acuerdo… aunque parece que se están divirtiendo mucho.
Comentó Yasu.
— Ellos siempre son así. Pero bueno, supongo que puedo perdonárselos esta vez. Deben haber venido a beber aquí para olvidar lo que vimos hace unas horas. Si fuera por mí, también entraría y me uniría a ellos. Pero quiero evitar este sitio por un tiempo, y aún debo reportarme.
Pese a que me quejé hace un momento…Yo también quiero olvidar todos esos cadáveres que vimos hoy…
— Oh, así que a Aza le gusta beber… anotaré eso.
Tal y como lo dijo, ella sacó un anotador de algún lado, y escribió que me gusta beber.
Le eché una ojeada a lo que tenía escrito, y el título decía: “Todo lo que necesito recordar sobre Aza.”
Me avergoncé un poco por ver eso, pero decidí ignorarlo, y comenzar a caminar hacia el castillo.
— ¡Ah! ¡Espérame, Aza!
Al decir eso, Yasu corrió hasta estar a mi lado.
Ambos caminamos hacia el castillo, y al llegar los guardias nos permitieron la entrada, luego de que les dije que ella era una invitada mía.
Lo único que ellos dijeron al oír eso fue: “Suerte”
Bueno, la necesito.
Ambos continuamos nuestro camino hacia la sala del trono.
Yasu dirigía su mirada hacia cada rincón del castillo. Parecía muy impresionada por todo lo que veía.
— Debe ser interesante vivir aquí.
Dijo ella, mientras continuaba observando todo.
— Bueno, no puedo negarte eso. Siempre hay algo que hacer aquí.
Respondí a lo que dijo.
Al llegar a la sala del trono, entramos.
Allí se encontraba Letizia, llenando una enorme pila de documentos, y a su lado, su asistente Harley.
La princesa se percató de mi llegada, y me miró con una sonrisa.
— Bienvenido, Aza-kun. Te estaba esperando. ¿Y los demás?
Suspiré ante su pregunta.
— Ebrios.
Ella tuvo la misma reacción que yo.
— Lo supuse. Aunque es comprensible…
Asentí a lo que ella dijo, y procedí a contarle todos los detalles ocurridos en el pueblo de Mifer.
Los rostros de Letizia y Harley se palidecieron luego de lo que dije.
— Esto es mí culpa… debí haber hecho algo antes.
Dijo la princesa del reino, con lágrimas en sus ojos.
— No es su culpa, princesa. Hizo todo lo que estuvo a su alcance ni bien se le fue notificada la situación. Hizo un buen trabajo. Aun así, recomendaría enviar un grupo de caballeros para que vigilen el pueblo, y ayuden en lo que sea necesario. No queremos que los invasores los ataquen nuevamente.
Sugirió la secretaria.
— Gracias por decir eso, Harley. Y sí. Por favor, encárgate de eso.
Harley hizo una reverencia.
— Enseguida, mi princesa.
Y al decir eso, ella se dirigió a mi dirección, para salir de la sala del trono.
Al pasar por mi lado, ella miró a Yasu, la cuál estaba detrás de mí, y luego me habló.
— Prepararé un baño caliente para usted, Aza-sama.
¿Por qué todos asumen que mi trasero saldrá congelado de esta sala?
— Sí… te lo agradezco, Harley-san.
Harley salió de la habitación, y dentro sólo quedamos Letizia, Yasu, y yo.
La princesa fijó su mirada en mí, o más bien, en quien estaba detrás de mí.
— Por cierto, Aza-kun. ¿Quién es esa persona? ¿Alguien de Mifer?
Bueno… ¿Cómo debería presentarla? No puedo ir y decirle simplemente que es alguien a quien rescaté, y que como agradecimiento me besó. Además de que ahora se pegó demasiado a mí.
— Bueno…
Antes de que pudiera terminar la oración, Yasu dio un paso frente a mí, y habló.
— M…Mi nombre es Lightheart Yasuhika, Aza me salvó de un grupo de bandidos durante el camino a esta ciudad… así que… yo… bueno… podría decirse que soy suya.
