Año 837.
Han pasado varios meses desde que yo, Scarlet Azazel, estuve aquí, extrañé tanto esta ciudad. Al pasar por las grandes puertas de la ciudad, todos los habitantes se emocionaron al verme. Muchos preguntaron cómo me fue, otros, cuándo partiría otra vez, y otros, simplemente me saludaron. Siempre me agrada ser recibido de esta forma, no me canso de esto.
Me dirigí hacia el castillo, y al llegar a las puertas, los soldados me hablaron.
— ¡Azazel-san, Bienvenido!
— Lo hemos echado de menos, señor.
Al oír eso, sonreí, y les respondí.
— También he echado de menos a todos aquí, ¿La princesa se encuentra en el castillo?
Ambos soldados asintieron.
— Así es señor, ha estado esperándolo por mucho tiempo.
— Incluso quiso ir en su búsqueda muchas veces.
Reí al oír eso. Eso es típico de ella.
— Entiendo, será mejor que me apresure.
Los soldados volvieron a asentir, y abrieron las puertas del castillo. Entré, y todos me recibieron con un gran saludo y reverencias… es algo incómodo que hagan esto, pero es algo que no puedo evitar. Me dirigí a la sala del trono, y al entrar, una hermosa joven de cabello blanco me abrazó.
— ¡Aza-kun! ¡Por fin has regresado!
Correspondí el abrazo de la joven. Por cierto, esta joven es Valois Letizia, la princesa del reino de Thiaden. La razón por la cual soy tan cercano a ella, es debido a que prácticamente nos hemos criado juntos.
— Sí, he regresado, princesa.
Letizia me miró con lágrimas en sus ojos, y luego comenzó a golpear suavemente mi cuerpo.
— ¡Tonto! Te fuiste por meses… ni siquiera enviaste una carta… ¿Sabes lo preocupada que estaba?
— Lo siento… estuve ocupado, no tuve tiempo para eso, aunque sé que estuve mal al no enviar cartas, lo siento, princesa.
Ella suspiró, y pellizcó mis mejillas con fuerza, eso duele.
— Siempre haces lo mismo, no tienes remedio. Deberé castigarte con seriedad por esto.
— Sí, aceptaré cualquier castigo, princesa.
— En ese caso…
Ella se alejó un poco, y al hacerlo, extendió su mano hacia mí.
Rápidamente entendí qué quería decir, así que me arrodillé ante ella, tomé su mano, y la besé.
— Lamento haberme ausentado por varios meses, princesa. Procuraré no alejarme de su lado tanto tiempo otra vez.
Ella sonrió felizmente.
— Te tomaré la palabra, Aza-kun. Por cierto, llámame por mi nombre, después de todo, prácticamente somos familia.
Sonreí.
— Tienes razón, Letizia.
— Así está mejor. Por cierto, te quedarás por un tiempo sin hacer misiones, ¿Verdad?
Asentí a la pregunta de Letizia.
— Así es. He tenido suficiente de viajar por un tiempo, quiero quedarme aquí y descansar. Además, debo ponerme al día con la situación del reino, y contigo.
Al oír eso, ella sonrió.
— Me alegra que dijeras eso, a decir verdad, hay mucho de qué hablar.
La princesa suspiró, y caminó hacia la mesa que se encuentra en la sala.
— Toma asiento, Aza. Charlemos mientras bebemos algo de té.
Asentí, y caminé hacia ella.
Luego de unos minutos, una de las sirvientas ya nos había llevado el té junto con algunas galletas.
Ambos comenzamos a beber el té. A decir verdad, esto se siente muy cómodo. Siempre que no estoy en una misión, hacemos esto. Nos sentamos a beber té, y charlar entre nosotros.
Observé toda la sala del trono, realmente extrañé este sitio, aunque se siente solitario que estemos sólo nosotros dos ahora.
Miré a Letizia.
— Por cierto, Letizia. ¿Por qué estás sola aquí? ¿Dónde están los reyes, y tú hermano?
Ella me observó, y dejó la taza en la mesa.
— Padre y madre han ido a visitar las distintas regiones del reino, para hablar con cada uno de los señores de las tierras. Quieren ver que tengan todo lo que necesitan, y saber que podrán contar con ellos si es que la guerra llega a nosotros… no, mejor dicho, cuando llegue. Y pues, mi hermano los acompaño como parte de su escolta.
Bajé la mirada.
— La guerra… quisiera que nunca llegara aquí, pero supongo que es algo que no se puede evitar. No mientras existan aquellos que quieren imponer su poder ante los demás.
Ella asiente.
