Inmediatamente luego de explicarle a la señorita, que hemos venido a ayudar. Nos pidió que entremos en su posada sin demora alguna.
Todos nos sorprendimos ante lo que dijo, pero asentimos, y la seguimos hacia dentro del establecimiento.
Una vez dentro, lo primero que hizo la chica, fue atrancar hasta más no poder la puerta.
Al terminar, ella volteó hacia nosotros.
— Lamento esto. Pero no podemos dejar las puertas sin protección hoy en día…
Comentó ella, mientras hacía una reverencia en forma de disculpa.
— No se disculpe, señorita. Hemos notado que cada una de las casas que aún se encuentran bien, han sido convertida en mini fortalezas.
Ella asintió a lo que dije.
— Así es… Por desgracia, es lo único que podemos hacer… Ah, lo siento. Aún no me he presentado. Qué descortés de mi parte. Mi nombre es Rose, soy la posadera de este lugar… aunque bueno, mi establecimiento no está en funcionamiento hace demasiado tiempo ya.
Dijo ella, mientras su mirada reflejaba tristeza.
No me gusta para nada el ver tan triste a una chica…
— Mucho gusto, Rose-san. Mi nombre es Azazel, estos son mis compañeros del gremio. Como he dicho antes, vinimos debido a la solicitud de una misión de emergencia. ¿Podría darnos los detalles?
Ella asintió a lo que dije.
— Verán… Nuestra aldea comparte territorio junto con una tribu indígena local. Nunca hemos tenido problemas, es más, éramos muy unidos. A tal punto de que ellos nos protegían de bestias salvajes, o de bandidos. Y nosotros intercambiábamos alimentos con ellos. Digamos que vivíamos en armonía ambas comunidades.
Pero todo cambió de repente un día. Cuando de la nada, el supuesto nuevo jefe de la aldea, decidió cambiar todo. Según él, nosotros pasamos de ser vecinos, a míseros esclavos… pero no simples esclavos… sino esclavos sexuales. Ellos simplemente venían, tomaban a toda mujer que querían, y se la llevaban a su territorio, para ya no volver a verla jamás…
Al oír eso, todos nos sorprendemos.
Las chicas se ven furiosas, y aterradas.
Tenma, presionando su puño con furia, habló.
— ¿Por qué no se defendieron? ¿Dónde están los hombres de esta aldea? ¿Por qué no hicieron nada?
Rose-san, limpió las lágrimas de sus ojos, y volvió a hablar.
— Claro que nos defendimos… Todos los hombres fueron muy valientes al defendernos ni bien se quisieron llevar a la primera chica… Pero, el precio por revelarnos ante la tribu fue muy grande… estoy segura de que ustedes habrán visto todos esos montículos de tierra al llegar aquí, ¿Verdad?
La reacción de todos nosotros fue la misma. Estupefacción.
Nadie sabía qué responder.
Hasta que Ed decidió hacerlo.
— Señorita, no me diga que todas esas tumbas…
La posadera asintió a lo que dijo Ed.
— Así es, allí enterramos a todos los hombres de la aldea. Todos los que levantaron sus armas en contra de la tribu…
Maldición… llegamos demasiado tarde…
Nuevamente, nadie supo qué responder…
Las chicas seguían en silencio, abrazadas la una a la otra.
Ed y Tenma, presionando sus puños, contenían toda su furia.
Y yo… pues…
Una furia inmensa me invade. Pero no puedo descontrolarme.
Debo mantenerme calmado y sereno. De lo contrario, estoy seguro de que iré de manera estúpida y sin un plan, a encargarme de todos esos sujetos.
Dirijo mi mirada hacia Rose-san.
— Rose-san. ¿Y las demás personas de la aldea?
Ella me mira, y responde.
— En un principio, todos nos refugiamos en grupos. Creímos que así estaríamos más protegidos… Pero eso fue una mala jugada. Ya que, cada tantos días, o semanas, esos sujetos vienen, atacan una casa, y se llevan a todas las mujeres que allí se encuentren. Mujeres, niñas, y ancianas por igual. A los hombres los matan en el acto.
Por lo tanto, decidimos que es mejor que cada uno se cuide por su cuenta… y así, cada vez que vengan a raptarnos, se lleven solo a una persona, en vez de a varias…
Así que, como pudieron ver al llegar. Las casas que aún están intactas, tienen personas dentro…
Ya veo, así que es por esa razón que ella se encuentra sola en esta posada… Y el por qué de que cada casa esté asegurada a más no poder.
— ¿Por qué no huyeron?
Preguntó Hana.
Rose-san, negó con la cabeza.
— Claro que lo intentamos, sí. Pero hay vigías. Cada vez que alguno de nosotros intenta huir, es disparado con flechas, asesinado, o raptado.
Lágrimas salen de sus ojos.
— Esos tipos… Mataron a mis padres, mis hermanos… amigos. Raptaron a mis amigas… a niños que vi crecer desde que nacieron, y cuidé desde bebés… Estoy harta de todo esto… por eso, me armé de valor, y a escondidas, envié un mensaje a la ciudad. Tuve demasiada suerte, ya que vi como un pájaro mensajero pasaba por aquí. Así que lo tenté con comida, y le pedí que enviara el mensaje. Y al parecer me entendió… ya que ustedes están aquí. Qué ave tan lista.
Ella hace una risa irónica.
Bueno, los pájaros mensajeros son demasiado listos.
Incluso algunos son bestias mágicas que entienden el lenguaje de las personas.