Dijo eso con un rostro inocente, y sonrojada.
Si salgo corriendo ahora mismo, ¿Llegaré a las fronteras antes de que Letizia me alcance?
Miré hacia la puerta de la sala, y noté que había dos guardias, los cuales antes no estaban. Y al verlos fijamente, pude ver claramente cómo tenían sonrisas burlonas en sus rostros, y negaban con su cabeza como diciendo: “No huirás.”
Demonios, me tendieron una trampa… bastardos…
Letizia aún no responde a lo que dijo Yasu… tal vez pueda explicarle la situación… tal vez.
— Esto… Letizia-san… en parte es cierto lo que dijo Yasu, pero no es como ella lo dice.
Yasu me miró con unos ojos llorosos.
— ¿Cómo qué no?... Si hasta me tomaste entre tus fuertes brazos, y me plantaste un beso en los labios… además, ese fue mi primer beso. Qué cruel eres, Aza…
M…Maldita…
Mire a Letizia, la cual se levantó de su asiento, y venía hacia mi dirección.
— Letizia-san… verás, esto es un malentendido… yo nun…
Y antes de que pueda terminar mi frase, un estoque voló a mi lado, rozando mi rostro, y dejando un rastro de hielo a su paso. Sí, literalmente dejó hielo.
El estoque que voló, le pertenecía a Letizia, la cual lo lanzó hacia mí.
Retrocedí un paso.
Pero la princesa caminó más rápido, hasta llegar a mí.
Yasu nos miraba con confusión en su rostro, claramente noté cómo ella pensó si esto fue su culpa. Y sí que lo fue…
Letizia me tomó por el cuello de mi ropa.
Va a golpearme, estoy seguro de que va a golpearme.
— Esto… Letizia… ¿Podemos hablar esto con calma?...
Lentamente, ella alzó la vista hacia mí. Y noté cómo estaba haciendo un puchero con su boca, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
— No lo permitiré…
Dijo ella, mientras continuaba con su puchero.
— ¡No dejaré que nadie más tenga a Aza-nii-sama!
Y aquí va su rabieta de niña…
Letizia comenzó a sacudirme, mientras lloraba como niña pequeña.
— ¡Nadie más que yo, puede tener a nii-sama!
Suspiré…
Siempre es lo mismo, cada vez que ella me ve con alguna chica, hace esto. Excepto con Hana, quizás porque sabe que ella es una borrachina sin remedio.
— Esto… No entiendo lo que pasa aquí, Aza.
Dijo Yasu, la cual continuaba viéndose confundida.
Al oírla, Letizia me abrazó fuertemente. Y miró fijamente a Yasu.
— ¡Tú eres la que quiere robarme a nii-sama! ¡Nunca te lo entregaré! ¡Él es mío, es mi hermano!
Suspiré y miré a Yasu. Mientras acariciaba la cabeza de Letizia.
— Como puedes ver, Yasu… ella me adora demasiado como su hermano mayor, y no le gusta verme con otras chicas.
Dije, mientras continuaba consolando a Letizia.
— Nii-sama es mío, no se lo entregaré a ninguna chica, jamás.
Dijo Letizia a regañadientes.
— Ya veo… parece que les causé problemas, lo siento. No vine con mala intención, sólo quería conocer dónde vivías, Aza…
Comentó Yasu, y bajó su mirada.
Parece que se deprimió…
Letizia la miró de reojo.
— Tú sólo quieres robarme a mi hermano, y llevártelo lejos.
Le dijo a Yasu.
— ¡Yo nunca haría eso! Yo sólo… estoy completamente agradecida con él por haberme salvado la vida. No tengo intenciones de robártelo. Para mí es suficiente el poder estar a su lado…
Respondió la chica de ojos violeta.
Al oír eso, Letizia me soltó, y caminó hacia Yasu.
— ¿Lo dices enserio? ¿Prometes no robártelo?
Yasu negó con su cabeza.
— ¡Claro que no! Nunca alejaría a tu hermano de tu lado.
Letizia asintió.