— En efecto, todo sería más fácil si todos los reinos se llevaran bien entre sí. Pero eso no sucederá nunca me temo.
Al decir eso ella suspira.
— Durante mi viaje pude contemplar la mala situación en la que están muchos pueblos debido a la guerra. He visto demasiado sufrimiento y muerte… No quiero que eso llegue a este reino.
— No debes preocuparte por eso, Aza-kun. Todos protegeremos nuestro hogar, no dejaré que eso pase.
Sonreí al oírla.
— Lo sé, serías una buena reina.
Ella vuelve a suspirar.
— Aún pienso que, si mi hermano rechaza su derecho al trono, ser reina no sería lo mío, ¿Sabes?
— Bueno, no puedes evitarlo, eres la princesa y segunda heredera de este reino. Por otro lado, yo no sé si ser un príncipe o algo así sería lo mío.
Reí al decir eso.
Al oír eso, ella me observa fijamente.
— Conque no te gustaría ser de la realeza, ya veo…
— No quise decir eso, Letizia.
Ella mira hacia otro lado, parece que se ha ofendido.
— Supongo que, si es tu decisión, no puedo decir nada al respecto.
Dijo ella mientras suspiraba.
— Sólo lo dije porque si ni siquiera me veo liderando a un pequeño grupo de soldados, mucho menos podría hacerlo con un país entero, sería un caos total. Por esa razón prefiero realizar misiones que publican en el gremio, o las que tú o los reyes me encargan.
Ella ríe.
— Tienes razón, siempre preferiste hacer las cosas tú solo, o con muy pocas personas a tu lado. No se puede evitar.
Sonreí al oír eso.
— En fin, volviendo al tema de la razón del viaje de mis padres, Aza-kun. Ha habido mucho movimiento de soldados Deatrhorianos a lo largo de las fronteras del reino. ¿Viste algo como esto durante tu viaje?
Asentí a la pregunta.
— Así es, al recorrer algunos de los reinos vecinos, me topé con exploradores de Deatrhor que merodeaban por allí, incluso algunos se encontraban de incógnito haciéndose pasar por pueblerinos.
Al oír eso, Letizia piensa por un momento.
— Ya veo, en ese caso debo reforzar las fronteras, notificarles a los caballeros que estén atentos a todos, aunque tampoco quisiera que la gente se alarmara por todo esto… ah debo enviarles un mensaje a mis padres sobre esto y reunir a los generales del ejército… es demasiado trabajo.
Ella suspiró.
— En ese caso te dejaré trabajar tranquila, Letizia, sólo te estorbaría aquí.
Dije eso mientras me ponía de pie.
— Ah, no molestas Aza-kun, pero supongo que estás cansado de viajar, además sólo te aburrirías quedándote aquí mientras trabajo.
Sonreí, y la miré.
— No digas esas cosas, daré una vuelta por la ciudad, y luego regresaré al castillo, prometo llegar para cenar contigo. Además, también quiero ponerme al día con esos tres idiotas. Estoy seguro de que se encuentran en la taberna.
La princesa me observa fijamente.
— Más les vale no hacer destrozos como siempre, de lo contrario lo descontaré de tu paga.
Bajé la mirada al oír eso.
— Si continúas haciendo eso, no tendré con qué pagar mis gastos…
Ella sonríe.
— Entonces lo mejor será que no se descontrolen, o los castigaré a todos.
Al decir eso, toma el mango de su espada que cuelga de su cintura.
— De acuerdo…
Dije mientras suspiraba.
Luego de unos minutos, salí del castillo y me dirigí hacia el mercado del pueblo.
Allí me encontré con varios conocidos, con los que hablé por unos minutos, hasta retomar el camino hacia la taberna, la cual no estaba muy lejos.
Al llegar y entrar, noté que había mucho caos, ocasionado por tres personas que se encontraban teniendo una competencia de bebidas. A su alrededor, los demás borrachines gritaban y aclamaban a los competidores.
Por desgracia, esos tres borrachines son a quienes busco. Era de esperarse que estuvieran haciendo algo como esto, nunca cambian.
— ¡Vamos! ¡¿Acaso son unas nenas que no soportan el alcohol?!
Dijo la chica de lentes que se encontraba semi desnuda.
— ¡¿A quién le dices nena, mujer?! ¡Ya verás!
Exclamó el hombre de cabellos dorados mientras tomaba dos pintas de cerveza.
— Jo, jo. Esto no es nada, ya verán ustedes dos.
Dijo el enorme mastodonte de dos metros y lleno de músculos que se encontraba sin nada de ropa en su torso.
Suspiré.
— Realmente no cambiarán nunca estos tres.