Así que no es nada raro de que haya llevado el mensaje con éxito.
En fin.
Esto es más complejo de lo que creí.
No estoy seguro de si podremos solo nosotros.
De ser posible, me gustaría pedir refuerzos. Pero se tarda dos días como mínimo en llegar aquí.
No hay tiempo que perder.
Si tan solo se tratara de resistir un ataque enemigo, creo que podríamos aguantar.
Pero hay rehenes.
Niños incluidos.
No puedo darme el lujo de perder el tiempo aquí. Por lo tanto, tenemos que arreglárnosla nosotros mismos.
Aunque…
Miro a Yasu.
Esto es mucho para ella. Apenas es una novata como aventurera. No quisiera ponerla en un riesgo innecesario.
Sus piernas están temblando del miedo por lo que dijo Rose-san. Y parece que está a punto de llorar.
Definitivamente no quiero hacerla pasar por esto.
Debo formular el plan correcto, el cual minimice el riesgo de alguna baja innecesaria.
Miré a la posadera.
— Rose-san. ¿Puede contarme más sobre los ataques que sufren? ¿Tienes algún dato que pueda servirnos para poder formular un contraataque, o aún mejor, algún tipo de información que nos sirva para infiltrarnos en su base?
Ella me mira, y piensa por un momento, pero luego habla.
— Sobre los ataques, en su mayoría, son en la noche. En los momentos en los cuales nos relajamos un poco, o bajamos la guardia debido al cansancio. Por otro lado, sobre lo de la infiltración, como dije antes, hay vigías en todos lados. En los bosques vecinos, y cerca de su guarida aún más. Es prácticamente imposible entrar sin ser visto. Con respecto al contraataque… Siempre que quisimos defendernos, fue inútil debido a la gran cantidad de soldados que traen consigo… además de tres generales… Se nos fue completamente imposible el hacerles el más mínimo rasguño…
Demonios, esto se complica cada vez más…
Esto definitivamente es demasiado para alguien como Yasu.
— De acuerdo. Escuchen todos ustedes.
Al oírme, todos mis compañeros me observan.
— Sé que piensan lo mismo que yo. Con el número de personas actual, esto es prácticamente un suicidio. No podemos sentarnos a esperar refuerzos del castillo, o del gremio. Hay rehenes en juego. Tampoco podemos contar con refuerzos de esta aldea, ya oyeron a Rose-san, sólo quedan ancianas, y niños aquí. No pienso hacer que ninguno de ellos tome siquiera un arma. Es mucho pedir, pero pienso infiltrarme en la guarida enemiga, y rescatar a toda persona viva que allí se encuentre. Y quiero que ustedes me acompañen, sin su ayuda, no podré lograr esta meta.
Mis tres compañeros asienten.
— Claro que te ayudaré, Aza. ¿Por qué crees que vine hasta aquí?
Respondió Hana, mientras sonreía. Aunque de manera irónica.
Se siente claramente que está llena de miedo, y no la culpo.
— Si yo, el gran Tenma, no ayudo, sé que ninguno de ustedes la contará. Jaja.
Comentó mi soberbio amigo.
— Puedes contar conmigo siempre, Aza. Con estos brazos, aplastaré a todos tus enemigos.
Dijo Ed, mientras mostraba sus enormes músculos.
Sonreí a mis amigos.
— Muchas gracias, chicos.
Volteé, y dirigí mi mirada hacia Yasu.
— Aza… yo…
Antes de que ella continuara lo que iba a decir, hablé.
— Tú te quedarás aquí, con Rose-san. No te arriesgaré en esta misión. Es demasiado peligroso.
Al parecer, eso no era lo que ella esperaba oír de mí. Ya que se enfureció.
— ¡Aza, quiero ser de ayuda! ¡No vine aquí sólo para ser un estorbo, o una damisela en apuros! ¡Quiero ayudar! Por favor…
Al decir eso, ella baja la mirada, sus ojos se tornan llorosos, y luce muy frágil…
No dije eso para que me odie… sólo quiero protegerla.
Pese a que nos conocemos hace muy poco, siento que ella ya es alguien irremplazable para mí, y que me volvería loco si algo le ocurriese.
Por esa razón no quiero exponerla a tal peligro.
Suspiré.
— Yasu, no es que lo diga de malo. Sólo quiero protegerte. Es por tu bien.
Ella rápidamente, niega con la cabeza.
— ¡Aza! Soy una curandera, ¿Recuerdas? Si ustedes mismos estarán expuestos a un gran riesgo, es extremadamente probable el que me necesiten para evitar una tragedia. Tú mismo lo dijiste, no quieres bajas. Por lo tanto, me necesitan. Además, puedo cuidarme sola.
Bueno… no puedo hallar alguna excusa para lo que ella dijo.
— Aza, aunque sé que tienes razón al decir que es mucho para ella. Yasu también tiene razón en lo que dice. No te preocupes, nosotros también nos encargaremos de protegerla.
Comentó Hana, con una sonrisa en el rostro.
Al ver a mis otros dos amigos, ellos asintieron.
Suspiré.
Supongo que es mayoría de voto.
— Está bien, pero no te separarás de mi lado en ningún momento, Yasu. No a menos que yo te lo diga.
Ella sonrío, me abrazó, y luego habló.
— ¡Sí! ¡Muchas gracias!
Bueno… Podría acostumbrarme a recibir este tipo de abrazos.
Ah, soy un idiota…
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