— Ya veo, entonces podría perdonarte. Siempre y cuando eso no vuelva a ocurrir, y no vuelvan a besarse.
El rostro de Yasu hizo un puchero.
— ¡¿Eh?! ¿Por qué no?
Respondió.
— ¿Ah? ¿Cómo que por qué no? Nii-sama me tiene a mí, no necesita a otra chica. Yo debo serle más que suficiente.
Dijo Letizia, la cual volvió a abrazarme con fuerzas.
— ¡No es justo que sólo tú puedas estar a su lado!
Contraatacó Yasu con palabras, mientras ella también se aferró a mí con fuerzas.
Al ver eso, la cara de Letizia se tornó completamente roja.
— ¡Suéltalo!
Gritó con fuerzas.
Yasu negó con su cabeza.
— ¡No!
Esto… es una molestia.
Suspiré.
Luego de unos minutos de gritos y peleas entre ambas, parece que se cansaron.
— Sí que eres insistente… Yasuhika-san…
Dijo mientras suspiraba con fuerzas.
— Tú igual… Princesa... Y sólo dime “Yasu”.
Respondió Yasu, la cual también suspiraba con fuerzas.
— ¿Sólo Yasu? Está bien, entonces tú también puedes decirme por mi nombre, Yasu-san.
¿Cómo es que ahora se llevan bien?
— De acuerdo, Letty-chan.
Respondió Yasu, con una sonrisa en su rostro.
¿Letty-chan?...
Reí al oír eso, nunca había oído que la llamen de esa manera.
— Oye, dije que podías llamarme por mi nombre, no ponerme un apodo.
Añadió mi pequeña hermana menor, con un rostro sonrojado.
— ¿Qué tiene de malo? Te queda perfecto, es adorable igual que tú.
Dijo Yasu.
Y, en consecuencia, el rostro de Letizia se tornó completamente rojo.
— ¡¿Adorable?!... ¿Cómo te atreves a tratarme así? ¡Soy una princesa!
Respondió Letizia, con furia y vergüenza.
— Vamos, sólo dije la verdad. Eres adorable, ¿No es así, Aza?
Ambas me miraron fijamente.
¿Por qué tienen que meterme en eso, otra vez?
Bueno… sí, Letizia es algo adorable. A veces.
— Supongo que sí… lo eres.
Al oírme, la princesa, cubrió su rostro avergonzado.
Yasu la abrazó, y acarició su cabeza.
— ¿Lo ves? Él también piensa que lo eres.
Dijo Yasu, mientras reía inocentemente.
— Mo…
Respondió Letizia, haciendo un puchero.
Es la primera vez que la veo en este estado, es algo nuevo, y verdaderamente adorable de ver.
Una vez más, las cosas se calmaron entre ellas dos, y finalmente estuvimos los tres, sentados alrededor de la mesa, y bebiendo té.
Sólo éramos nosotros tres, en este gran salón. Los guardias que estaban en la puerta, se fueron antes de que comience la pelea entre ellas dos. Les dije que se fueran, o sino terminarían congelados.
— En fin… no creo que seas una mala persona, Yasu-san. Pero aún así, no pienso entregarte jamás a nii-sama. ¿Quedó claro?
Comentó Letizia, con un tono desafiante.
Yasu sólo sonrió, y respondió.
— Ya te lo dije, nunca te lo robaría. Me conformo con poder estar junto a él. Llevémonos bien, ¿De acuerdo, Letty-chan?
Dijo eso, y extendió su mano hacia mi hermana.
La cual, aún algo confundida. Sonrió, y estrechó la mano de Yasu.
— Puedo estar de acuerdo con eso, Yasu-san. Sólo nada de pegarse a él, y nada de besos.
Yasu suspiró al oír eso.
— Lo intentaré, pero no prometo nada.
Añadió, con un tono burlón.
¿Cómo es que ahora son buenas amigas?...
No entiendo a las mujeres…
Suspiré, y bebí mi té en silencio.
La charla entre chicas duró un par de horas más.
Y luego de eso, ambas se hicieron muy buenas amigas.
Realmente… no entiendo a las mujeres.
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