Dije mientras caminaba hacia ellos.
Estos tres son mis amigos más cercanos y preciados.
La chica atrevida que bebe hasta más no poder se llama Ringpe Hana.
El chico que se hace el rudo sólo para seguirle el juego a ella es Thunderboar Tenma.
Y el mastodonte de un cuerpo el cual es un regalo de los mismos dioses se llama Titaneim Edward.
— ¿Aceptarían a un cuarto participante en su competencia?
Dije al llegar a su mesa.
La chica habló mientras se reía.
— ¡Únete si crees que puedes conmigo! ¡No creo que puedas conmigo!
Me senté junto a ellos.
— Bueno, es cierto que bebes demasiado, Hana. Pero puedo dar buena pelea.
La chica me observó fijamente mientras acomodaba sus lentes.
— ¿Eh? Tú eres… ¡Aza!
Al notar quién soy, ella me abrazó. Diablos, apesta a alcohol.
— ¡Cuánto tiempo sin verte, amigo!
Dijo Tenma mientras sonreía.
— Siempre es bueno verte, Aza. ¡Han pasado meses!
Dijo Edward mientras palmeaba mi espalda.
Eso duele, ¿Sabes?
— ¡Oye viejo, trae más alcohol! ¡Del más fuerte que tengas, Aza pagará!
Le gritó Hana al tabernero.
— ¡Voy!
Le respondió el viejo mientras llevaba un barril lleno de alcohol.
Suspiré.
— ¿Debo pagar por todo eso?
Tenma rio.
— No te quejes, hace tiempo que no nos vemos, hay que celebrar.
— Así es, Aza. Ahora, demuestra que eres un verdadero hombre y bebe, jo, jo.
Dijeron Tenma y Edward mientras me servían alcohol en una enorme pinta.
Observé fijamente el enorme tarro.
— No saldré bien de aquí, luego de beber con ustedes, ¿Verdad?
— Para nada.
Respondieron los tres al unísono.
Hana sonrió y me miró.
— Vamos, o acaso… ¿Tienes miedo de perder contra mí?
Oír eso me molestó un poco.
— Para nada, ya verás.
Al tomar la pinta y comenzar a beber, todos a mi alrededor gritaron de emoción, y así comenzó nuestra competencia de bebidas.
— ¡Toma eso, mujer pervertida!
Grité mientras observaba cómo Hana caía sobre la mesa debido a lo ebria que se encuentra.
— ¡Muy bien, Aza! ¡Lograste vencer a esa maldita mujer!
— Eres un verdadero hombre, amigo mío. Las lágrimas no paran de salir de mis ojos.
Dijeron Tenma y Edward, el cual realmente estaba llorando.
— ¡Para la próxima será mejor que te lo pienses dos veces antes de retarme, Hana!
— No es justo…
Respondió la mujer que se encontraba vomitando.
— ¡Vamos! ¡La próxima ronda invito yo! ¡Y si alguien puede derrotarme en una competencia, pagaré las bebidas de todos los aquí presentes!
Todos los que se encontraban en el establecimiento gritaron de emoción.
— ¿Acaso nadie vendrá a retarme? ¡Son todos unas nenas!
Comencé a reír y beber nuevamente.
— Se ve que te diviertes mucho, Aza-kun.
Esa voz…
Un escalofrío de terror recorrió todo mi cuerpo.
Sin voltear, dirigí mi mirada a Tenma.
— Oye, Tenma… ¿Qué hora es?
Él observó por la ventana de la taberna.
— Debe ser la madrugada.
— Ya veo…
Respondí a lo que dijo mi amigo.
— Voy a morir, ¿Verdad?
Mis dos amigos asintieron.
— Sí… y eso te pasa por beber más que yo…
Añadió mi amiga, la cual continuaba vomitando de a ratos.
— Voltea, Aza-kun.
Lentamente, volteé para observar quién se encontraba a mi espalda.
Y como bien supuse, allí se encontraba la princesa junto a dos soldados.
Demonios…
— Prometiste cenar conmigo, ¿Lo olvidaste? Te esperé por varias horas, y nunca llegaste. Supuse que estarías aquí, pero no imaginaba que te encontraría en este estado.
— Lo siento…
— Más te vale sentirlo.
Ella observó a sus caballeros, y les hizo una señal.
Ambos asintieron y me tomaron por los brazos.
— Llévenlo al castillo y que se bañe, apesta a alcohol.
— Sí, princesa.
Respondieron ambos caballeros.
Ella suspiró, y los cuatro salimos de la taberna.
Pero antes de salir, pude oír claramente cómo todos se reían. No podré volver allí por un buen tiempo.
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