Varios días han transcurrido desde lo ocurrido en el pueblo de Mifer.
No he hecho ninguna misión desde ese día. Sólo me concentré en entrenar un poco, y ayudar en lo que pueda dentro de la ciudad, además de pasar tiempo con Letizia.
Hoy pensaba vaguear también, pero Yasu insistió en querer hacer alguna misión grupal que esté publicada en el gremio. Y como no tenía nada que hacer, decidí ayudarla.
Así que ahora mismo nos encontramos en la sala principal del gremio, viendo qué misión podemos tomar.
— Oye, Aza. Aún sigo siendo rango cobre, pero tú eres oro. Si hacemos equipo, ¿Eso quiere decir que puedo tomar misiones clase oro también?
Asentí a lo que ella dijo.
— Así es. La clase de misión que puedas tomar, depende del miembro que mayor rango tenga dentro del equipo. Pero, hay un límite de miembros que pueden estar en un grupo con distinto rango. En este caso, serían cinco miembros como máximo dentro del equipo.
Esta regla la hicieron básicamente para que no sea tan fácil el aumentar de rango. Y por la seguridad de los aventureros de menor rango.
Porque de lo contrario, podría haber miembros de rango cobre, como Yasu. Que les pidan de favor a aventureros avanzados, dejarlos unirse a sus equipos para así subir de rango más fácil. Pero esto es peligroso, ya que los nuevos, no contarán con el mínimo de poder necesario para enfrentarse a una misión de ese rango.
— Otra cosa, los puntos de rango adquiridos por haber completado una misión, se reparten equitativamente entre los miembros del equipo. Mientras menos integrantes haya, más puntos obtendrás.
Añadí a mi explicación.
— Ya veo, supongo que debo acostumbrarme a eso. Ya que, por mi cuenta, sólo sirvo para cumplir misiones de ayuda en la ciudad, realizar alguna búsqueda, o cosas por el estilo. No sirvo mucho para pelear, ya que me especializo en magia curativa.
Así que ella es curandera. Eso es bueno, no hay muchos por aquí. La mayoría de miembros del gremio son guerreros, o magos.
— No debes preocuparte por eso, los curanderos son de gran ayuda para los equipos. Además, siempre que quieras hacer misiones grupales, te ayudaré. Siempre y cuando esté libre, claro.
Ella sonrió.
— Gracias por eso.
Yasu continuó viendo el tablero de misiones por algunos minutos, pero antes de que pudiera escoger alguno, la recepcionista, Lucrecia-san se acercó a mí.
— Aza-san, tenemos un problema.
Dijo la recepcionista, con una mirada llena de preocupación.
— ¿Qué ocurre, Lucrecia-san?
Ella me entregó un papel.
— Una misión de emergencia.
Miré lo que ella me entregó, y claramente era una misión de emergencia.
Muchas veces ocurre esto, cuando hay problemas graves en algún sitio, las personas pueden solicitar ayuda al reino, o a los gremios de aventureros, y catalogar estas misiones como “De emergencia”. Usualmente son de rango alto, mayormente de oro para arriba.
La misión de ahora mismo, era rango oro.
— Supongo que me has dado esto para que sea yo el que vaya, ¿Verdad?
Lucrecia-san asintió.
— Así es. De los aventureros que están aquí presentes, eres el más confiable, Aza-san. Nos harías un gran favor si tú, y tus compañeros son los que acepten esta misión, por favor.
Dijo eso, e hizo una pequeña reverencia.
Bueno… no tengo razón para negarme, además es mi deber como aventurero y caballero el aceptar este tipo de misiones.
— De acuerdo.
Respondí, con una sonrisa en mi rostro.
La recepcionista con orejas de conejo sonrió.
— Muchas gracias, Aza-san. Haré el papeleo notificando que tú, y tus compañeros se harán cargo.
Sentí cómo alguien me jalaba del brazo.
— Aza, Aza. ¿Puedo ir contigo?
Preguntó Yasu.
Sé que dije que haría una misión con ella… pero me refería a una normal… esta es una de emergencia… y todas las de esta clase, son muy peligrosas…
— Yasu, deberías quedarte aquí. Al volver, prometo que te ayudaré en la misión que quieras.
Ella hizo un puchero con su boca, y sus ojos se llenaron de lágrimas.
— No seas así… quiero ir contigo. ¡Prometo ser de ayuda! Y si se lastiman, ¡Yo los curaré!
Bueno… ella tiene un punto. Pero aún así es muy peligroso…
— Aza-san, ella tiene razón. Ninguno de ustedes tiene habilidades curativas, ¿Verdad? En una situación como esta, lo normal sería llevar contigo a uno o dos curanderos.
Dijo Lucrecia-san.
Las dos tienen razón… además…
Yasu continuaba haciendo el puchero.
Suspiré.
— De acuerdo, pero prométeme que te quedarás siempre en la retaguardia.
En su rostro se dibujó una enorme sonrisa, y me abrazó.
— ¡Lo prometo! ¡Gracias, Aza!
Está demasiado cerca otra vez…
Al ver de reojo a Lucrecia-san, noté claramente cómo ella le hizo una seña con pulgar hacia arriba a Yasu.
¿Acaso lo hizo con la intención de que esto sucediera?... Sí que son buenas amigas…
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